Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

San Ignacio de Loyola - Dos banderas

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (33)

La esencia de la Hispanidad es el catolicismo romano (8)

Y algunos años más tarde, Pío XII recalcaba aún la huella de la Iglesia en el país de las Reducciones:

“Vuestra Excelencia, echando una mirada retrospectiva, a un tiempo inteligente y agradecida, al desarrollo histórico de su gran país, ha traído a la memoria, con términos elogiosos, la grandiosa gesta que los hijos del Patriarca de Loyola, impulsados por su ideal de la mayor gloria de Dios, llevaron a cabo en tierras paraguayas para admiración del mundo y honor de la Iglesia. Lo que el beso tibió del sol de la caridad hizo despuntar, crecer frondoso y por fin florecer, se encargaría de agostar luego el soplo frío del furor, de la avidez y de la codicia, de los atropellos y persecuciones aun contra los generosos sembradores del bien. Pero el fuego que un día vivificó, iluminó y dio calor a tan vastas regiones no llegó jamás a apagarse entre el rescoldo, y espera solamente el soplo providencial que, con la ayuda de Dios y la colaboración de los buenos, ha de levantar de nuevo la llama”.

(Discurso a D. Juan O’Leary, primer embajador del Paraguay ante la Santa Sede, 10-III-1953).

A Guatemala vuelve a indicar complacido el Papa que los hombres que más han enaltecido al histórico país centroamericano, llevaban todos un nombre católico.

“Nuestro pensamiento… evocaba “al hablaros) las figuras señeras de vuestra vida nacional: un Obispo Marroquín, a quien os reconocéis deudores de todo lo bueno que tenéis; un Hermano Pedro de Betancourt, en cuyo espíritu inflamado de celo y de caridad habrían de fundirse las mejores esencias del alma nacional; rememoraba que, si en vuestra letras ha sonado un nombre eminente, si ha habido entre vosotros un hombre de ciencia singular, han sido siempre, casi sin excepción, hombres y nombres que la Iglesia de Jesucristo reivindica también como suyos”.

(Radiomensaje al I Congreso Eucarístico Nacional de Guatemala, 22-IV-1951).

 ¿Y Chile? El dinámico pueblo del Pacífico no puede escribir ni una sola página de su historia en que no tenga que consignar la labor y el esfuerzo de la Iglesia de Jesucristo en la formación de la nación.

“… aquellos íntimos vínculos que unen al fiel pueblo chileno con esta Santa Sede, vínculos que es imposible separar de su historia, desde los días en que aquel remoto “confín del mundo” se abría a los ojos atónitos de los atrevidos descubridores, hasta los tiempos más recientes, cuando, por ejemplo, el nombre de Chile recorría en triunfo la vieja Europa en el verbo facundo de un gran chileno y Un gran Prelado; don Ramón Ángel Jara, Obispo de La Serena” (345).

(345) Mons. R. A. Jara, (1852-1917), uno de los fundadores de la Universidad Católica de Santiago de Chile, fue después obispo de Ancud y de La Serena, Visitó Europa varias veces. En 1899 asistió al Concilio Latino Americano en Roma, y después recorrió España. En 1908 volvió a nuestro país trayendo las 19 banderas de naciones americanas, para colocarlas en el templo de Nuestra Señora del Pilar, madre de la fe de Hispanoamérica.

(Discurso al nuevo embajador extraordinario y plenipotenciario de Chile ante la Santa Sede, Dr. Raúl Irarrazábal, 29-XII-1951).