Rosa
«Cuando ya no pueda celebrar la Santa Misa, el Corazón de Jesús podrá retirarme de este mundo, pues ya no tendré apego por la tierra»
Beato José María Cassant
«La mano en el trabajo y el corazón en Dios»
Beata María Teresa Scherer
“Sea cual fuere el don que hagamos a alguien, el primer regalo que le hacemos es el de amarle”
Santo Tomás de Aquino
“No nos lamentemos, esforcémonos por someternos mansamente a la voluntad de Dios cuando lleguen “esas pequeñas molestias diarias”
San Francisco de Sales
“Es inútil que te afanes en tantas obras exteriores si te falta Amor. —Es como coser con una aguja sin hilo”
San Josemaría Escrivá
“Da gracias a Dios por adelantado»
Beato Solanus Casey
«La cortesía es hermana de la caridad, que apaga el odio y fomenta el amor»La cortesía es hermana de la caridad, que apaga el odio y fomenta el amor»
San Francisco de Asís
Para los católicos, la doctrina del Concilio Vaticano II acerca del culto que debemos tributar a la Santísima Virgen María, no es ninguna novedad, sino la confirmación de lo que enseñó y practicó siempre la Iglesia Católica desde hace más de mil quinientos años. Dice el Vaticano: «María, ensalzada por gracia de Dios, después de su Hijo, por encima de todos los ángeles y de todos los hombres, por ser Madre Santísima de Dios, que tomó parte en los misterios de Cristo, es justamente honrada por la Iglesia con un culto especial. Y ciertamente, desde los tiempos más antiguos, la Virgen es venerada con el título de «Madre de Dios», a cuyo amparo los fieles suplicantes se acogen en todos sus peligros y necesidades».
Después de 1975 los observadores con sentido de Iglesia, y en primer término los mismos apologistas de la nueva «línea», reiteran los diagnósticos oscuros sobre la situación, aunque intercalen, a veces, declaraciones voluntaristas de optimismo (7). Todos coinciden en destacar un fenómeno de parálisis, por división o por adormecimiento. Todavía en 1984 el Obispo Secretario del Episcopado diagnostica en el catolicismo español una enfermedad con estas cuatro notas: a) atonía religiosa, en la vivencia y en la participación activa; b) fragmentación, hasta hacer imposible la colaboración y la convivencia, menospreciando las causas eclesiales de la unidad; c) inoperancia apostólica, por desprecio de la verdadera evangelización, por vaciamiento de la Fe, rebajada a mero compromiso político de izquierdas; d) falta de síntesis entre la espiritualidad y la acción temporal cristiana (8). Y en 1985 acaba de
«¡Todo a Jesús por María. Todo a María para Jesús!»