“¡Ay de aquel que escandalice a uno de estos pequeños!”, dice Cristo. Se merecen el infierno. Los de la ideología de género, piensen.
Semillas 63
14 miércoles Dic 2016
Posted in P. Manuel Martínez Cano
14 miércoles Dic 2016
Posted in P. Manuel Martínez Cano
“¡Ay de aquel que escandalice a uno de estos pequeños!”, dice Cristo. Se merecen el infierno. Los de la ideología de género, piensen.
14 miércoles Dic 2016
Posted in Artículos
A falta de una invasión directa, y pese a que la anterior neutralidad de España había beneficiado sobre todo a los vencedores de Hitler, éstos promovieron el aislamiento internacional de España. Se trataba de una medida criminal sin atenuantes, pues buscaba crear en España una hambruna masiva como medio para derrocar al franquismo y volver a traer a los políticos del Frente Popular. Franco se adelantó negociando con Argentina créditos para la importación de carne y cereales que permitieron paliar los peores efectos. Posteriormente, con una política tenaz y hábil, terminó por derrotar el aislamiento y ser reconocido por todos los países, excepto los que él no quiso reconocer.
Pío Moa – Gaceta en http://gaceta.es/pío-moa
13 martes Dic 2016
Posted in La voz de los santos
13 martes Dic 2016
Posted in Guerra Campos
Franco y la Iglesia Católica
José Guerra Campos
Obispo de Cuenca
Separata de la obra “El legado de Franco”
Por todo lo dicho, es de lamentar que en la «transición» (año 1976 y siguientes), canalizada por unos pocos ocupantes del poder, España no haya contado en el mundo civil o en el eclesiástico con personas lúcidas y previsoras que, salvaguardando el depósito recibido y en conexión con las «aspiraciones profundas» del pueblo (Juan Pablo II), intentasen una reconstrucción de verdad y no se limitasen a poner un solar tras el derribo a disposición de cualquier proyectista, ni se aviniesen a confundir las supuestas ventajas de una cierta indeterminación política en la Constitución con el cáncer de la indeterminación moral. Sigue leyendo
13 martes Dic 2016
Posted in Historia de España
Marcelino Menéndez y PelayoPero, no sólo por rasgos y efusiones poéticas se recomiendan estos escritos de Colón; no sólo se admiran en ellos la espontánea elocuencia de un alma inculta a quien grandes cosas dictan grandes palabras, levantándola por el poder de la emoción sincera a alturas superiores a toda retórica, sino que el hombre entero, con su mezcla de debilidad y soberbia, de amargura desalentada y de sobrenatural esperanza, con el presentimiento grandioso de su misión histórica, con la iluminación súbita de su gloria, con el terror religioso que le penetra y embarga al ver descorrido y patente el misterio de los mares; con sus fantasías místicas, en que el oro de Paria y la conquista de Jerusalén, las perlas y las especerías de Levante y la conversión de los súbditos del Gran Kan forman tan abigarrado y prestigioso conjunto, sólo en las letras de CoIón, está, y ninguno de sus historiadores, salvo acaso el Cura de los Palacios, que parece haberle conocido muy de cerca, nos da de ello idea ni trasunto aproximado. Sigue leyendo