



09 miércoles Ene 2019
Posted in Artículos




08 martes Ene 2019
Posted in Artículos
¡Oh Corazones de Jesús y de María, tan conformes y unidos, que formáis un solo corazón, modelo verdadero del corazón que debe unir en un solo sentimiento a la familia cristiana!
Vednos delante de vosotros para consagraros solemnemente nuestro hogar y nuestros corazones, que quieren ser, como los primeros cristianos, un solo corazón y una sola alma. Vos habéis manifestado el deseo de reinar en nuestras familias y habéis mostrado en la casa de Nazaret cuál debe ser el reino ideal de la paz y de felicidad doméstica. Queremos, pues, a imitación vuestra y con vuestro auxilio, hacer de nuestra casa el reino de la paz, de la caridad y de la piedad, donde triunfe la fe; donde revivan las santas costumbres de nuestros padres; donde se escuche la plegaria en común, especialmente el santo Rosario; donde se viva la vida sobrenatural de los santos sacramentos. Dignaos bendecir nuestros deseos y propósitos, nuestras alegrías y dolores, nuestros intereses temporales y espirituales, que desde este momento os consagramos enteramente y ponemos confiadamente bajo vuestro amor y protección.
Bendecid a los presentes y a los ausentes, a los vivos y a los difuntos; mantened entre nosotros inalterable la paz familiar, y en el momento de la prueba dadnos la resignación cristiana con la voluntad de Dios y gracia para llevarla con verdadero espíritu de expiación.
¡Oh santísimos Corazones de Jesús y de María!, sabemos que tenéis sobre nosotros designios de misericordia y que os conmovéis con nuestras súplicas. Escribid, por lo tanto, el nombre de esta familia en vuestros Corazones, como prenda de especial protección en todas las dificultades de nuestra vida, y en particular en el momento de nuestra muerte. Invocamos a san José, modelo de los padres de familia, para que os presente nuestra consagración y nos obtenga de vuestra bondad la gracia de poder reunirnos un día todos juntos, sin excluir a ninguno, para formar una familia de santos en el Cielo. Amén.
Corazón Sacratísimo de Jesús, ten piedad de nosotros.
Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros.
San José, ruega por nosotros.
Credo, Salve, Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
08 martes Ene 2019
Posted in Artículos
Juan Manuel de Prada
El vaticinio de Menéndez Pelayo se cumple implacablemente: la unidad histórica de España se fraguó sobre la fe compartida; y el día en que esa fe “acabe de perderse, España volverá a los reinos de taifas”. Es un vaticinio que repiten otros hombres clarividentes: Unamuno nos advertía que la comunidad del pueblo sólo podía lograrla la religión; y que sin religión sólo hay “la liga aparente de la aglomeración”; y Chesterton diagnosticaba que “hemos perdido nuestros instintos nacionales porque hemos perdido la idea de aquel cristianismo que dio origen a las naciones”.
La Hispania romana, habitada por hombres de razas diversas y costumbres muy diferentes, estaba llamada fatalmente a enfangarse en un hormiguero de batalla tribales. Pero el fundente de la fe la salvó de este destino natural de disgregación, convirtiendo lo que sólo era un mogollón de gentes en una auténtica comunidad, ordenada hacia el bien común. Postergar el bien sectario o egoísta sólo puede lograrse mediante una vida virtuosa alimentada por un motor espiritual. De lo contrario, sobreviene lo que San Agustín llamaba “el tedio de la virtud”, que es la causa última del agostamiento y extinción de todas las civilizaciones a lo largo de la Historia. Las “invasiones bárbaras” son cuentos con los que engañan a los niños en la escuela para escamotearles esta verdad terrible: es el tedio de la virtud lo que aniquila las sociedades y descompone las naciones. Y ese tedio deja virtud empieza cuando muere la fe religiosa.
