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Para la Historia: Respuesta a la Carta Colectiva del Episcopado Español X

24 miércoles Abr 2013

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Mensaje del Episcopado de Irlanda

Venerables Hermanos:

No puede leerse sin profunda emoción la noble y tierna Carta dirigida por Sus Excelencias al Episcopado católico del mundo. Es un documento de excepcional dignidad y serena sobriedad de expresión, animado enteramente del auténtico espíritu de caridad cristiana. En él campea una gallarda vindicación de la Venerable Iglesia de España, de los odios y calumnias acumulados sobre ella por los enemigos de las creencias cristianas y una noble respuesta a las tergiversaciones con que un gran sector de prensa intenta desdibujar los bandos e ideologías en el lamentable conflicto que agita furiosamente ese desolado país.

En una simple exposición de los hechos, y con un sereno y autorizado análisis de la situación, exento de vehemencias y retóricas recursos, habéis dado al mundo el sentido de la verdad en un lenguaje preciso y contundente, haciendo poderosa llamada a la conciencia de la Humanidad y al último veredicto de la Historia. La impresionante sinceridad de esta oportuna llamada debe mover no solamente a quienes participen de las creencias católicas, sino también a todo el que conserve un sentido de rectitud y justicia natural.

Nosotros reconocemos, Venerables Hermanos, la cruel injusticia que se ha hecho a los católicos de España por una gran parte de la prensa mundial, tendenciosa en general -con honrosas excepciones- en la manera de presentar el origen y desarrollo de la presente trágica situación de su amado país. Nosotros conocemos y nuestro pueblo sabe que, merced a la tendenciosa y malévola interpretación de los hechos, se ha dado plena publicidad a las falsas propagandas de sus enemigos, mientras que se ha mantenido una innoble conspiración de silencio sobre cosas que podrían contradecirlas; la prensa mundial ha desviado gravemente la opinión de las naciones desde el comienzo de la guerra civil de España acerca de sus causas primeras y los términos precisos de cada momento del conflicto. Nosotros podemos asegurar a sus Excelencias que, a pesar de esto, nuestro fiel pueblo irlandés ha interpretado en su verdadero sentido el caso, ayudado por la prensa católica y nacional irlandesa, así como por folletos ampliamente divulgados, y que la gran mayoría de él ha manifestado su simpatía hacia la católica España y su Jerarquía, Clero, religiosos y seglares católicos. Nosotros y todo nuestro pueblo hemos quedado profundamente emocionados por los relatos de los indecibles vejámenes infligidos a tantos Obispos, sacerdotes, religiosos y seglares, a vista del cruel martirio a que han sido sometidos tan gran número de ellos, de fa total destrucción de tantos templos y conventos y del vandalismo con que han sido destrozados para siempre los tesoros artísticos que encerraban.

Será para Sus Excelencias de algún consuelo saber que empieza a prevalecer la verdad sobre la situación de España aun en el país vecino, donde se ha formado una comisión de no católicos para ilustrar al pueblo, tendenciosamente informado por la propaganda enemiga, y poner los hechos en su verdadera luz, mostrándoles a su vez que no es solamente la causa de la Iglesia en España lo que se ha puesto hábilmente en juego en el presente conflicto, sino la totalidad del ideal cristiano, sobre el que gravita la civilización de Europa, y los mismos valores básicos humanos, que son la natural herencia de una raza.

La serena y digna exposición contenida en la Carta de Sus Excelencias, tenazmente silenciada en una prensa injusta y mal intencionada, contribuirá poderosamente en el folleto que se ha puesto al público a disipar las nubes de la ignorancia y los prejuicios de ciertos medios, y a orientarlos para que todos vean en adelante la clara luz de la verdad. Asimismo, la difusión de la Carta hará gran servicio entre un pueblo que se estima a sí mismo y está convencido de la justicia de su causa, porque muestra ante todo la horrible realidad, los desastrosos resultados de la falsa doctrina que intenta propagarse con satánica energía por todos los pueblos del mundo.

No podemos diferir por más tiempo, Excmos. Sres., la expresión de nuestra profunda admiración por el heroísmo de los nobles mártires que con sus Obispos, Clero, religiosos y fieles seglares han sentido la bárbara persecución desatada sobre sí y en que tantos han hecho el sacrificio usque ad sanguinem por su Fe. Nosotros rogamos una vez más que pueda cumplirse el viejo dicho sanguis martyrum semen Ecclesiae; que las nobles palabras de caridad y perdón, con que cierran su carta, y aquella sangre generosa aboguen ante Dios por los españoles extraviados, que seducidos por falsas doctrinas han causado tan incalculable daño a su Patria, y que de esta sangre. Y de estos dolores la Divina Providencia se valga para conducir a renovada y vigorosa vida a la noble nación española y a la gloriosa Iglesia de España, para honor de Su Santo Nombre Y continuidad próspera del pueblo español.

