Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

“Quien a vosotros oye, a mí me oye”

Hernan Cortes - Méjico 1915La colección de textos pontificios, que aparece en la III y IV partes de este libro, son el centro y como el meollo de nuestro trabajo. En la primera parte no hemos hecho más que recordar unas cuantas ideas útiles sobre el valor del criterio romano en materias históricas. En la segunda, hemos presentado -en toda su crudeza original- el esqueleto de la Leyenda Negra, poniendo así de relieve la oportunidad de una revalorización de la historia de América, por medio del criterio de autoridad. Las partes III y IV nos ofrecen, en toda su amplitud, ese criterio. Se prueba en ellas el carácter predominantemente apostólico de la colonización española, con el argumento más elevado que se pueda ofrecer a un católico: el argumento de, la autoridad de la Iglesia.

No ignoramos que existen otros métodos eficaces para abogar por un hecho histórico, fuera de la prueba de autoridad. Es más: un error en Historia normalmente ha de ser combatido con armas sacadas también de la Historia. Los archivos y bibliotecas, los monumentos y escritos contemporáneos son, en este sentido, el arnés común para la defensa de la verdad de los hechos humanos.

El archivo de Indias; en nuestro caso, y todas las bibliotecas de España, de América y del mundo pueden suministrar con abundancia los datos necesarios para reconstruir la verdad de la conquista de América. Si la Leyenda Negra ha podido mantenerse en pie durante tres siglos ha sido debido, en parte, al lento avance de la investigación histórica sobre la América de ese período, y al consiguiente desconocimiento entre los católicos de lo que fue la colonización indiana. Circunstancias explotadas groseramente por la Leyenda Negra, bajo el patrocinio de la masonería, que odia a muerte a la Iglesia y a los frutos germinados al calor de su espíritu.

Hoy día, sin embargo, “cada legajo que se desempolva en el grandioso Archivo de Indias es una nueva apología de la labor: cristianamente civilizadora de España en América”. Y se cuentan ya por docenas las historias modernas de la conquista y colonización de América, que, utilizando métodos rigurosamente científicos y objetivos, han desentrañado desapasionadamente del fondo de los archivos la verdadera realidad de los hechos.

Para corroborar plenamente estos estudios históricos, será de gran utilidad acudir al argumento más convincente y seguro para un católico: la autoridad de los Papas. La palabra pontificia, a la verdad, aunque no haya sido pronunciada ex cathedra, constituye siempre una preciosa norma directiva para el pensamiento católico. Los buenos hijos de la Iglesia escuchan la voz del Supremo Pastor de las almas, en su magisterio ordinario, con sumisión y acatamiento. Pues saben que, conformando su juicio al de los Soberanos Pontífices, cumplen aquella general sentencia de Jesucristo: “Quien a vosotros oye, a Mí me oye” (San Lucas 10, 16).

Y el Papa Pío XII nos ha dejado, a este propósito, una doctrina concreta y luminosa: “Una vez que se ha dejado oír la voz del Magisterio de la Iglesia, tanto ordinario como extraordinario, recogedla, esta voz, con un oído atento y un espíritu dócil… Y no solamente os es necesario dar vuestra adhesión, exacta y pronta, a las reglas y decretos del Magisterio sagrado que se refieren a las verdades divinamente reveladas -porque la Iglesia Católica, y ella sola, Esposa de Cristo, es la guardiana fiel de este depósito sagrado y su intérprete infalible-, sino que también se han de recibir con humilde sumisión de espíritu las enseñanzas que dicen relación a las cuestiones del orden natural y humano”