Las enfermedades en las naciones duran siglos y las convalecencias decenios. Prudencia, comprensión y amor necesarios en el Gobierno de España

Pudiera aducirse que esas bases sociológicas, de cuya creación nos enorgullecemos, podrían haber sido establecidas por un régimen político diferente. Semejante afirmación sería fácilmente refutable. Bien claro está que los sistemas liberales que rigieron los destinos de España desde principios del siglo XIX hasta 1936 no lograron establecerlas.

Las enfermedades en las naciones duran siglos y las convalecencias decenios. España, que con altibajos, ha permanecido tres siglos entre la vida y la muerte, empieza ahora a abandonar el lecho y dar cortos paseos por el jardín de la clínica. Los que quisieran enviadla ya al gimnasio a dar volteretas, o no saben lo que se dicen o lo saben demasiado bien.

Mucha es la tarea que nos espera; nuestro país necesitará por largos años ser gobernado con infinita prudencia y también con comprensión y amor. Hay que evitar, sobre todo, los lujos de la alegre e impulsiva improvisación, de la libertad de volverse contra sí mismo, de disgregarse en bandos enemigos. Su salud, apenas renaciente, no resistiría por mucho tiempo esa prueba.

(17-XI-1967: Inauguración de la IX Legislatura de las Cortes Españolas.—Madrid.)