Franco - GeneralAlbergo la convicción de que nuestras juventudes sabrán seguir aportando su entusiasmo a la permanente tarea de engrandecimiento de España. La juventud debe tener conciencia de que los mimetismos extranjerizantes, el afán de copia que sustituía a una verdadera creación, fueron causa fundamental de nuestra pasada decadencia. Cada país es obra de su propio genio creador, y lo verdaderamente audaz, propio de la generosidad de los jóvenes, es el esfuerzo de ser fieles a ellos mismos y crear desde esa fidelidad, con propia raíz, el edificio de nuestro engrandecimiento nacional.

Es a esas juventudes, que hoy tienen presencia mayoritaria en el censo nacional, a quienes corresponde recoger la antorcha del relevo. Lo cual implica una grave responsabilidad al mismo tiempo que una honrosa e irrenunciable carga. Es indudable, por otra parte, que nuestros esfuerzos por conseguir una Patria mejor van encaminados fundamentalmente a esas nuevas generaciones que han tenido la fortuna de nacer en la paz tan duramente conseguida por sus mayores. No en vano la juventud constituye la gran esperanza de nuestro futuro nacional, y de ahí que su generosidad natural, su lógica vehemencia, se vean acechadas por quienes pretenden torcer los designios de continuidad en progresiva perfección que exige nuestro pueblo.

Hemos proclamado incesantemente que el ideal de la paz constituye el principio rector de nuestra política. También en el orden internacional hemos ofrecido nuestro esfuerzo y sacrificio por hacerla realidad. Nuestra política exterior ha estado siempre orientada a lograr la plena incorporación de España a la comunidad internacional de naciones, en estrechar cada vez más nuestras relaciones con todos los pueblos, en el servicio de la paz y la justicia.

Señores procuradores: estoy seguro de que seréis fieles custodios de la unidad de la Patria, continuadores del esfuerzo de vuestros predecesores, que tanta gratitud nos merecen, y sé que desde vuestra responsabilidad haréis honor a la confianza que en vosotros acaba de depositar la Nación a través de sus auténticos y legítimos cauces representativos. En la confianza de que trabajaréis con fe, con tesón, al servicio del engrandecimiento espiritual y material de España, y con la seguridad de vuestra leal colaboración, declaro inaugurada la X Legislatura de las Cortes Españolas. ¡Arriba España!