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Liberalismo y Libertad Cristiana

18 miércoles Sep 2013

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el liberalismo es la iniquidad, el liberalismo es pecado, Félix Sardá y Salvany, herejía, la rebelión contra Dios, P.Mario borge S.I, san pablo

Nos han enviado un estudio del P. Mario Borge S.I. titulado “el liberalismo es la iniquidad, la rebelión contra Dios”. Su lectura me ha recordado “El liberalismo es pecado”, del reverendo Felix Sardá y Salvany, que leí de joven y he vuelto a leer varias veces. Todos los católicos deberían leer estos libros. Porque el liberalismo es una herejía que rechaza pertinazmente verdades de fe definidas por la Iglesia como dogmas.

El P. Borge, demuestra que en el orden de la doctrina el liberalismo niega: la jurisdicción absoluta de Dios sobre los individuos y las sociedades. Niega la necesidad de la divina Revelación y la obligación que tiene el hombre de admitirla si quiere alcanzar su salvación eterna. Niega el motivo formal de la fe; es decir, la autoridad de Dios que revela; el liberal sólo admite las verdades que alcanza con su corto entendimiento. Niega el Magisterio infalible de la Iglesia y del Papa y, en consecuencia todas las doctrinas por ellos definidas y enseñadas, todos los dogmas, porque son opuestos a su criterio racionalista.

El liberalismo es el pecado contra el Espíritu Santo. Porque los liberales quieren colocarse en lugar de Dios como hicieron Satanás y sus demonios. Siguiendo las tentaciones del demonios, los liberales, siguiendo las luces ciegas de su racionalismo y relativismo, quieren establecer en todas las naciones su Estado de bienestar, como recuerdo o imitación del Paraíso creado por Dios. No quieren ni enterarse del paraíso sin Dios marxista que asesino a 100 millones de personas honradas y esclavizó a medio mundo.

Luzbel se rebeló contra Dios en el Cielo y en el Paraíso terrenal incitó al hombre a rebelarse contra su Dios y Señor. Esta rebelión del hombre contra Dios hizo al hombre “lobo para el hombre”. Caín mató a su hermano Abel. Y la hermosura del Paraíso se convirtió en un valle de lágrimas y en un campo de batalla: “las guerras son un castigo por los pecados de los hombres”, dijo la beata Jacinta de Fátima. La envidia de Caín y la de los políticos siguen haciendo estragos en la humanidad. El liberalismo, llamado ahora laicismo y democratismo, es un enemigo implacable de la ley de Cristo. El liberalismo, laicismo, democratismo es la manifestación histórica del Anticristo.

Dice la Sagrada Escritura que solo el necio afirma que “no hay Dios”. Los liberales organizan su vida y convivencia social como si “Dios no existiera”. El espíritu del mundo, cuyo dios es el demonio, sigue engañando a muchos bautizados. A esta pobre gente hemos de decirle la verdad “de Dios nadie se burla”, como dice la Santa biblia. No, el liberalismo no ha traído la libertad, ha traído el libertinaje y la esclavitud de las almas y de los cuerpos. El liberalismo es el abuso ilimitado de la libertad que puede llevar a las almas al infierno.

San Pablo nos advierte: “andad en espíritu y no sigáis las concupiscencias de la carne… las obras de la carne son manifiestas, a saber: fornicación, impureza, lascivia, idolatría, hechicería, odios, discordias, celos, ira, rencillas, disensiones, envidias, homicidios, embriagueces, orgias, y otras como estas; acerca de las cuales os prevengo que quienes tales cosas hacen no heredarán el reino de Dios”.

En su segunda carta a los Corintios, san Pablo dice: “teniendo pues, tal esperanza, procedamos con plena libertad. El Señor es Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor esta la libertad” (2cor. 3,12-17) En verdad, solo los hijos de Dios son auténticamente libres y podemos gozar en esta vida y en la vida eterna: “Para que gocemos de libertad, Cristo nos ha hecho libres” (Gal. 5,1).

