La maternidades inmutable
Mujer, tu misión en este mundo es la maternidad, a no ser que Dios te llame para algo más elevado. Tu organismo está conformado para eso. Por eso, sientes la voz de la naturaleza, aunque pretendes acallarla; sientes una inclinación poderosa a la maternidad; y cuando la ves frustrada, experimentas sensaciones de decaimiento y de tristeza. Te sientes decepcionada. Si estás hecha para la maternidad, estás hecha para el hogar, porque allí tienen que crecer y desarrollarse tus hijos. Ese centro principal de educación.
Si te dicen que lo moderno es eludir la carga de la maternidad para salir más libremente y divertirte fuera de casa, pretenden deshacer en ti lo más femenino, lo que es característico de la mujer; y por consiguiente perpetuo. Ahí no cabe la modernidad.
El pudor debe permanecer
Mujer, tampoco puedes despojarte de una virtud esencialmente femenina, que es el pudor. No es una virtud solamente cristiana, que sería suficiente; es una virtud tan característica de la mujer, que hasta los paganos la han tenido en gran estima. Los romanos que deificaron el placer en la diosa de Venus, rindieron culto a la pudicia en un altar del templo de la Fortuna. En el Museo Vaticano se conserva una magnífica estatua que se dice ser el pudor femenino o de la pudicia. Es una matrona dignísima con el vestido de amplísimos pliegues, que cubre por completo su cuerpo; y le cae sobre los hombros. El pudor, virtud característica de la mujer, porque es la mejor defensa de la honestidad; y una mujer que ha perdido la honestidad, deja de ser mujer. Por eso, tirar el pudor por la borda, a título de modernidad, es quitar a la mujer algo característico, algo muy femenino y que por lo mismo debe ser eterno.
La sumisión a los padre debe ser perpetua
Y tú, jovencita, que eres hija de familia, ahora como siempre estás obligada a respetar y obedecer a tus padres. No puedes independizarte de ellos a título de modernidad, porque Dios y la naturaleza, en todos los tiempos y en todas las regiones mandan que los hijos estén sometidos a sus padres. Y se lo manda porque los padres tienen una obligación impuesta por Dios y por la naturaleza, la obligación de perfeccionar, de educar a sus hijos para ello los hijos tienen que ponerse como cera blanda en las manos de sus padres. No puedes aducir, para independizarte, que los tiempos actuales piden otra cosa, que los padres que controlan a sus hijos son anticuados. Ahora y siempre los padres tienen que dar cuenta a Dios de sus hijos; tienen que vigilarlos, tienen que saber con quién salen y por dónde andan y qué leen y cómo se divierten. Huir de casa, vivir a espaldas de los padres, entablar con ellos una lucha pertinaz, hasta lograr imponer tus caprichos, no es ser moderna, es ser desobediente, es ser rebelde, es pisotear la ley sagrada de la obediencia paterna que ha regido en todos los tiempos y en todas las regiones y en todas las razas.
Estas notas características son pilares básicos en que se apoya la sociedad; no se los puede destruir nunca. Respecto de ellos no cabe modernidad ni antigüedad.
La Asociación Médica Católica reconoce la responsabilidad que el Obispo Diocesano tiene de supervisar la enseñanza de la doctrina correcta en su Diócesis. Esto, sin duda, incluye instrucciones claras sobre la naturaleza y propósito de las relaciones sexuales entre las personas, y lo pecaminoso de las relaciones inadecuadas. La Catholic Medical Association espera poder trabajar con los Obispos y sacerdotes en ayudar a establecer grupos de apoyo apropiados y modelos de terapia para aquellos que tratan de superar la atracción homosexual. Si bien encontramos Courage y Encourage como muy útiles y valiosos, y los apoyamos activamente, estamos seguros de que hay otras maneras de proporcionar ayuda, y estamos dispuestos a trabajar con cualquier programa apropiado desde un punto de vista psicológico, espiritual y moral.
«…Y es que siempre es la misma historia. De manera que, queridos míos, que sobrenaturalicemos todas las cosas, la Santa Madre Iglesia… la Iglesia progresista es la Iglesia, los miembros progresistas de la Iglesia son la Iglesia, pero Jesucristo no quiere que sea así. Hemos de trabajar para que no lo sea, pero lo que no podemos hacer es marcharnos de la Iglesia. Lo que no podemos es decir: «Me voy y me hago cismático para guardar las esencias puras», porque esas esencias puras, en la generación inmediata y subsiguiente, se descomponen y se deshacen y no queda ni el recuerdo de lo que eran, ni el perfume que tenían guardado. Y ésta es la Iglesia en la que yo tengo que vivir y me tengo que santificar y a los que tengo que ayudar a salvarse. Y lo mismo pasa con la Unión Seglar».
Por ello despreciamos por malos catalanes, mejor dicho negamos condición de catalanes, a todos aquellos que han hablado de Cataluña sin tener en cuenta la integridad del tesoro del pasado catalán. Renegamos, escupiéndoles sambenitos de extranjería, a quienes en la línea que sube de Valentí Almirall hasta Francisco Pi y Margall van a copiar en el francés Proudhon las fórmulas políticas válidas para este pueblo catalán al que pretenden europeizar con servidumbre de imitaciones políticas de un federalismo incompatible con lo que aprendimos en los mayores ingenios de Cataluña. En la línea de mosén Torras i Bages, pero yendo mucho más allá de Torras i Bages, vamos a andar los senderos ideológicos de la “Tradició catalana”, porque entendemos que solamente es dable rehacer a la Cataluña del futuro arrancando de la Cataluña del pasado, esto es de su sustancia españolísima, sin necesidad de ir a mendigar al extranjero monedas de cobre cuando abundan en nuestros baúles olvidadas onzas peluqueñas.
