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Publicado por manuelmartinezcano | Filed under Uncategorized
24 viernes May 2013
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22 miércoles May 2013
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bandera, Cristo Rey, héroe, hombres, honor, jóvenes con honor, mujeres, vivir peligorsamente
Hombres de honor, mujeres de honor, jóvenes con honor; una Asociación
formada por jóvenes que tienen como divisa el honor. Ese es el ideal de nuestra Asociación juvenil.
Sin honor nada vale una vida. Sin honor nada vale una Asociación. Un gran estadista proponía a sus seguidores que habían sido convocados para vivir peligrosamente. Vivir peligrosamente puede ser una situación circunstancial. Vivir con honor ha de ser nuestra situación constante: vivir y morir con honor.
El honor es aquella cualidad que impulsa a proceder constantemente de conformidad con un ideal excelso de vida y de acuerdo con unas normas, las más perfectas posibles, de moralidad y de conducta. Por eso el honor no solamente nos hace hombres de bien, hombres fieles a la palabra empeñada, comprometidos en una noble y elevada empresa, sino que nos obliga en las ocasiones que se nos presentan a ser héroes. Un héroe no es más que quien ha llevado hasta el fin las exigencias de su honor.
La manera burguesa y mundana de vivir envenena las almas, hasta hacerlas incapaces de todo heroísmo, porque las vacía del sentido del honor. Pero, vosotros habéis sido llamados por Dios bajo la bandera de Cristo Rey para que le sirváis con honor, y para que vuestro proceder le honre a Él.
Ese significado tiene vuestra promesa. El joven de la Asociación se compromete con ella a una vida de honor y servicio, tras la bandera de Jesucristo, Rey y Señor de hombres, de naciones y de todo el universo.
Todos debéis aspirar a poder emitir un día la promesa que os constituye verdaderos miembros efectivos de nuestra Asociación. Y los que ya la habéis hecho debéis poner delante de vuestros ojos que remar y caminar contra corriente ha de ser lo normal de vuestra vida. Porque no habéis sido llamados a constituir un grupo de burguesitos y burguesitas complacientes, sino a vivir con honor hasta el heroísmo final.
Que el 1 de julio, fiesta de nuestra promesa en el Tibidabo, todos nos animemos a abrazarnos con una vida en la que el único peligro es vivir y morir sin honor.
Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 29, junio de 1979
22 miércoles May 2013
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asistencia a enfermos, castidad, catequesis diaria, conferencias, corte y confección, formación católica, Juan Antonio Segarra, levante español, misioneras de las doctrinas rurales, obediencia, P., P.Alba, P.Tiburcio Arnáiz, pobreza, S.I, sí, Si.I, votos
Vengo de predicar una semana en un barrio marginal de una ciudad del Levante
español. Durante dos años las Misioneras de las Doctrinas Rurales, han estado evangelizando este barrio, casa por casa. Talleres diarios de manualidades, corte y confección, teórica del carnet de conducir, alfabetización, el pastor evangélico de la zona acudió a estas clases. Y después veinte minutos de formación cristiana.
Conferencias semanales de formación católica para hombres, mujeres, niños y jóvenes; catequesis diaria, asistencia a los enfermos, acercamiento de los fieles a los sacramentos de la Penitencia, Eucaristía, Unción de los Enfermos y Confirmación. Treinta y cuatro adultos se confirmaron el día de Pentecostés. Ha quedado constituida la Asociación del Vía Crucis Viviente y el párroco se ha comprometido a seguir la evangelización de este barrio periférico con un buen grupo de sus feligreses.
Conocí a las Misioneras Rurales hace 43 años, cuando volvía de Gandía, donde hicimos los Ejercicios Espirituales de San Ignacio con el P. Juan Antonio Segarra, S.I. Las Misioneras Rurales son una Asociación de seglares consagradas a Dios con los votos de pobreza, castidad y obediencia, según el espíritu de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Su misión es enseñar la Doctrina católica a quienes por vivir en lugares aislados –cortijos, aldeas, pueblecitos sin sacerdote- carecen de la suficiente instrucción cristiana; también evangelizan suburbios o barrios alejados de las ciudades. No conozco ninguna Congregación Religiosa que se haya anticipado, en muchos años, a lo que Su Santidad Francisco llama “la evangelización de la periferia de la Iglesia”. Ciertamente, las Misioneras Rurales “huelen a oveja”.
Los fundadores de las Misioneras de las Doctrinas Rurales fueron el P.Tiburcio Arnáiz S.I., nacido en Valladolid el 11 de agosto de 1865 y muerto en olor de santidad, en Málaga, el 18 de julio de 1926. El espíritu que el P.Arnáiz inculcó a las Misioneras Rurales puede condensarse en estas palabras suyas: “Todas busquen no sus intereses, sino los de Jesucristo”, “Bien nos regala Dios cuando nos deja que lo sirvamos en sus hijos”.
