LA VIRGEN MARÍA… con ojos de niño 11
05 domingo Dic 2021
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04 sábado Dic 2021
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El título es de origen árabe, y tradicionalmente se había considerado que provenía de la palabra al-mudy (“almudín”), que significa: “depósito de cereales”; pero arabistas e historiadores especializados coinciden hoy en que el nombre procede de la palabra al-mudayna (= “la ciudadela”, que es diminutivo de la palabra al-madina = “la ciudad”), vocablo que haría referencia al antiguo recinto militar amurallado que ocupaba el promontorio donde hoy se asientan la Catedral y el Palacio Real de Madrid.
Según la tradición, la imagen de Santa María de la Real de la Almudena, que anteriormente había sido denominada como “Santa María la Mayor”, fue encontrada en el año 1085 durante la conquista de la ciudad de Madrid por el rey Alfonso VI de León en uno de los cubos o torreones adosados a la dicha muralla árabe, cerca de la Puerta de la Vega.
A pesar de no existir datos exactos sobre la antigüedad de la talla como del culto, existen documentos que indican que al menos tres siglos antes de ser encontrada fue ocultada por decreto del arzobispo Raimundo de Toledo.
Existen varias tradiciones acerca del origen del nombre y la imagen. La primera cuenta que en el 712, antes de una supuesta toma de Madrid por los árabes, los habitantes de la Villa tapiaron una imagen de la Virgen en los muros de la muralla, para esconderla de los árabes. Con la Reconquista de la ciudad en el S. XI d. C. por el rey Alfonso VI, se propusieron encontrar la imagen oculta. Después de días de plegarias, y mientras una procesión pasaba por la Cuesta de la Vega, el fragmento de muralla donde se encontraba cayó derruido, mostrando la imagen, que permanecía intacta y con las dos velas con las que había sido tapiada aún encendidas a pesar de los siglos transcurridos. Este tipo de leyendas proliferan en el siglo xiii de la mano de autores como Rodrigo Jiménez de Rada. Una leyenda similar atañe a la antigua mezquita del Cristo de la Luz en Toledo, donde se dijo encontrar una imagen en circunstancias similares.
Otra tradición cuenta que al héroe castellano Rodrigo Díaz de Vivar, “El Cid”, se le habría aparecido la Virgen, pidiéndole que tomase la fortaleza de Mayrīt (مجريط). Al acercarse El Cid y sus acompañantes a la villa, se habría desprendido el fragmento de muralla donde se hallaba la figura, y así habrían podido entrar y tomar la ciudad.
Parece más probable por tanto que la imagen primitiva fuese tallada en la Baja Edad Media, durante la repoblación cristiana de la ciudad, para ser colocada en el altar de la antigua mezquita mayor, ahora reconvertida en iglesia mayor de la ciudad (antigua iglesia de Santa María de la Almudena). En aquella época era muy común la titulación de los principales templos cristianos con advocaciones genéricas de la Virgen, Cristo y los santos, por lo que aquella iglesia se llamaría de Santa María. Probablemente, para diferenciarla de otras iglesias que fueron surgiendo en los arrabales de la primitiva ciudad islámica, se conocería al templo como Santa María de la Almudena, porque en árabe Al-mudayna quiere decir “la ciudadela”, por estar encerrada en el primer perímetro amurallado de origen árabe, que a modo de ciudadela, quedaba encerrado en la muralla cristiana posterior. Es decir, se le pondría este nombre para distinguirla de las demás iglesias madrileñas dedicadas a la Virgen María.
La imagen que se conserva actualmente en la catedral de Madrid es de estilo Gótico tardío, realizada posiblemente entre los siglos XV y XVI. Representa a María como reina con túnica rojiza y rico manto recamado, con vuelta en color azul, que cubre sus hombros y cae en pliegues tubulares por delante. Sostiene al Niño, desnudo, con ambas manos. Es una talla de buena calidad artística, en madera dorada y policromada; se ha atribuido su realización al círculo de Sebastián de Almonacid o bien a Diego Copín de Holanda, ambos escultores activos en Toledo a finales del siglo XV.
La imagen de la Virgen reposa en un trono de plata, de estilo Barroco, que fue regalado por la Villa de Madrid en el año 1640, reinando Felipe IV; a su lado, dos grandes ciriales, asimismo de plata, de la misma fecha. Rodea la figura un recargado resplandor, con ráfagas y ángeles adoradores, y una media luna, símbolo inmaculista, a los pies; todo ello data del siglo XIX.
