Obra Cultural

Así nació el Carmelo

Virgen del CarmenA finales del siglo XII algunos cruzados europeos que habían ido a Tierra Santa para conquistar aquellos Sagrados Lugares que estaban en manos de los sarracenos, se quedaron en el Monte Carmelo, bañado por el Mar Mediterráneo y formando parte de Galilea. Allí trataron de imitar al Profeta San Elías a quien siempre los carmelitas han tenido como Padre espiritual y eligieron como «Señora del Lugar», con toda la carga de patronazgo y dedicación que esto significaba en la Edad Media, a la Santísima Virgen María.

Los documentos primeros de la Orden hablan de una capilla dedicada a Ella y de que «nacieron para darle culto e imitar sus virtudes». El pueblo captó muy pronto este patronazgo y les llamó «Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo». Este aún hoy es el título oficial de la Orden, aunque por razón de brevedad y teniendo en cuenta el lugar donde nacieron -el Monte Carmelo- el pueblo les llama «carmelitas». Es la única de las grandes Ordenes nacida en Oriente. El Papa Honorio III en 1226 aprobó su Regla que han observado durante más de siete siglos y medio muchos santos y santas. A finales del siglo XIII se vieron obligados a emigrar a Europa y se extendieron por diversas partes, ya que la Iglesia les inscribió entre las Ordenes Mendicantes: franciscanos, dominicos y agustinos, que acababan de nacer en estos años.

El Carmelo fue creciendo…

En uno de los famosos éxtasis de Santa María Magdalena de Pazzi (+ 1607), cé­lebre mística carmelita, vio a su Orden como un frondoso y grande árbol lleno de copiosos frutos… Al llegar a Europa pronto se entregaron al apostolado, al estudio y a su vida de oración, tratando de vivir al unísono con los problemas de la Iglesia.

A pesar de ello la Orden del Carmen nunca se olvidó de sus orígenes que fueron puramente contemplativos y eremíticos y siempre hubo en la Orden pujos de vuelta al ideal primitivo. Y una cosa tuvo siempre presente y en esto jamás necesitó de reformas de ninguna clase: su dedicación a vivir y extender el culto y devoción a la Santísima Virgen María, que formaba parte esencial de su misma existencia.

El Santo Escapulario

Al venir a Europa los carmelitas encontraron muchas dificultades, no de parte del pueblo que los quiso muchísimo desde el principio, sino por parte del clero diocesano y religiosos. Por ello el Superior General de la Orden, San Simón Stock, acudía con angustia y fervor a la Santísima Virgen con plegarias compuestas por su musa mariana. Lo hacía con confianza y fervor de hijo. En una ocasión le decía:

«Flor del Carmelo, viña florida, esplendor del cielo Virgen fecunda y singular. ¡Oh Madre tierna! castísima, a los carmelitas proteja tu nombre, estrella del mar.»

La Santísima Virgen no hizo el sordo a sus plegarias. Se le apareció y mostrándole el Santo Escapulario de su Orden del Carmen le hizo esta promesa: «Este será el privilegio para ti y todos los carmelitas; quien muriere con él no padecerá el fuego del infierno, es decir, el que con él muriere se salvará».

Esta gran promesa la ha aprobado la Iglesia en múltiples ocasiones. El Papa Pío XII, en su Carta Magna sobre el Santo Escapulario dijo sobre este particular:

«Es ciertamente el santo Escapulario como una librea mariana, prenda y señal de protección de la Madre de Dios. Mas no piensen los que visten esta librea que podrán conseguir la salvación eterna abandonándose a la pereza y a la desidia espiritual…» (11-2-1950).

El Escapulario del Carmen es el signo externo de devoción mariana, que consiste en la consagración a la Santísima Virgen María por la inscripción en la Orden carmelitana, en la esperanza de su protección maternal.

La devoción del Escapulario

Hoy, por desgracia, han decaído muchas y grandes devociones que hicieron un gran bien en el pasado. Quizá en parte -además de la desacralización y paganización que lo invade todo- tengamos la culpa un poco todos. No siempre hemos sabido presentar el Escapulario en su verdadero sentido teológico y dentro del papel de primer orden que ocupa la Virgen María como Madre de la Iglesia y Mediadora de todas las gracias. El Escapulario tiene un valor propio y específico entre los demás signos o formas de devoción mariana, ya que aquí no se trata de una devoción meramente exterior o distinta, sino interna y constitutiva; y no como un acto de simple devoción, sino como un estado de perfecta devoción y consagración a María.

El Escapulario del Carmen es un «sacramental» con todas las gracias que éste significa (Vat. II, SC, 60). El Papa Pío XII en la Carta Neminem profecto latet, ya citada arriba, decía: «Entre las devociones que los cristianos dedican a honrar a María debe colocarse, ante todo, la devoción del Escapulario de los carmelitas». Y en esta misma Carta recomendaba el Papa «a todos los que forman parte, por un especial vínculo de amor como una misma familia con los carmelitas» que veamos en el Escapulario como un «MEMORIAL DE TODAS LAS VIRTUDES DE MA­RIA». «Reconozcan -dice el papa- en este memorial de la Virgen un espejo de humildad y castidad.

