Una Epopeya misionera
Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R
Sentido misionero de la conquista y colonización de América (14)
Espíritu misionero de los descubridores y conquistadores
Núñez de Balboa tuvo un ademán de profundo creyente al encontrarse por primera vez al otro lado de América central, con un inmenso océano.
“Volvióse incontinenti la cara hacia la gente, muy alegre alzando las manos y los ojos al cielo, alabando a Jesucristo y a su gloriosa Madre, la Virgen Nuestra Señora; y luego hincó ambas rodillas en tierra… y mandó a todos los que con él iban que asimismo se hincasen de rodillas, y diesen las mismas gracias a Dios, y le suplicasen con mucha devoción que les dejase ver y descubrir los grandes secretos y riquezas que en aquella mar y costas había y se esperaban, para ensalce mayor y aumento de la fe cristiana y de la conversión de los naturales indios de aquellas partes australes… Todos lo hicieron así muy de grado y gozosos, y en el continente hizo el Capitán cortar un hermoso árbol, del que se hizo una Cruz alta, que se hincó y fijó en aquel mismo lugar y monte alto. Todos cantaron aquel canto de los gloriosos santos doctores de la Iglesia, Ambrosio y Agustín, así como un devoto clérigo, llamado Andrés de Vera, que en esto se halló, lo cantaba con ellos, con lágrimas de muy alegre devoción, diciendo: Te Deum laudamus”.
De Soto, el descubridor de Florida, a quien tan malparado deja Las Casas, sabemos por el mismo Fernández de Oviedo que, a poblado indígena que llegaba, a poblado que explicaba ardorosamente nuestros santos misterios.
“Llegaron al pueblo del señor, y pusiéronles en el cerro del pueblo una cruz, e informáronlos con la lengua (intérprete) de la santidad de la Cruz; y recibiéronla, con mucha devoción a lo que los mostraban. Desde allí envió mensajeros a llamar a Ocute, y él vino… y púsoles una cruz allí en Altamaha, y fue bien recibida… El viernes llegaron al pueblo de Ocute… y púsoles una Cruz; recibiéronla de rodillas, como veían que los cristianos lo hacen”.
Pero, ¿para qué seguir citando? En cada conquistador, por más libertino que le supongamos, encontramos siempre un cristiano convencido, hijo de una época y de un pueblo de fe, que no olvida nunca que la Redención es universal, y que el indio es un hermano, destinado, como él, a la vida eterna. De ahí la común y constante preocupación de los hombres de la conquista por llevar los indígenas al conocimiento de Jesucristo.
Tan cristianas disposiciones atribuía Pío XII a la serie de capitanes, “esforzados paladines”, que sometieron el reino de Nueva Granada.
“Colombia es un pueblo de vieja civilización cuya historia Nos mismo hemos unido muchas veces a la de aquellos antiguos y esforzados paladines—Quesada, Ojeda, De la Cosa, Belalcázar—, a cuyo impulso heroico cedieron las primeras puertas del Mundo Nuevo”. (Cf. Disc, y Radio- mensajes, 14-XI-1950.)
(Radiomensaje al I Congreso de Obras Católicas de Colombia, 20-VI-1952.)
* La negación de la realidad es diabólica.
Pablo no conoció a Cristo comenzando por los estudios teológicos, aunque luego fue a ver cómo en la Escritura estaba anunciado Jesús. A la pregunta que podemos hacerle: «Pablo, ¿quién es Cristo para ti?», él contará su propia experiencia, sencilla: «Me amó y se entregó por mí». Y Pablo quiere que esa experiencia la tengan los cristianos -en este caso los cristianos de Éfeso-, y entren en esa experiencia hasta que cada uno pueda decir: «Me amó y se entregó por mí”, pero decirlo con la experiencia propia. El Apóstol dice: «que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios».
La realeza de Cristo es dogma fundamental de la Iglesia y a la par canon supremo de la vida cristiana.