Todas las filosofías falsas y sus fulanas predilectas, las ideologías, han pretendido fundar la sociedad sobre el tedio de la virtud, suplantando la unidad de las naciones por la liga aparente de la aglomeración. Tal quimera voluntarista es la que pretendieron primero las monarquías absolutas, mediante la construcción de un leviatán hobbesiano, y después las democracias, mediante la creación artificiosa de una “voluntad general”, o los llamados totalitarismos, con los engendros de las supremacías raciales o las dictaduras del proletariado. Sólo hay una voluntad que puede mantener a los pueblos unidos, que es la voluntad de Dios; y todo lo demás son tediosos avatares de la torre de Babel, patéticos esfuerzos por mantener una liga aparente que acaban degenerando en discordia y rebatiña, porque -como nos recordaba Foxá- nadie entrega su vida por la democracia (ni por el absolutismo, ni por la dictadura del proletariado), pues sería tanto como entregarla por el sistema métrico decimal. Al tedio de la virtud se le puede pedir que haga postureo patriotero; pero no se le puede pedir que sea heroico como el marido que lucha por su esposa, como el padre que lucha por sus hijos, como el creyente que lucha por su Dios. Cataluña pudo abrazarse en amor y dolor con los demás pueblos de España mientras la fe compartida alumbró a Raimundo de Peñafort y Antonio María Claret, a Jaime Balmes y Antonio Gaudí, a Jacinto Verdaguer y Joan Maragall. Y los demás pueblos de España pudieron abrazarse a Cataluña mientras la fe compartida alumbró el genio de Cervantes (que no se entiende sin Barcelona) o de San Ignacio (que no se entiende sin Manresa o Montserrat). Y cuando esa fe compartida se extinguió nuestra unión se volvió resudada y maloliente como un gurruño de calcetines usados, que sólo sirven para condecorar un cuadro horrendo de Tapies. Las uniones en las que falta el fundente de la fe están muertas como un cuadro de Tapies; y no pueden detener su descomposición. A ese cadáver, como al de Lázaro, sólo podrá resucitarlo un Dios que sabe cómo salir de la tumba. Hasta que llegue ese día, nuestro destino será el de los reinos de taifas. Todo lo demás son milongas.
(ABC, 13 de noviembre de 2017)
04 viernes Ene 2019
Posted in Artículos
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús en su esencia es tan antigua como la Iglesia.
En el Calvario, nuestro Señor manifestó por primera vez su Corazón divino a través de la herida abierta en su costado por la lanza del soldado.
Pero en su forma actual el Señor se sirvió de san Juan Eudes (1680) y de un modo especial de una humilde religiosa de la Visitación, santa Margarita María de Alacoque (1646-1690). Un día de la octava del Corpus (1675), nuestro Señor le dijo descubriendo su Corazón: “He aquí este corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para manifestarles su amor; y en pago sólo recibe, de la mayor parte, ingratitudes, por sus irreverencias y sacrilegios, por las indiferencias y desprecios que tienen por mí en este Sacramento de Amor. Y lo que siento más todavía es que corazones que me están consagrados me tratan de esta misma manera”. Y el Divino Maestro confió a su sierva la misión de enriquecer al mundo entero con el tesoro de esta devoción. La Novena de la Confianza que tantas almas emplean para adelantar en la vida espiritual y entrega al Señor, honra al Corazón adorable, que late en el pecho del Salvador. Le honra también, como símbolo conmovedor del amor de Dios para con nosotros que se manifiesta especialmente en la obra de nuestra salvación y en el Sacramento de la Eucaristía. La vista de este Corazón Sagrado, abrasado de amor por los hombres, nos incita a amar a Jesucristo con verdadero amor. Testigos de la indiferencia de muchos, esforcémonos con nuestro ardor y celo en reparar tanta ingratitud.
Prácticas de devoción. – Celebrar con piedad la fiesta del Sagrado Corazón.
– Dedicar el primer viernes de cada mes al Sagrado Corazón, especialmente haciendo en este día una fervorosa comunión reparadora.
– Cada mañana, ofrecer al Corazón de Jesús las acciones del día. Por amor al Corazón de Jesús, huir del pecado y luchar contra nuestros defectos.
– Poner a la puerta de nuestras casas, en las calles y, mientras nos sea posible, en los lugares públicos una imagen del Sagrado Corazón.
– Colocar en nuestra casa una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, para participar de las bendiciones prometidas a quienes le tributen este homenaje. Procurar con un acto familiar de devoción, bendecir la imagen del Sagrado Corazón y entronizarla en nuestra familia, recitando el acto oficial de su entronización.
31 lunes Dic 2018
Posted in Artículos