Termino con este consejo de san Pablo: “Vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; pero cuidado con tomar la libertad por pretexto para servir a la carne, antes servíos unos a otros por la caridad. Porque toda la ley se resume en este solo precepto: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Pero si mutuamente os mordéis y os devoráis, mirad no acabéis por consumiros unos a otros” (Gal. 5,13-15).

P. Manuel Martínez Cano mCR

Cristo Rey

12 jueves Sep 2013

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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beato juan pablo II, benedicto XVI, Cristo Rey, Gaudiu, Juan Pablo I, Juan Pablo II, león XIII, Lumen Gentium, pablo VI, Pilato, realeza de Cristo, Reino de Cristo, San Pío X, VaticanO II

Su Santidad Benedicto XVI dijo: “ En la misma línea del concilio ecuménico Vaticano II, mis venerados predecesores los siervos de Dios Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II fueron auténticos heraldos de la realeza de  Cristo en el mundo contemporáneo. Y es para mí, motivo de consuelo poder contar siempre con vosotros, sea colegialmente, sea de modo individual, para cumplir también yo esta misión fundamental del misterio petrino” ¡Cuenta con nosotros, Vicario de Cristo! (hoy SS Francisco)

Efectivamente, el Vaticano II, enseña la realeza de Cristo en varios documentos: “La Iglesia, enriquecida con los dones de su Fundador, observando fielmente sus preceptos de caridad, de humildad, de abnegación, recibe la misión de anunciar el Reino de Cristo, de Dios, de establecerlo en medio de todas las gentes, y constituye en la Tierra el germen y el principio de este Reino” (Lumen Gentium, 5) “ En cualquier asunto temporal, deben guiarse por la conciencia cristiana, ya que ninguna actividad humana, ni siquiera de orden temporal, puede sustraerse al imperio de Dios” (Gaudium et spes, 35) Es obligación de toda la Iglesia el trabajar para que los hombres se vuelvan capaces de restablecer rectamente el orden de los bienes temporales y ordenarlos hacia Dios por Jesucristo. Hay que establecer el orden temporal de forma que, observando íntegramente sus propias leyes, esté conforme con los últimos principio de la vida cristiana” (Apostolicam Actuositatem, 7)

En su primera homilía, el beato Juan Pablo II dijo: “Hermanos y hermanas, no tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad, ayudad al Papa y a todos los que quieran servir a  Cristo. En nuestro conocimiento y, con la potestad de Cristo, servid al hombre  y a la humanidad entera. No temáis. Abrid más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo. Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, tanto de los sistemas económicos como los políticos, los campos extensos de la cultura, de la civilización y del desarrollo. No temáis.”  No temamos. Combatamos los nobles combates de la fe, hasta que se establezca en España y ene l mundo entero el Reino Social de Nuestro Señor Jesucristo. ¡Nada sin Dios! Todo impregnado de la ley evangélica de Cristo Rey.

Pilato mandó colocar en la cruz de Cristo una tablilla con estas palabras: “Jesús Nazareno Rey de los Judíos” Se quedó corto. Porque Jesús es rey de todos los hombres, de todos los pueblos, de todas las naciones: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra”. Los males que sufre hoy la humanidad tienen su origen en el rechazo de la realeza de Nuestro Señor Jesucristo y en las implantaciones del totalitarismo democrático.

