Monseñor José Guerra Campos
Separata del “Boletín oficial del Obispado de Cuenca”
Núm. 5, mayo 1986

 IX La crisis interna de la Iglesia después de 1965

Guerra Campos3Las mutaciones políticas en la Iglesia española, que son lo más resonante en ciertos dirigentes y grupos, coinciden con una crisis interna. Hay mutua interacción.

No insistiremos en lo que es común a la Iglesia universal. Respecto al Concilio Vaticano II, se viene repitiendo que su aplicación tuvo dificultad mayor en España, porque no estaba preparada. Esto contradice a la evidencia histórica. Los Obispos españoles no se diferenciaban de la media del episcopado mundial. Las cuestiones relativas a la sociedad civil se han dado en muchos países, en cada uno, según la variedad de las situaciones (aquí, un Estado confesional; allá, la presión comunista y masónica o el problema judío…) y en gran medida pertenecen al capítulo de la agitación paraconciliar. Las resistencias graves al Concilio (por ejemplo, en Libertad religiosa, Liturgia) apenas han existido aquí, siguen vivaces en los países supuestamente preparados, como Francia.

La Iglesia anterior al Concilio estaba en uno de los momentos más altos de unidad y tensión evangelizadora: casi todas las aportaciones del Concilio son formulación autorizada de movimientos que venían de antes. La intención del Concilio era movilizar en actitud misionera todas las energías de la Iglesia para que esta iluminase, de manera adaptada a las condiciones presentes, un mundo que se está unificando. El diagnóstico del Papa Pablo VI fue que, inesperadamente, muchas fuerzas, en vez de fluir por los cauces del Concilio, se detuvieron, dudaron de su misión, se diluyeron en el mundo, descuidando lo específico de la fe cristiana, y la Iglesia se llenó de confusión y divisiones.