Rosa
«Sé que voy a un perpetuo destierro, y que tarde o temprano me contagiaré de la lepra. Pero ningún sacrificio es demasiado grande si se hace por Cristo».
San Damián de Molokai
«Cristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca».
Santa Teresa de Jesús de los Andes
«Jesús, yo quiero llegar con mi voz hasta los últimos confines del universo para alcanzar a todos los pecadores y gritarles que entren todos dentro de tu Corazón».
Santa Gemma Galgani
«No te preocupes de las habladurías del mundo, ni de las felicitaciones, ni de los reproches y atiendas sólo a santificarte en el ejercicio de la obediencia, de la humildad y de la búsqueda de Dios».
Santa Magdalena de Canossa
«El siervo de Dios, imitando a Cristo, debe dedicarse a la contemplación, sin negarse a la vida activa».
San Isidoro de Sevilla
«Los pobres y los enfermos son nuestros patronos y hacen presente la persona misma de Jesús».
San Luigi Scrosoppi
«Debemos sembrar con confianza; no importa si los frutos no se ven».
San Ludovico Pavoni
El documento aprobado por el Pleno del Consejo Nacional el pasado día 22 de noviembre constituye otro paso importante en la línea de coordinación entre los altos órganos del Estado a que acabo de referirme. Las funciones del Consejo Nacional han de ser ejercidas en correlación con el Gobierno. A éste le corresponde determinar la política nacional, y la misión del Consejo es la de ser guardián de los principios e incitador de la acción política. De aquí que ambas funciones requieran un diálogo permanente y activo. La Comisión mixta de Ministros del Gobierno y de Consejeros Nacionales constituirá en el futuro un cauce para este diálogo, sin que ello suponga menoscabo de la independencia que deben conservar ambas instituciones para el desempeño de los altos cometidos que las Leyes Fundamentales les atribuyen.
Muchos pensamientos nos acompañaban mientras, algo temerosos, íbamos a llamar a «una de las puertas de la Providencia…», y aquel día la Providencia nos abrió de un modo algo extraño. Llamamos, en efecto; a una de las villas colocadas en la cima de una colina. Nos habían dicho que en ella habitaba un caballero, un industrial, que estaba acostumbrado a «hacer bien». Una fama extraña, casi como si fuese una «manía o una enfermedad» … Por lo cual, a la necesidad se unió aquella pizca de curiosidad que ha hecho esta experiencia aún más agradable.
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios nuestro Señor.
1. Falta de orientación en cuanto al orden constitucional. Los católicos que saben que según la doctrina de la Iglesia no basta la libertad en el pluralismo, no ven claramente promulgada la obligación de los ciudadanos de mantener en cualquier ordenación política de la sociedad unos valores absolutos, que exigen subordinación de las leyes convencionales a la ley moral, promoción de condiciones propicias para vivir según aquellos valores, rechazo de un permisivismo que tienda a anularlos. La desorientación en este punto se refleja en el