Mensaje de fin de año al pueblo español
El 30 de diciembre de 1973
Españoles:
Sean mis primeras palabras de reconocimiento público a la serenidad, la adhesión y la confianza que el pueblo español me ha ofrecido con motivo del criminal atentado de que fue víctima nuestro Presidente de Gobierno y funcionarios que le acompañaban, caídos en el cumplimiento de su deber. El dolor de todos es el dolor de España.
No quiero daros expresión más elocuente de su gran figura que los treinta y dos años de directa y generosa colaboración, durante los cuales demostró su permanente fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional y su lealtad acrisolada hacia la Patria. Su muerte ha sido, como fue toda su vida y su obra, un acto más de entrega a España.
Esta cobarde agresión, nacida de un espíritu insolidario y anárquico, no ha sido dirigida solamente contra el Sigue leyendo
Después de 1975 los informes oficiales de la Conferencia registran un hecho notorio. Varias ramas de Acción Católica desaparecen prácticamente en la mayoría de las diócesis. Con algunos dirigentes y militantes de los movimientos aludidos se nutren las «Comunidades Populares», que se instalan tranquilamente en la independencia respecto a la Doctrina y a la Disciplina jerárquicas. En algunos movimientos que siguen vinculados a la Jerarquía, ésta comprueba, en 1978, que en más de la mitad de sus pocos miembros abundaban: desviaciones de la Fe en Cristo y la Iglesia, criterios marxistas para la sociedad y para la reforma de la misma Iglesia, ascripción a la «Iglesia» extra jerárquica y a «cristianos por el socialismo», rechazo (en uno) de la
«Entre vosotros, la caridad, la caridad, la caridad; y fuera el celo por la salvación de las almas».
Al dirigiros mi saludo en la intimidad de vuestros hogares, en estas fechas tan propicias a la cordialidad y a la alegría familiar, quiero expresar a todos los hombres y mujeres de España, y en especial a los jóvenes, que constituyen la esperanza de nuestro futuro, mis mejores deseos de felicidad en el año nuevo que llama a nuestras puertas.
A finales del siglo XII algunos cruzados europeos que habían ido a Tierra Santa para conquistar aquellos Sagrados Lugares que estaban en manos de los sarracenos, se quedaron en el Monte Carmelo, bañado por el Mar Mediterráneo y formando parte de Galilea. Allí trataron de imitar al Profeta San Elías a quien siempre los carmelitas han tenido como Padre espiritual y eligieron como «Señora del Lugar», con toda la carga de patronazgo y dedicación que esto significaba en la Edad Media, a la Santísima Virgen María.