La fundadora fue María Isabel González del Valle que nació en Oviedo el 2 de julio de 1889 y murió en Jerez de la Frontera (Cádiz) el 6 de junio de 1937. Sus restos mortales descansan en la Iglesia de Gibralgalia (Málaga), que fue su primera Doctrina Rural. Quienes la conocieron decían que era una santa. Transcribo unas palabras suyas:
«El Señor quiere que viva siempre dentro de Su Corazón, que esté íntimamente unida a Él, que aprenda de su Corazón, viviendo en Él, Su dulzura, Su mansedumbre, Su humildad, Su paz…». (María Isabel)
«Vivamos nada más que para Él, para sufrir y hacer redención con Él, para decir a todos el Padre que tenemos». (María Isabel)
«Para ser misionera hace falta tener una unión continua y estrechísima con Dios. Porque el instrumento sólo no hace nada si no está en las manos del Artífice». (María Isabel)
«En el Sagrario lo tengo todo y allí está también unido a Cristo todo lo que quiero en el mundo.» (María Isabel)
Las Misioneras de las Doctrinas Rurales viven en comunidad, de tres a cinco misioneras, turnándose, por semana, en el arreglo de la casa, capilla, comida, etc. Los meses de verano vuelven, desde sus destinos, a la casa madre, para su formación espiritual y humana. Viven totalmente de la Providencia, ya que no aceptan nada de las personas que evangelizan porque suelen ser pobres. Admiten Auxiliares temporales (semanas, meses, cursos) compartiendo con ellas su vida y su apostolado. De las actividades apostólicas del P. Alba, S.I., han salido cuatro Misioneras Rurales, que empezaron siendo Auxiliares.
Para más información, dirigirse a:
Misioneras de las Doctrinas Rurales
C/ Cueva Santa, 27
12526 – VILLAVIEJA (Castellón) España
Tf. 964 67 71 13
E-mail: info@mdrurales.com
P. Manuel Martínez Cano mCR
22 miércoles May 2013
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amistad, caridad, Cristo, doctrina común, dones, espíritu santo, gracias actuales, jaculatorioas, oración, oración de súplica, perfección cristiana, talentos, vida santa
Es doctrina común que el cristiano que es fiel a las inspiraciones del Espíritu
Santo, se hace digno de recibir nuevas gracias actuales. Seamos agradecidos a Dios y aprovechemos bien sus dones, los talentos que nos da abundantemente; sabiendo que por fragilidad, podemos cometer faltas que el Señor no las tiene en cuenta, porque no halla malicia en nuestros corazones. A veces tenemos distracciones en la oración, debidas a la debilidad de nuestra naturaleza caída. Reparémoslas con actos de amor a Dios y jaculatorias fervorosas; y sigamos firmes en la oración. Lo que no debemos consentir son las faltas deliberadamente hechas. Caeríamos en la tibieza, grave enfermedad espiritual.
En el trabajo físico, cuanto más se trabajan más nos cansamos. No ocurre así en el trabajo espiritual. Cuanto más rezamos bien, más consuelo y gozo siente el corazón.
La mortificación y penitencia fortalecen el alma; la generosidad ensancha el corazón. Debemos evitar las paradas en el progreso de la vida espiritual, en la práctica de las virtudes, porque se pierde el fervor y la devoción, y los corazones se enfrían y endurecen.
Hasta en las mismas sequedades y tribulaciones, las almas maduran y son felices.
La riqueza del pobre espiritual es la oración de súplica. “Pedid y recibiréis”, nos dijo el Señor. El que más suplica es el que se hace santo. Si orásemos bien no tendríamos complejos. Hay que ser exagerados en la oración. No unos ratitos al día. Vivir todo el día en espíritu de oración. Así viviremos espontáneamente, sin miedos, ni encogimientos espirituales. Súplica y contemplación. Si no se es contemplativo, nunca se olvida uno de sí mismo. Y si nos dejamos llevar por el orgullo, Dios se ausenta de nuestra vida. Lo único que vale en esta vida es lo que se hace por amor de Dios.
Siempre hemos de estar convirtiéndonos. Cada día más, más y más; hasta que Cristo llene el vacio del alma. Cuando el alma tiene experiencia de Cristo, ya está en el camino de la santidad. Sólo nos hemos de apoyar en la caridad de Cristo. Seguir a Cristo, con todas las consecuencias. Porque lo más grande que hay en este valle de lagrimas, es la experiencia del amor de Cristo y de la Virgen santísima.
Vida santa, es la vida de amistad con Cristo. Corredentor con Cristo para purificar mis pecados y los del mundo entero.
Nuestro deber es amor a Dios y al prójimo. Cuando amamos a los hermanos, amamos a Cristo en ellos. Las cosas de esta vida no tienen sentido sin caridad. La caridad que Cristo nos enseñó. Porque la caridad sin ley lleva a la corrupción. Y la ley sin caridad lleva al rigorismo. La caridad es eminentemente difusiva y fecunda. Fracasamos en la vida de perfección cristiana, cuando nos amamos a nosotros mismos desordenadamente, egoístamente. La vida espiritual es amistad con Jesús y amor al prójimo. Siempre bajo la mirada de vuestra Madre, la santísima Virgen María.