San Pío X condenó el movimiento francés “Le sillón” abanderado de la democracia contemporánea, porque los demócratas llegan al grado de perversidad de atribuir la soberanía al pueblo. ¡El único soberano es Cristo! Por ello, el Papa dice: “No se levantará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos, no; la civilización no está por inventar, ni la ciudad nueva por construir en las nubes. Ha existido, existe; es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de instaurarla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana de la revolución y de la impiedad: Omnia instaurare en Cristo” (Nostre charge apostolique, 11)

El Vicario de Cristo, León XIII ya lo había dicho: “Cristo es el Rey y Señor de todo el universo” Y el Papa que convocó el concilio ecuménico Vaticano II, beato Juan XXIII escribió en su encíclica Mater et Magister el 15 de mayo de 1961: “el aspecto más siniestramente típico de la época moderna consiste en una absoluta tentativa de querer reconstruir un orden temporal sólido y fecundo prescindiendo de Dios, único fundamento en que puede sostenerse “…”Sin embargo, la experiencia cotidiana, en medio de los desengaños más amargos y aúna veces entre formas sangrientas, sigue atestiguando lo que afirma el libro inspirado: “Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los que la edifican.”

El afán de España para edificar la casa de Dios, el Reinado Social de Jesucristo, es único y trascendental en la historia de la Iglesia. Hemos combatido contra los enemigos de Cristo y su Iglesia en la Reconquista contra el Islam, en Lepanto contra el truco, contra el protestantismo en Europa, contra la Revolución Francesa, contra el comunismo… Hoy casi la mayoría de los católicos rezan en español. “La evangelización del Nuevo Mundo, es una obra sin par” (beato Juan Pablo II) L’Office Internacional de París tiene como ideal la instauración del Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo. Disertaba uno de sus conferenciantes sobre el tema. Fue interpelado por un tontico que le dijo: “pretendéis una utopía. ¿Cuando ha reinado Jesucristo en la sociedad civil?” Contestación del orador francés: “Cristo reinó en la sociedad civil en la España imperial”.

Ideal que persiste hoy en hombres y mujeres españoles. Queremos que Cristo reine en España y en todo el mundo. Realeza social de Cristo que se conseguirá con el restablecimiento de la verdad en el orden natural y sobrenatural. Verdad que debe inspirar las leyes civiles de los estados, santificar las costumbres de los pueblos, iluminar las enseñanzas en los colegios, institutos y universidades. Verdad que podemos conocer todos los bautizados estudiando la Doctrina social y política de la Iglesia.

 

En una de sus visitas a España, el beato Juan Pablo II, nos dijo: “es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica”. Somos hijos de una raza de héroes, santos y mártires. Miles de nuestros compatriotas murieron defendiendo el Reinado Social de Cristo en España. Murieron gritando la jaculatoria “¡Viva Cristo Rey!”. Ya el 1 de Julio de 1937 nuestros obispos escribían en su carta colectiva: “contamos los mártires por millones”. Sea ese grito sagrado nuestra consigna en esta guerra de Dios que estamos viviendo: ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA MARÍA REINA!

 

 

P.Manuel Martínez Cano mCR

Deseos y Virtudes santos

12 jueves Sep 2013

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deseos, Manuel Martínez Cano, nuevo doctor de la Iglesia, Padre del Cielo, san juan de ávila, Santo Padre Francisco, santo Tomás de Aquino, Santos, Señor, virgen santísima, virtudes

Nuestro nuevo doctor de la Iglesia, san Juan de Ávila, dice que hay personas que en sueños parece que hacen grandes cosas pero que despiertos lo hacen todo al revés. Los sueños, sueños son. No son verdaderos propósitos. El santo exclamaba: ¡Ay de estos que se pasan toda la vida en deseos, y les haya la muerte sin obras! Porque no sólo no les aprovecharán los deseos que tuvieron, antes serán castigados, porque no realizaron las buenas inspiraciones que el Señor les dio.

El Señor quiere que tengamos grandes deseos de practicar las virtudes porque, lo que se desea poco, cuando se recibe, se le tiene en poco. Así las almas se van enfriando hasta caer en la tibieza. San Buenaventura dice que hay personas que tienen buenos propósitos pero que nunca se vencen a sí mismas. En realidad, no son auténticos propósitos sino veleidades: quieren, pero no quieren. “Desea el perezoso, pero nada logra” (Prov. 13, 4)

Si los buenos deseos y propósitos no se pueden realizar sin culpa propia, el Señor los tiene muy presentes y los acepta como realizados. Estamos en las manos y en el corazón de nuestro Padre del Cielo, infinitamente misericordioso. Nada hay que debamos temer:  “El que tenga sed que venga a Mí, y beba” (Jn 7, 37) Sólo tenemos que dar los pasas necesarios. Porque más desea el Señor comunicarnos sus gracias actuales que nosotros recibirlas.