La talla de la Virgen se encuentra en el brazo derecho del crucero de la catedral, enmarcada por un retablo de tablas pintadas, gótico del siglo XIV, realizado por Juan de Borgoña, procedente de Oropesa (Toledo), y regalado por el cardenal Ángel Suquía. El retablo, colocado en alto, es accesible mediante unas escalinatas que bordean un arco escarzano, donde se encuentra la capilla funeraria de la reina María de las Mercedes de Orleáns, esposa de Alfonso XII, gran devota de la Virgen.
Una réplica de esta imagen hecha por el artista cusqueño Juan Tomás Tuyro Túpac por encargo del obispo Manuel de Mollinedo y Angulo en 1699 se venera en el Templo de la Almudena ubicado en la ciudad del Cuzco (Perú).
02 jueves Dic 2021
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– VIDA MONACAL
La vida cenobítica o monacal (vida en comunidad) la inicia y organiza San Pacomio. Nació en la Tebaida el año 292; siendo soldado conoció y abrazó el Cristianismo el año 313. Su ansia de perfección lo llevó primero a la vida anacorética, al lado, del solitario Palemón. Pero pronto se reunieron en torno suyo muchos discípulos en el alto Egipto. Con ellos fundó el primer monasterio con todas las características de la vida monacal. Todos vivían en un lugar cerrado y se obligaban a cumplir la Regla, escrita por San Pacomio, que determinaba la vida que habían de llevar los monjes, en cuanto a la oración, penitencia, trabajo, apostolado, alimentación, descanso, etc.
En poco tiempo se fundaron ocho monasterios más. En vida de San Pacomio eran 7.000 monjes y a finales del siglo V ascendieron a unos 50.000. El abad que dirigía un monasterio grande, al que pertenecían otros más pequeños se llamaba archimandrita.
Los monjes vivían como los anacoretas, del trabajo de sus propias manos. La admisión de un candidato se hacía después de una exigente prueba.
San Pacomio fundó también monasterios de monjas. A la superiora se le llamaba abadesa; las monjas llevaban un velo que más tarde se convirtió en un hábito. El desarrollo, de los monasterios femeninos sobrepasó al de los varones. Estas vírgenes consagradas a Dios merecieron especiales elogios de los Santos Padres.
– MONJES BASILIANOS
Dignos de un capítulo especial son los monasterios fundados por San Basilio y los que siguieron la Regla escrita por el santo. Basilio sintió la llamada a la vida ascética y marchó a Egipto, donde conoció perfectamente la organización y vida de anacoretas y cenobitas. Al volver a su patria, distribuyó todos sus bienes entre los pobres y se retiró a un lugar solitario cerca de Neocesarea. Pronto acudieron a él muchos anacoretas para ponerse bajo su dirección, a quienes denominaron monjes basilianos.
Uno de los puntos esenciales de la Regla de San Basilio era la obediencia, con la que consiguió una perfecta unidad y consistencia de su obra. De tal manera fue así que con el transcurso de los años desaparecieron otras órdenes, mientras los basilianos poblaron Egipto y se extendieron por todo Oriente.
Desde el siglo V los basilianos predominan en Oriente y hoy día constituyen los monjes orientales por antonomasia. Las monjas basilianas tuvieron también gran difusión.
– EL MONACATO EN OCCIDENTE
Durante los siglos IV y V la vida monacal en Occidente creció a ritmo más lento que en Oriente. Pero a partir del siglo VI el movimiento cenobítico alcanzó un desarrollo tan extraordinario que sobrepasó a los orientales. De tal manera, que los monjes fueron los difusores y portavoces de la verdadera cultura cristiana, durante toda la Edad Media.
En el siglo III tenemos noticia de ermitaños y vida. cenobítica en Occidente, pero quien empezó a trabajar intensamente por su difusión fue San Atanasio en la primera mitad del siglo IV. Influyeron de manera decisiva los Santos Padres más famosos de Occidente, San Jerónimo y San Agustín.
San Paulina de Nola y San Eusebio de Vercelli establecen el monaquismo en Italia; San Agustín, en África, San Martín de Tours y San Honorato en Francia; Juan Casiano fundó cerca de Marsella dos monasterios, uno para hombres y otro para mujeres.
– LAS ISLAS DE LOS MONJES
La vida monástica en las Islas Británicas tiene especial interés por el extraordinario desarrollo que adquirió y por el influjo que ejerció en la Europa continental. A partir del año 432 San Patricio, el gran apóstol de Irlanda, fundó varios monasterios en la isla.
San Columbano completó la obra de San Patricio. El año 590, con doce discípulos suyos se dirigió a Francia, donde fundó varios monasterios. De ellos salieron abades para fundar en Alemania, Italia y otros lugares del continente. Casi todos los monasterios de Inglaterra fueron fundados también por monjes irlandeses.