P. Manuel Martínez Cano, mCR
22 miércoles May 2013
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“El tercer punto de la meditación de los pecados es mirar quién soy yo, disminuyéndome por ejemplos:
1º, cuánto soy yo en comparación de todos los hombres; 2º, qué cosa son los hombres en comparación de todos los ángeles y santos y santas del paraíso; 3º, mirar que cosa es todo lo criado en comparación de Dios, pues yo solo ¿qué puedo hacer?; 4º, mirar toda mi corrupción y fealdad de mi cuerpo; 5º, mirarme como una llaga supurante, de donde han salido tantos pecados y tantas maldades y pus asquerosísima”.
¿Qué sucedería si yo declarase la guerra a todos los hombres? ¿Qué vale mi ciencia o mi fuerza comparada con todos los hombres? ¿El día que muera quién me echara de menos? ¿Quién notaría mi falta en España? ¡Qué estupidez creernos que valemos mucho! ¡que somos muy importantes! Vanidad de vanidades.
Comparados con los ángeles y los santos somos muy poca cosa; y, si me comparo con Dios, soy nada. Todas las cosas son delante de Él como nada. Somos llaga y pus de donde han salido muchos pecados. Cuando san Francisco de Borja salía a cualquier lugar, sentía internamente como le gritaban: “¡Al condenado!”. San Juan de Ávila: “Toda esta vida es año de probación, año de noviciado, para que se vea si sois digno de ser morador del Cielo: qué castidad habéis guardado en este tiempo, que humildad, qué amor de Dios y de los prójimos”.
“El cuarto punto es considerar quién es Dios, contra quien he pecado, según sus atributos, comparándolos con sus contrarios en mí: su sapiencia a mi ignorancia, su omnipotencia a mi flaqueza, su justicia a mi iniquidad, su bondad a mi malicia”.
La magnitud de la ofensa se mide por la dignidad y grandeza del ofendido. Y yo he ofendido a Dios muchas veces. El corazón debería reventar de dolor. ¡He ofendido a Dios tantas veces! Mi malicia ha ofendido a su bondad infinita, mi debilidad y flaqueza se ha atrevido a enfrentarse a mi Dios todopoderoso; mi maldad e iniquidad ha despreciado su justicia que “no perdonó a su propio hijo”(Rom.10,8). San Juan de Ávila: “Mirad cuán gran bofetada se da a Dios, después de haberlo conocido, trocado por cosa tan baja como es el pecado. Mirad que sois templo de Dios; guardaos limpios por honra de Aquél que en vos mora”.
Santa Maravillas de Jesús: “Dan ganas de olvidar de una vez todo el cúmulo de mis propias miserias, arrojándolas todas, las pasadas, las presentes y las venideras según se vayan presentando, a cada instante, en ese fuego consumidor del Corazón Divino”. San Antonio Mª Claret: “El pensar que el pecado no sólo hace condenar a mi prójimo, sino que principalmente es una injuria a Dios, que es mi Padre. ¡Ah! esta idea me parte el corazón de pena y me hace correr como… Y me digo: si un pecado es de malicia infinita, el impedir un pecado es impedir una injuria infinita a mi Dios, a mi buen Padre”.
“El quinto punto es exclamar admirado y con crecido afecto, recorriendo una a una todas las criaturas, cómo me han dejado con vida y conservado en ella: los ángeles, siendo espada de la justicia divina, cómo me han sufrido y guardado y rogado por mí; los santos cómo han intercedido y rogado por mí; y los cielos, sol, luna, estrellas y elementos, frutos, aves, peces y animales como me han conservado hasta ahora; y la tierra, cómo no se ha abierto para sorberme, criando nuevos infiernos para siempre pensar en ellos”.
El pecador es un monstruo de maldad. Las criaturas creadas por Dios, deberían aniquilarlo porque fueron hechas para que le ayuden a alabar y hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y él las usa para ofender a Dios. Como el fiel Abisai que, al oír a Semei insultar a su rey David, no pudo contenerse y exclamó furioso: “¿Por qué maldice ese perro muerto al Señor mi rey? ¡Voy a cortarle la cabeza!”(2 Reyes 16,9), así claman justicia ante Dios las criaturas contra el pecador. Pero la infinita misericordia de Dios las contiene y las hace que nos sirvan y nos ayuden a ser santos y volver a Él, como el hijo pródigo.
Todo lo ha ordenado Dios para mi eterna salvación. Y, para mi eterna felicidad, el Hijo de Dios se hizo hombre en las purísimas entrañas de la Virgen María y murió en la cruz por mis pecados. y fundó su Iglesia. Los sacerdotes pueden perdonar todos los pecados y darnos el Cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Dios hecho hombre; qué es el hombre para que te acuerdes de Él y le ames infinitamente. “Exclamación admirable con crecido afecto”, dice san Ignacio.
“Acabar con un coloquio sobre la misericordia que el Señor ha tenido conmigo y dando gracias a Dios nuestro Señor, porque me ha dado vida hasta ahora, y proponer enmienda con su gracia para adelante. Pater nóster”. Señor antes morir que ofenderte. Te quiero, Jesús mío, con todo mi corazón.