Los santos nos dicen que en el camino de la virtud el no avanza retrocede. Debemos andar al ritmo que nos marca el Señor: “Quien dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo”. (1 Jn 2, 6) Siempre contracorriente como nos exhorta el Santo Padre Francisco. Sobrealimentando  el alma con la oración, el sacrificio y la frecuencia de los sacramentos. Combatiendo los nobles combates de la fe como lo hicieron todos los santos: “El Reino de los Cielos padece violencia y los esforzados son los que lo arrebatan” (Mt. 11, 12) Contra las pasiones desordenadas, la práctica de las virtudes cristianas.

Santo Tomás de Aquino recuerda a los religiosos que viven en estado de perfección, por sus votos de pobreza, castidad y obediencia, que no son perfectos, sino que están obligados a aspirar a la perfección cristiana mediante la práctica de las virtudes teologales y morales. Religiosos, sacerdotes y seglares, estamos creados a imagen y no nos bastan los bienes temporales para calmar el deseo innato de ser felices. Necesitamos los bienes espirituales que nos alcanza la eterna bienaventuranza del Cielo.

Que la Virgen Santísima nos coja de una mano, y nos proteja, bajo su manto, para que nos enseñe a practicar las virtudes sobrenaturales que necesitamos para alcanzar la perfección cristiana a la que hemos sido llamados.

 

P. Manuel Martinez Cano mCR

Libertad y Eternidad

03 martes Sep 2013

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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concilio vaticano II, eternidad, libertad, maría

El diccionario de la Lengua Española nos dice que “libertad es la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”. Acciones que pueden ser buenas o malas, según estén o no, conformes con la ley moral. La libertad no es arbitrariedad o libertinaje. La libertad no es para pensar y hacer lo que uno quiera. La libertad está supeditada a la verdad y el bien.

Dios ha manifestado en su Revelación divina, que quiere que todos los hombres se salven; el Señor respeta siempre la libertad que le ha dado a las personas y los que quieran, en su soberbia, usar mal de su libertad pecando se condenarán, porque Dios, en su justicia divina no puede perdonar al pecador que libremente no quiere arrepentirse de sus pecados.

Los que mueran en pecado mortal, sin acogerse al amor misericordioso de Dios Padre, permanecerán eternamente separados de Dios para siempre por su propia y libre elección: “Según la común ordenación de Dios, las almas de los que mueren en pecado mortal, inmediatamente después de la muerte, bajan al infierno, donde son atormentados con suplicios infernales” (Constitución Dogmática Benedictus Deus)

Dios no predestina a nadie al infierno. Para condenarse eternamente es necesaria una aversión voluntaria a Dios, cometiendo pecados mortales, y persistiendo en ellos hasta la hora de la muerte. La doctrina de la Sagrada Escritura y las enseñanzas de la Iglesia, sobre el infierno, son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar su libertad en relación con su destino eterno. Nuestro Señor Jesucristo nos dice: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición; y son muchos los que entran por ella; más ¡qué estrecha es la puerta y que angosto el camino que lleva a la vida; y pocos son los que la encuentran” (Mt.7, 13-14)

Nadie puede dudar de la infinita misericordia de nuestro Dios y Señor, que se entregó y murió por nosotros en la cruz, para que gozáramos eternamente con El en el cielo, pero tampoco los hombres deben usar su libertad para ofender a Dios pecando. Quien desconfía de la infinita misericordia de Jesús que ha muerto por nosotros en la cruz, se cierra a sí mismo la única puerta que hay de salvación eterna.

