Padre Manuel Martínez Cano mCR.
Vamos hacia Navidad y vamos a prepararnos un poquico siguiendo las huellas del Evangelio. San Ignacio de Loyola nos dice que para meditar los misterios de la vida de Cristo, revivamos la escena. No solo viendo las personas, como en una proyección; y oyendo lo que dicen las personas, como si escuchara la radio; y viendo lo que hace, como quien contempla el cine; sino tomando parte en la escena: representando el papel de Jesús, escuchándolo en el monte de las Bienaventuranzas, contemplándolo al pie de la cruz. Después reflexionar sobre sí mismo, para ordenar nuestra vida, para corregir nuestras afecciones desordenadas y seguir a Jesús, imitándole.
San Ignacio dice que «Las Tres divinas personas miraban toda la planicie o redondez de todo el mundo llena de hombres, y cómo viendo que todos descendían al infierno, se determina en su eternidad que la segunda persona se haga hombre para salvar el género humano».
Dios había castigado a su Pueblo Israel con el diluvio universal, con el fuego de Sodoma y Gomorra, con la esclavitud. Parecía como si Dios preparaba otro castigo. Pero no fue así Las Tres divinas personas movidas por su infinita misericordia deciden hacer la redención del hombre. En medio de aquella sociedad podrida, comenzó a subir un día al Cielo un incienso perfumado, un aroma de pureza, de todas las virtudes. Dios miró a la tierra y contempló a la Niña Hermosa de Nazaret María Santísima; era tan santa que arrancó de los cielos al mismo Hijo de Dios, encarnándolo es sus purísimas entrañas, haciéndole hijo suyo. «Cuando más abundó el pecado tanto más abundó la gracia. (Romanos 5, 20).
Con santa curiosidad asómate a la ventana de la casa de Nazaret y contempla a la Niña Hermosa en oración ¡Qué hermosos ojos!: «En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. Y María dijo al ángel: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”. El ángel le contestó: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible”. María contestó: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.
Y el ángel se retiró. (San Lucas 1, 26-38).
Y Dios se hizo hombre ¡por mí! El verbo, la Segunda persona de la Santísima Trinidad, se ofrece para reparar los pecados de los hombres y aplacar la justicia de Dios Padre «Hágase en mi según tu palabra». No según mi capricho, gustos, comodidades, modas, políticas; no según lo que diga el mundo, sino siempre según tu voluntad, Señor.
¡Hermano de Jesús! ¡Hijo de María! A quién vamos a temer. Protestantes que me leéis: la Virgen María es la Madre de Dios.
Lo mismo que hubo en el pueblo falsos profetas, también habrá entre vosotros falsos maestros que propondrán herejías de perdición y, negando al Dueño que los adquirió, atraerán sobre sí una rápida perdición. Muchos seguirán su libertinaje y por causa de ellos se difamará el camino de la verdad. Y por codicia negociarán con vosotros con palabras artificiosas; su sentencia está activa desde antiguo y su perdición no duerme. En efecto, Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que, precipitándolos en las tenebrosas cavernas del infierno, los entregó reservándolos para el juicio; y no perdonó al mundo antiguo provocando el diluvio sobre un mundo de impíos, aunque preservó a Noé, el pregonero de la justicia, y a otros siete; condenó a la catástrofe a las ciudades de Sodoma y Gomorra, reduciéndolas a ceniza y dejándolas como ejemplo para los impíos del futuro; libró al justo Lot, acosado por la conducta libertina de los corruptos —pues este justo, con lo que veía y oía de aquellos con quienes convivía, sentía atormentada su alma justa por sus obras inicuas—. Así pues, bien sabe el Señor librar de la prueba a los piadosos y guardar a los impíos para castigarlos en el día del juicio,
La libertad de enseñanza se llama cheque escolar, que es el único método por el que se le retira el poder a los políticos, a los empresarios, a los sindicatos de profesores y se le otorga al único que debe poseerlo: los padres. (Eulogio López – HISPANIDAD)
* Cristo fundó la Iglesia Católica para la salvación de las almas. No para ser «animadora de» la humanidad.
El Obispo Joseph Strickland, de la diócesis de Tyler (Texas – EE.UU.), expresó el poderoso mensaje del plan de Dios para la vida humana, en su homilía del domingo 24 de junio, en la solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista.