Hispanoamérica. La verdad 204

España resurgirá

Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

 III

REPAROS QUE A ESPAÑA PUEDEN HACERSE EN SUS CAMPAÑAS POR LA HISPANIDAD (2)

Pero España resurgirá. No aludo a ningún mesianismo, ni a ningún espasmo de orden político o social. Resurgirá porque las fuerzas latentes de su espíritu, los valores que cien generaciones cristianas han depositado en el fondo del alma nacional, vencerán la resistencia de esta costra de escorias que la oprimen, y saldrá otra vez a la superficie de la vida social el oro puro de nuestra alma añeja, la del catolicismo a machamartillo, la del sentido de jerarquía, más arraigado en España que en ninguna otra nación del mundo, la de los nobles ideales, la que ha cristalizado en obras e instituciones que nos pusieron a la cabeza de Europa.

Cuanto a América, no es un amasijo. Lo fuera si sus elementos estuvieran destrabados. Si así fuera, perecería en el caos de luchas fratricidas, o sería aventada, en frase de la Escritura, como él polvo del camino. Pero América, con toda la complejidad de sus nacionalismos, de sus razas, de sus aspiraciones, de las facetas múltiples de su espíritu, se asienta en el subsuelo uniforme de la espiritualidad que hace cuatro siglos la inoculó la Madre España.

Y ahí tenéis, anticipándome a la prueba positiva de mi tesis, el factor esencial de la unidad hispanoamericana: el espiritualismo español, este profundo espíritu católico que, porque es católico, puede ser universal, pero que, matizado por el temperamento y la historia, por el Cielo y el suelo, por el genio de la ciencia y del arte, constituye un hecho diferencial dentro de la unidad de la catolicidad, y que se ha transfundido a veinte naciones de América. Vosotros conocéis el fenómeno geológico de éstas formaciones rocosas que emergen en la tierra firme de países separados por el mar, con iguales caracteres químicos y morfológicos, y que se dan la mano y se solidarizan por debajo las aguas de Océano. Esto ocurre con vuestra patria y la mía; las aguas de cien revoluciones y evoluciones han cubierto las bajas superficies, y hemos quedado, en la apariencia, separados; pero allá, en España, y acá, en América, asoman los picachos de esta cordillera secular que nos unifica: es la cordillera de nuestra espiritualidad idéntica; son los picachos, las altas cumbres de los principios cristianos, coloreados por el sol de una misma historia y que, a través de tierras y siglos, nos consienten darnos el abrazo de fraternidad hispana.

Yo no hablaría con la lealtad que os he prometido si no resolviera otra objeción. ¿Por qué, diréis, nos habla España de unificación en la hispanidad, cuando los hijos de España desgarran su propia unidad? Aludo, claro, al fenómeno de los regionalismos más o menos separatistas, que se han agudizado con nuestro cambio de régimen político y que pudieran dañar el mismo corazón de la hispanidad.

Pero este es pleito doméstico; pleito que tiene su natural razón de ser en lo que se ha llamado hecho diferencial, no de las razas hispanas, que no hay más que una, producto de veinte siglos de historia en que se han fundido todas las diferencias étnicas, de sangre y de espíritu, de los pueblos invasores, sino de cultura, de temperamento, de atavismos históricos; pero que se han agudizado por desaciertos políticos pasados y presentes y tal vez por la acción clandestina de fuerzas internacionales ocultas, que tratan, para sus fines, de balcanizar a España, rompiendo a la vez el molde político y religioso en que se vació nuestra unidad nacional.

Mostacicas 205

«Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego vente conmigo». Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

Don Manuel

* El peor pecado es no querer conocer la Verdad.

* La vida de perfección cristiana y la vida de pasotismo total no se pueden conciliar.

* No tengamos miedo. La persecución de la Iglesia pasará. Miles de mártires poblarán el Cielo. ¡Resucitemos!

* La persecución es el tiempo propicio para nuestra santificación y, por la Cruz salvar a la Iglesia y salvar las almas.

* «El fruto del Espíritu es: amar, alegría, paz, comprensión, servicialidad, lealtad, amabilidad, dominio de sí» (Gálatas 5, 22-23-25).

* Nuestra alma está siempre inclinada a la sensualidad que lleva al pecado venial. Más tarde o temprano la lleva a pecado mortal. A combatir

* Si el fin de la democracia liberal es asesinar niños, en las entrañas de sus propias madres, no se puede votar a ningún partido. Aunque se declare de «inspiración Cristiana».

ELEVACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD

¡Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro! Ayudadme a olvidarme por completo de mí misma para establecerme en Vos, de un modo tranquilo e inmutable, como si mi alma estuviera ya en la eternidad.

Que nada sea capaz de turbar la paz de mi espíritu ni hacerme salir de Vos, ¡oh, Inmutable); sino que cada momento me haga penetrar más, hondo en, la profundidad de vuestro Misterio.

Pacificad mi alma. Estableced en ella vuestro Cielo, vuestra dulce morada, el lugar de vuestro reposo. Que yo no os deje nunca solo sino que me mantenga de continuo en vuestra compañía con todo mi ser mediante una fe viva, una adoración perfecta, una entrega total a vuestra acción creadora.

¡Oh, mi amado Jesús, Crucificado por amor!, yo quisiera ser una esposa digna de vuestro Corazón divino. Yo quisiera cubriros de gloria, yo quisiera amaros… hasta morir de amor.

Pero veo mi impotencia. Por eso suplico que os dignéis revestirme de Vos mismo, que identifiquéis mi alma con todos los movimientos de la vuestra, que me sumerjáis en Vos, que os dignéis invadir todo mi ser, que me suplantéis, a fin de que mi vida no sea sino una irradiación de vuestra Vida. Estad en mí como Adorador, como Reparador, como Salvador.

¡Oh, Verbo eterno, Palabra de mi Dios!, yo quiero pasar mi vida escuchándoos: yo quiero prestar oídos dóciles a vuestras enseñanzas, para que Vos seáis mi único Maestro. Y, luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas las debilidades, quiero mantener mis ojos clavados en Vos y permanecer bajo el influjo de vuestra luz magnifica. Oh, Astro mío, amadísimo, fascinadme de suerte que ya no me sea dado salir del marco de vuestra irradiación divina.

 ¡Oh, Fuego abrasador (Dt 4,24), Espíritu de Amor! descended a mí para que se realice en mi alma una especie de Encarnación del Verbo. Que yo sea para Él una especie de humanidad complementaria en la cual pueda Él renovar su Misterio.

Y Vos, ¡oh Padre eterno!, dignaos inclinaros hacia esta pobrecita criatura vuestra sin que vuestros ojos vean en ella otra cosa que a Vuestro Hijo muy amado, en el cual tenéis vuestras complacencias (Mt 3, 17).

Oh mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad Infinita Inmensidad en que me pierdo, yo me entrego a Vos como una presa de amor; sumergíos Vos en mí para que yo me sumerja en Vos, en tanto que llega el momento de ir a completar en vuestra luz el Abismo de vuestras grandezas.

Santa Isabel de la Santísima Trinidad