El Concilio Vaticano ll nos recuerda que “como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Así terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra, mereceremos entrar con El en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandará ir, como siervos malos y perezosos, al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde habrá llanto y rechinar de dientes”

María, madre mía amantísima ¡llévanos contigo al Cielo!

 

P. Manuel Martínez Cano mCR

El Rey Eternal

03 martes Sep 2013

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano, Uncategorized

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amor carnal, amor desordenado, bienestar corporal, Cristo Rey, Manuel Martínez Cano, P.Cano, rey, Rey Eternal, san ignacio, slaud

La segunda parte de la meditación “del rey temporal ayuda a contemplar la vida del rey eternal… consiste, en aplicar el sobredicho ejemplo del rey temporal, a Cristo nuestro Señor, conforme a los punto dichos”

Y en cuanto al primer punto, Si tal vocación consideramos del rey temporal a sus súbditos, cuánto es más digna de consideración ver a Cristo nuestro Señor, rey eterno, y delante de Él todo el universo mundo, al cual y a cada uno llama y dice: “ mi voluntad es de conquistar todo el mundo y todos los enemigos, y así entrar en la gloria de mi Padre; por tanto, quien quisiere venir conmigo, ha de trabajar conmigo, porque siguiéndome en la pena, también me siga en la gloria.

En la primera parte de la meditación, San Ignacio dice que todos los buenos súbditos debían de seguirle, con cuánta más razón debemos seguir a este Rey eterno que nos llama a la empresa más excelente: la santificación propia y la salvación de las almas. El salmo 2,8 dice: “te daré como herencia las gentes todas y como posesión los confines de la tierra” y nuestro Rey y Señor, Jesucristo, afirma: “Me ha sido dado Todo poder en el cielo y en la tierra”. San Juan dice que Cristo: “seducía a las turbas”. Sigamos también nosotros a Cristo Rey.

Cristo Rey nos dice hoy: “Mi voluntad es de conquistar todo el mundo y todos los enemigos y así entrar en la gloria del Padre”. Sí, porque Dios Padre: “quiere que todos los hombres se salven y vengan  al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2,4). Para ser fieles a Cristo, debemos “ser perfectos como vuestro Padre es perfecto” (Mt. 5,8). Cristo nos llama al vencimiento propio, a la conquista de uno mismo, a la santidad. Debemos, pues, luchar contra el mundo, el demonio y nuestra propia carne. La empresa a que nos llama el Rey eternal no puede ser más noble y trascendental: la eterna felicidad en el cielo y el Reinado Social de Cristo en la tierra “venid conmigo”, nos dice nuestro Rey y Señor. Si vamos solos a conquistar el mundo, no haremos nada; pero con Cristo lo podemos todo. Él venció primero a sus enemigos con su muerte y resurrección ¡con Cristo seremos santos y salvaremos muchas almas! “Trabajar conmigo! Nos dice. Si, con su gracia, todo lo podemos, como san Pablo y todos los santos. “prometiste reinar en España, fiel promesa que tú cumplirás”. Sí, aunque nosotros en el combate muramos mártires ¡Cristo triunfará!

El segundo punto es: “considerar que todos los que tuvieren juicio y razón ofrecerán todas sus personas al trabajo”

¿He procedido siempre en mi vida sobrenatural con sentido común? ¡Me ha movido el juicio y la razón o la pasión desordenada? De hoy en adelante ofreceré toda mi persona al trabajo de mi santificación y la salvación de las almas. San Juan de Ávila nos dice: “No huyáis de la guerra, que sin falta veréis venir sobre vosotros el socorro del cielo. No os espanten los muchos enemigos que tenéis, más consuelos da un solo amigo que os ama que todos los enemigos os aborrecen y Él sólo puede más que todos juntos.

