+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa
El Domingo de Ramos recordamos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Cuando llegaba a la ciudad santa para celebrar la pascua, pidió a sus discípulos que le trajeran un pollino sobre el que montó para entrar en ella. Así se cumplió lo que el profeta Zacarías había anunciado. La ciudad albergaba en ese momento una multitud de peregrinos que se habían desplazado hasta allí para celebrar la Pascua. Cuando llega Jesús, la muchedumbre se agolpa a su alrededor y extiende sus mantos por el suelo mientras otros alfombran la calzada con ramas de árboles. La gente que iba en torno a él gritaba: “¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Viva el Altísimo! Esta alegría festiva expresa la convicción de que, en Jesús, Dios ha visitado su pueblo y ha llegado por fin el Mesías anunciado por los profetas.
En la celebración del Domingo de Ramos actualizamos litúrgicamente ese acontecimiento. Repetimos las palabras que entonces pronunció la muchedumbre y también llevamos las palmas en nuestras manos. Pero en el conjunto de Sigue leyendo



