“La eternidad sólo nos la da Dios”

Niño Jesús - Gloria in excelsis DeoEl hombre busca la eternidad por medio de la ciencia pero la eternidad sólo nos la da Dios. Llegará un tiempo en el que viviremos eternamente con Él.

En el mundo posmoderno la eternidad se ha convertido en un asunto comercial. En el mejor de los mundos la caridad desaparecerá, porque todo el mundo será fuerte y sano. Un infierno en la tierra.

La Iglesia no tiene derecho a ser mediocre. Si se niega a denunciar los sueños prometeicos de nuestro tiempo, falta gravemente a su misión divina. Si no pone ningún remedio a las derivas transhumanistas, traiciona a Cristo. Si se adapta a los tiempos se aleja de Dios. El peligro es grave.

 (…) Hay que escuchar a Dios. Aceptar nuestra finitud. A través de la Encarnación, Cristo nos enseña que el camino de la felicidad no consiste en negar nuestra condición de criatura. No: Él ha venido a encarnarse. Él nos enseña el camino. Él es el hombre perfecto. Y no ha querido prescindir de ninguno de los límites de nuestra condición humana. (…) Cristo nos enseña que la misma muerte puede dar paso a la vida eterna si la aceptamos. La ideología transhumanistas está inspirada por la triste tentación de imitar la Resurrección. Solo Dios hecho hombre puede vencer la muerte.

Cardenal R. Sarah, Se hace tarde y anochece, p. 265-266

Miguicas 220

Padre Martínez m.C.R.

Sagrada Familia - Reyes Magos - Pastor* El Nuevo Orden Mundial es un desorden bestial. Su fundamento es: «Haz lo que quieras». Satánico.

* Se ha escrito que la locura se va extendiendo por el Vaticano. Yo pienso que es locura y satanismo.

* La democracia promete tantos bienes para el futuro que hay que tener pechuga de elefante para tragárselo.

* «El ataque a la familia, y más especialmente a la familia cristiana, es ataque contra Dios» (Mercedes Palet Fritschi).

* A quienes les han inculcado el odio en el entendimiento y en la voluntad los han inutilizado para amar y vivir en la verdad.

* Es muy sencillo. Los fundamentos de la civilización cristiana son: religión, patria, familia. Los democráticos, cada uno tiene los suyos.

* «La felicidad plena y sin término la hallaremos en el Reino celestial, donde no existirá ya el temor a la muerte, sino la vida sin fin» (San Cipriano).

El octavo día 15 – VERDAD, HUMILDAD, UNIDAD I

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

Mons. D. José Guerra Campos - entrevistadoConsideramos la otra semana un alegato contra la profesión de las verdades de la fe, en nombre de la vida; otros se hacen en nombre de la humildad y de la unidad.

En nombre de la humildad: «no está bien presumir de poseer la verdad»; «nadie posee la verdad entera»; “sería una falsa seguridad”…

Pero la adhesión a las verdades de la fe, cuando es auténtica, es una obediencia humilde, una aceptación de la revelación de Cristo con la actitud de quien recibe un don de Dios. No presumimos de nuestra verdad.

Cuando presentamos la verdad a los demás, no les invitamos a que reconozcan nuestra superioridad mental; sencillamente, les señalamos la presencia de ese don que a todos se ofrece y que todos debemos acoger con humildad gozosa. Mostrar con solicitud la verdad y estimular a su reconocimiento no es atacar la libertad, es favorecerla, fomentando su movimiento hacia el bien, sin ninguna coacción, sin trabar para nada la iniciativa creadora en el ancho campo de lo opinable, y, además, compatible con la comprensión respetuosa hacia quienes buscan de buena fe.

Se habla mucho, incluso entre los creyentes, del riesgo y la aventura de la fe, como si el paso a la fe fuese a manera de un salto desde un lugar tranquilo y luminoso a una zona de oscuridad y de vacío. Es lo contrario: desde la desorientación y la inseguridad, entre las sombras, en la misma noche, descubrimos una luz que nos guía, que nos permite vislumbrar lo que de verdad somos y podemos esperar. La Carta a los hebreos dice que «la fe es una garantía -una firme seguridad- de lo que esperamos» (1). Y el apóstol San Pedro, por su parte, explica que la fe es como «una lámpara que luce en lugar tenebroso hasta que luzca el día y el lucero se levante en nuestros corazones» (2). No es mediodía, pero es mucho más que la noche cerrada.

Notas:

(1) Heb. 11, 1.

(2) 2ª Pe. 1, 19.