Los que tienen algo más que juicio y razón se entregarán en cuerpo y alma al apostolado. Si Cristo hubiera sido mezquino con nosotros ¿qué sería de nosotros? Fuera mezquindad, a Cristo hemos de darle todo, toda la vida. Cuanto mayor entusiasmo tengamos al divino llamamiento, más frutos de santidad y gloria de Dios daremos. No se trata de resistir a los enemigos del alma y de la Iglesia, sino de  combatirlos “agere de contra”, nos dice san Ignacio. El santo vivía “deseando más morir con Cristo que vivir con otro”.

Los sordos que no quieren oír el llamamiento del Rey eternal a la santidad y a la salvación de las almas, son unos locos, porque ponen en peligro su propia salvación y no quieren colaborar con Cristo para establecer su Reinado Social en la tierra.

El tercer punto es: Los que más se querrán afectar y señalar en todo servicio de su rey eterno y Señor universal, no solamente ofrecerán sus personas al trabajo, más aun haciendo contra su propia sensualidad y contra su amor carnal y mundano, harán oblaciones de mayor estima y mayor momento, diciendo…

San Ignacio nos dice que el verdadero soldado de Cristo debe ejercitarse “contra su propia sensualidad, y contra su amor carnal y mundano”. La propia sensualidad es nuestra desordenada inclinación al placer de los sentidos exteriores o interiores. A la libertad en cosas no prohibidas en el uso de la vista, el oído, el tacto; el juicio temerario, la imaginación deshonesta.

El amor carnal es buscar la comodidad del cuerpo; especialmente el amor desordenado a la salud, buscando siempre el bienestar corporal, huyendo de todo esfuerzo; que no soporta las molestias del hambre y la sed, el frio o el calor. También se ha de purificar el amor a los parientes y amigos, cuando no es puramente espiritual.

El amor mundano que hemos de combatir es el amor o lo que el mundo ama: riquezas, honores, vanagloria, lujo, diversiones… Amor mundano que siente vivamente las humillaciones, las injurias, los desprecios: “¡que cuesta! – ya lo sé. Pero ¡adelante!: “nadie será premiado –y ¡qué premio! – sino el que padece con bravura.” (San José María Escrivá)

“Pues tenemos Rey poderoso y tan gran Señor que todo lo puede y a todos sujeta, no hay que temer, andando… en verdad delante de su Majestad, no hay quien sea contra nosotros” (Santa Teresa de Jesús).

San  Ignacio termina la meditación, diciendo que los que le siguen han de hacer “oblaciones de mayor estima y mayor momento, diciendo: Eterno Señor de todas las cosas, yo hago mi oblación, con vuestro favor y ayuda, delante vuestra infinita bondad, y delante vuestra Madre gloriosa, y de todos los santos y santas de la corte celestial, que yo quiero y deseo y es mi determinación deliberada, sólo que sea vuestro mayor servicio y alabanza, de imitaros en pasar todas injurias y todo vituperio y toda pobreza, así actual como espiritual, queriéndome vuestra santísima majestad elegir y recibir en tal vida y estado.

Esta entrega a Cristo Rey consiste, además del trabajo personal en la propia santificación y en el apostolado, la entrega de los bienes de fortuna y la propia honra. El Concilio Vaticano ll dice: “todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, santidad con la cual, en la sociedad terrena, se promueve un modo de vivir más humano” (Lumen gentium, 40,2) y en el decreto Apostolicam actuositatem, el concilio nos dice: “Siendo Cristo, enviado por el Padre, fuente y origen de todo apostolado de la Iglesia, es evidente que la fecundidad del apostolado de los seglares depende de su unión vital con Cristo, porque dice el Señor: “El que permanece en Mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin Mí nada podéis hacer” (Jn 15,5; AA, 4,1)

El fin de la contemplación del Rey eternal es “hacernos prestos y diligentes para cumplir la divina voluntad” (San Ignacio)

P. Manuel Martínez Cano mCR

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“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

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