Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas del descubrimiento (1492-1525)  (2)

Alejandro VI

Reyes CatólicosSin embargo, el documento alejandrino añade algo más a lo dicho: el Sumo Pontífice da testimonio de las ansias misionales de los reyes españoles. Este juicio romano es el que debemos retener para nuestra tesis. ¿No es, acaso, la pureza de intención de los monarcas, al emprender la arriesgada empresa de Indias, lo primero que negó la Leyenda Negra?

Examínese íntegra -dada su capital importancia para toda la obra misional posterior- la interesante Bula (134).

(134) En este documento -así como en los que en adelante se citan, a no ser que se advierta lo contrario- con los subrayados nos permitimos señalar al lector los párrafos que más atañen a lo que pretendemos probar.

Alejandro Obispo, siervo de los siervos de Dios: a los ilustres carísimo hijo en Cristo Fernando Rey y carísima hija en Cristo Isabel Reina de Castilla, León, Aragón y Granada, salud y apostólica bendición.

Entre todas las obras agradables a la divina Majestad y deseables a nuestro corazón ésta es ciertamente la principal: que la fe católica y la Religión cristiana sean exaltada sobre todo, en nuestros tiempos, y por donde quiera se amplíen y dilaten, y se procure la salvación de las almas, y las naciones bárbaras sean sometidas y reducidas a la fe cristiana. De donde, habiendo sido llamados por favor de la Divina clemencia a esta sagrada Cátedra de Pedro, aunque inmerecidamente; reconociéndoos como verdaderos Reyes y Príncipes Católicos, según sabemos que siempre lo fuisteis y lo demuestran vuestros preclaros hechos, conocidísimos ya en casi todo el orbe, y que no solamente lo deseáis, sino que lo practicáis con todo empeño, reflexión y diligencia, sin perdonar ningún trabajo, ningún peligro, ningún gasto, hasta verter la propia sangre; y que a esto ha ya tiempo que habéis dedicado todo vuestro ánimo y todos los cuidados, como lo prueba la Reconquista del reino de Granada, de la tiranía de los sarracenos, realizada por vosotros en estos días con tanta gloria del nombre de Dios; así digna y motivadamente juzgamos que os debemos conceder espontánea y favorablemente aquellas cosas por las cuales podáis proseguir semejante propósito, santo y laudable y acepto al Dios inmortal, con ánimo cada día más fervoroso, para honor del mismo Dios y propagación del Imperio Cristiano.