En Escocia introdujeron la vida cenobítica San Niniano y San Columbano abad (distinto del mencionado arriba). Al mismo tiempo que los monasterios de monjes se fundaban de mujeres, en los que brillaron con luz propia muchas santas.
De los monasterios de aquellos tiempos solían salir los obispos para regir las diócesis y también los Papas para subir a la Cátedra de San Pedro.
28 domingo Nov 2021
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27 sábado Nov 2021
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Cuenta la Leyenda de Nazaré que al nacer del 14 de septiembre de 1182, D. Fuas Roupinho, alcalde del castillo de Puerto de Mós, cazaba junto al litoral, envuelto por una densa niebla, cerca de sus tierras, cuando avistó un venado que de inmediato comenzó a perseguir. El venado se dirigió hacia la cima de un acantilado. D. Fuas, en medio de la niebla, se quedó aislado de sus compañeros. Cuando se dio cuenta estaba en el borde del acantilado, al borde del precipicio, en peligro de muerte. Estaba al lado de una cueva donde se veneraba una imagen de Nuestra Señora con el Niño. Rogó entonces, en voz alta: Señora, Valei-me!. De inmediato, milagrosamente, el caballo se detuvo, clavando las patas en el peñasco, suspenso sobre el vacío, el Pico del Milagro, salvándose así el jinete y su montura de una muerte cierta por una caída de más de cien metros.
D. Fuas desmontó y descendió a la cueva para rezar y agradecer el milagro. De seguida mandó a sus compañeros llamar albañiles para construir una capilla sobre la cueva, en memoria del milagro, la Ermita de la Memoria, para ahí ser expuesta a la veneración de los fieles la milagrosa imagen. Antes de cerrar la cueva los albañiles deshicieron el altar allí existente y entre las piedras, inesperadamente, encontraron un cofre en marfil conteniendo algunas reliquias y un pergamino, en el cual se identificaban las reliquias como pertenecientes de Son Brás y Son Bartolomeu y se relataba la historia de la pequeña imagen esculpida en madera, policromada, representando a la Santísima Virgen María sentada en un banco bajo amamantando al Niño Jesús.
Según el pergamino, la imagen habría sido venerada desde los primeros tiempos del Cristianismo en Nazaré, en la Galilea, tierra natal de Virgen María. En el siglo V, el monje griego Ciriaco la transportó hasta al monasterio de Cauliniana, cerca de Mérida. Allí permaneció, hasta el 711, año de la batalla de Guadalete, después de la cual desbaratadas por los musulmanes, las fuerzas cristianas huyeron desordenadamente hacia el norte. Cuando la noticia de la derrota llegó la Mérida, los monjes de Cauliniana se prepararon para abandonar el monasterio.
Sin embargo D. Rodrigo, el rey cristiano derrotado, consiguió escapar del campo de batalla y disfrazado de mendigo se refugió de incógnito en Cauliniana. Al confesarse a uno de los monjes, frei Romano, tuvo que decir quién era. El monje le propuso entonces, huir juntos hacia el litoral atlántico y llevar consigo la muy antigua imagen de Nuestra Señora de Nazaré, que se veneraba en el monasterio con fama de muy milagrosa.
El 22 de noviembre del 711 llegaron a su destino y se instalaron en el monte Seano, hoy Monte de Son Bartolomeu, en una iglesia abandonada que allá encontraron. La existencia de un monasterio en las inmediaciones, del cual subsiste la iglesia de Son Gião, debe haber sido un factor determinante para la elección de este destino final de la fuga.
Pasado poco tiempo se separaron para vivir como eremitas. El rey se quedó, el monje llevó consigo la imagen y se instaló, a tres kilómetros del monte, en una pequeña cueva en el tope de un acantilado sobre el mar.
El rey Rodrigo pasado un año decidió abandonar la región. Frei Romano continuó viviendo en la ermita subterránea hasta a su muerte. La sagrada imagen de Nuestra Señora de Nazaré continuó sobre el altar donde el monje la colocó hasta que en 1182 fue cambiada hacia la capilla que D. Fuas mandó construir sobre la cueva. La imagen permanece pues, desde 711-712, en el mismo sitio, el sitio de Nazaré.
En 1377, el rey D. Fernando (1367-1383), debido a la significativa afluencia de peregrinos, mandó construir, cerca de la capilla, una iglesia en la cual fue instalada la imagen de Nuestra Señora de Nazaré, transcurriendo esta denominación, de su lugar de origen, la aldea de Nazaré en la Galilea.