  • Vean, en la forma sencilla de su hechura, un compendio de modestia y candor.
  • Vean, sobre todo, en esta librea que visten día y noche, significada, con simbolismo elocuente, la oración con la cual invocan el auxilio divino.
  • Reconozcan, por fin, en ella, su consagración al sacratísimo Corazón de la Virgen, por Nos recientemente recomendada» (11-2-1950).

Protección maternal del Escapulario

No hay duda que su gran extensión entre el pueblo cristiano hasta el extremo de que el cardenal Gomá lo llamara «universal como la misma Iglesia» se debe a muchos motivos. No es el último su profundo y rico simbolismo mariano, sus grandes privilegios y la particular asistencia que siempre ha demostrado la Santísima Virgen hacia aquellos que vistiéndolo la han honrado con devoción. He aquí algunas razones de su valor espiritual:

  • En primer lugar por su rico simbolismo: Ser hijo de María, ver en él todas las virtudes de María, ser símbolo de nuestra consagración filial a la Madre Amable.
  • Por morir en gracia de Dios quien lo vista piadosamente.
  • Porque saldrá del Purgatorio cuanto antes quien muera piadosamente con él, según la Promesa del Privilegio Sabatino.
  • Por llegar su protección a todos los momentos de la vida, a la hora de la muerte y aún más allá. Estas son sus credenciales: «En la vida protejo, en la muerte ayudo y después de la muerte, salvo».
  • Por los innumerables prodigios que ha obrado por su medio.
  • Por las relaciones que tiene con las dos grandes mariofanías modernas: Lourdes y Fátima.
  • Por las muchas gracias e indulgencias con que los Papas han enriquecido a quienes visten el Escapulario…

¿No ha pasado de moda el Escapulario?

No. Así como no ha pasado de moda ni puede pasar la auténtica devoción a la Virgen María.

Desde el siglo XVI -que es cuando se extiende por toda la cristiandad el uso del Escapulario del Carmen- casi todos los Papas lo han vestido y propagado. El marianísimo Papa actual, Juan Pablo II, quiso ser religioso carmelita y se dirigía con los carmelitas y, como ha dicho en varias ocasiones, él viste desde niño con especial devoción esta librea de María.

El Papa Pablo VI tratando de las líneas señaladas por el Vaticano II dijo:

«Creemos que entre estas formas de piedad mariana deben contarse expresamente el Rosario y el uso devoto del Escapulario del Carmen».

Esquemáticamente, sin pararnos en argumentos teológicos que nos obligarían a extendernos, el ESCAPULARIO DEL CARMEN goza de una palpitante actualidad por las siguientes razones:

  • porque es: como vestido, signo externo de la interna devoción y consagración a la Madre de Dios,
  • porque es: una llamada constante a vivir en presencia de Dios, de acuerdo con esta consagración a María,
  • porque es: una señal de nuestra esperanza en María, de nuestra confianza en la Madre de la Iglesia,
  • porque es: «devoción constantemente recomendada a lo largo de los siglos por el Magisterio de la Iglesia» (LG 67, y Pablo VI, 11-2-1965),
  • porque es: memorial de las virtudes de la Virgen María: humildad, castidad, modestia, candor, oración, mortificación y, sobre todo, consagración a María (Pío XII, 11-2-1950),
  • porque es: rico tesoro de gracias e indulgencias dadas por la Iglesia,
  • porque es: historia de innumerables prodigios materiales y espirituales durante siete siglos,
  • porque: lo han vestido millones de hombres y mujeres de todos los estratos sociales y lo han recomendado los santos,

Mi propósito: vestir el Escapulario

Ninguna conclusión mejor después de estas pinceladas sobre la historia, simbolismo, valor espiritual y actualidad de esta multisecular devoción, que llevar a la práctica estos propósitos:

  • que mi ESCAPULARIO me acompañe siempre,
  • que en él vea siempre a mi Madre celestial,
  • que, al besarlo todas las noches, mañanas y a lo largo del día, lo haga con amor de hijo y como promesa de amarla más y servirla mejor,
  • que su recuerdo y su presencia en mi pecho me anime a ser más fiel a su Hijo y a Ella.
  • Trataré de ayudar a que también otros lleven a la práctica estos propósitos.

Rafael María López-Melús, carmelita

«MARÍA ES VIRGEN INCORRUPTA, VIRGEN POR GRACIA, ÍNTEGRA Y LIMPIA DE TODA MANCHA DE PECADO», dice S. Ambrosio. Una manera de vivir siempre en gracia de Dios es la constancia de rezar cada mañana y cada noche las TRES AVEMARÍAS.