Papa Francisco

San Mercurio de Capadocia - MártirPablo no conoció a Cristo comenzando por los estudios teológicos, aunque luego fue a ver cómo en la Escritura estaba anunciado Jesús. A la pregunta que podemos hacerle: “Pablo, ¿quién es Cristo para ti?”, él contará su propia experiencia, sencilla: “Me amó y se entregó por mí”. Y Pablo quiere que esa experiencia la tengan los cristianos -en este caso los cristianos de Éfeso-, y entren en esa experiencia hasta que cada uno pueda decir: “Me amó y se entregó por mí”, pero decirlo con la experiencia propia. El Apóstol dice: “que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios”.

Cardenal Carlos Osoro Sierra

El 2 de febrero la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Con este motivo, quiero acercarme a quienes vivís esta consagración al servicio de la Iglesia y de todos los hombres, y también a todos aquellos miembros de la Iglesia que sentís que el Señor os está llamando a vivir esta vida, que es el compromiso por hacer una “presencia de Cristo en el mundo”. ¡Qué parábola más bella hacéis con vuestra vida de Dios con nosotros! Gracias de corazón por vuestra entrega concreta como consagrados, en todas las latitudes de la tierra, para regalar el amor del Señor y convertiros así en signo elocuente de presencia del Reino de Dios para el mundo de hoy.

Cardenal Carlo Caffarra

Si ignoramos cuál es nuestro fin último, nuestra meta definitiva; si no sabemos de dónde venimos; si no sabemos el camino que nos lleva a vivir una vida buena, verdadera, bella, somos como ciegos que caminan sin ninguna guía. Dios quiere que cada uno de nosotros se salve y, para ello, quiere darnos a cada uno el conocimiento de la verdad necesaria para la salvación… Quien persigue y quien es perseguido, quien asesina y quien es asesinado, quien comete injusticias y quien las sufre, no pueden acabar del mismo modo. La muerte no puede ser un borrador que lo borra todo, sino una reparación que restablezca el derecho. En la historia, la última palabra no tiene que tenerla la injusticia. Existe un juicio de Dios y habrá una resurrección por la vida y una resurrección por la muerte.

Cardenal Robert Sarah

“recibir la Comunión en la mano sin duda implica una gran dispersión de fragmentos. Por el contrario, la atención a las migas más pequeñas, el cuidado en purificar los vasos sagrados, no tocar la Hostia con las manos sudorosas, todo se convierte en profesiones de fe en la presencia real de Jesús, incluso en las partes más pequeñas de las especies consagradas: si Jesús es la sustancia del pan eucarístico, y si las dimensiones de los fragmentos son solo accidentes del pan, ¡es de poca importancia cuán grande o pequeña es una pieza de la hostia! ¡La sustancia es lo mismo! ¡Es Él! Por el contrario, la falta de atención a los fragmentos nos hace perder de vista el dogma. Poco a poco, el pensamiento puede prevalecer gradualmente: “Si incluso el párroco no presta atención a los fragmentos, si administra la comunión de tal manera que los fragmentos se puedan esparcir, entonces significa que Jesús no está en ellos, o que Él está hasta cierto punto”.

Obispo Juan Antonio Reig Pla

Ha sido la luz de la fe católica la que ha proporcionado a Gabriele Kuby esta clarividencia manifiesta en su libro. A esta clarividencia se añade el conocimiento de los datos y procesos de la “revolución sexual” que ella conoce por haber sido militante del feminismo radical y que después ha profundizado y ampliado hasta ofrecernos en su obra los detalles más precisos sobre los orígenes, desarrollo y la agenda global de esta revolución. De todo ello nos propone un riguroso análisis y, a la vez, un testimonio confesante de las consecuencias devastadoras de esta revolución sexual.

San PÍO X

Pascendi Dominici Gregis  (69)

Los tres primeros cánones de dichos historiadores o crítico son aquellos principios mismos, que hemos atribuido arriba a los filósofos; es a saber: el agnosticismo, el principio de la transfiguración de las cosas por la fe, y el otro, que Nos pareció podía llamarse de la desfiguración. Vamos a ver las conclusiones de cada uno de ellos. Según el agnosticismo la historia, no de otro modo que la ciencia, versa únicamente sobre fenómenos. Luego, así Dios como cualquier intervención divina en lo humano, se han de relegar a la fe, como pertenecientes tan sólo a ella. Por lo tanto, si se encuentra algo que conste de dos elementos, uno divino y otro humano -como sucede con Cristo, la Iglesia, los Sacramentos y muchas otras cosas de ese género-, de tal modo se ha de dividir y separar, que lo humano vaya a la historia, lo divino a la fe.