Firmado en nombre de los Obispos de Irlanda, † Cardenal Macrory, presidente; † J. Kinane, secretario.

Dublín, 12 octubre de 1937.

Imitación de Cristo XII

13 miércoles Mar 2013

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Capítulo 18

De los ejemplos de los santos padres

1. Considera bien los heroicos ejemplos de los santos padres, en los cuales resplandeció la verdadera perfección y religión, y verás cuán poco, o casi nada, es lo que hacemos.
¡Ay de nosotros! ¿Qué es nuestra vida comparada con la suya?
Los santos y amigos de Cristo sirvieron al Señor en hambre y en sed, en frío y desnudez, en trabajos y fatigas, en vigilias y ayunos, en oraciones y santas meditaciones, en persecuciones y muchos oprobios.

2. ¡Oh, cuán graves y cuántas tribulaciones padecieron los apóstoles, mártires, confesores, vírgenes y todos los demás que quisieron seguir las pisadas de Cristo!
”Pues en este mundo aborrecieron sus vidas para poseer sus almas en la vida eterna” (Jn 12,25).
¡Oh, cuán estrecha y retirada vida hicieron los santos padres en el yermo! ¡Cuán largas y graves tentaciones padecieron! ¡Cuán de ordinario fueron atormentados del enemigo! ¡Cuán continuas y fervientes oraciones ofrecieron a Dios! ¡Cuán rigurosas abstinencias cumplieron! ¡Cuán gran celo y fervor tuvieron en su aprovechamiento espiritual! ¡Cuán fuertes peleas pasaron para vencer los vicios! ¡Cuán pura y recta intención tuvieron con Dios!

3. De día trabajaban, y por la noche se ocupaban en larga oración; aunque trabajando, no cesaban de la oración mental.
Todo el tiempo lo gastaban bien; las horas les parecían cortas para darse a Dios, y por la gran dulzura de la contemplación, se olvidaban de la necesidad del mantenimiento corporal.
Renunciaban todas las riquezas, honras, dignidades, parientes y amigos; ninguna cosa querían en el mundo; apenas tomaban lo necesario para la vida, y les era pesado servir a su cuerpo aun en las cosas más necesarias.
De modo que eran pobres de lo temporal, pero riquísimos en gracia y virtudes.
En lo de fuera eran necesitados, pero en lo interior estaban con la gracia y divinas consolaciones recreados.
Ajenos eran al mundo, mas muy allegados a Dios, del cual eran familiares amigos.
Teníanse por nada en cuanto a sí mismos, y para nada con el mundo eran despreciados; mas en los ojos de Dios eran muy preciosos y amados.
Estaban en verdadera humildad; vivían en sencilla obediencia; andaban en caridad y paciencia, y por eso cada día crecían en espíritu y alcanzaban mucha gracia delante de Dios.
Fueron puestos por dechados a todos los religiosos, y más nos deben mover para aprovechar en el bien que no la muchedumbre de los tibios para aflojar y descaecer.

4. ¡Oh, cuán grande fue el fervor de todos los religiosos al principio de sus sagrados institutos!
¡Cuánta la devoción de la oración! ¡Cuánto el celo de la virtud! ¡Cuánta disciplina floreció! ¡Cuánta reverencia y obediencia al superior hubo en todas las cosas!
Aun hasta ahora dan testimonio de ello las señales que quedaron de que fueron verdaderamente varones santos y perfectos los que, peleando tan esforzadamente, vencieron al mundo.
Ahora ya se estima en mucho aquel que no quebranta la Regla, y con paciencia puede sufrir lo que aceptó por su voluntad.

5. ¡Oh tibieza y negligencia de nuestro estado, que tan presto declinamos del fervor primero, y nos es molesto el vivir por nuestra flojedad y tibieza!
¡Pluguiese a Dios que no durmiese en ti el aprovechamiento de las virtudes, pues viste muchas veces tantos ejemplos de devotos!

10 Reflexiones Luminosas

27 miércoles Feb 2013

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Desde ahora nos adherimos plenamente a quien vaya a ser elegido como próximo Papa, aún sin saber su nombre, su obispo20munillaprocedencia u otras circunstancias. Os pido que ya recéis por él, que nos unamos todos en la oración por el futuro Romano Pontífice: Se trata de una actitud de fe, sabiendo que el Espíritu de Dios nos conduce a través de las mediaciones humanas, e incluso por encima de ellas. En medio de tantas quinielas y de comentarios ‘politizantes’ ajenos a la vida de la Iglesia, nuestra confianza en el Espíritu Santo nos preserva de los peligros a los que alude San Pablo ya en el siglo primero de la Iglesia: «Y os digo esto porque cada cual anda diciendo: «yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo». ¿Acaso está divido Cristo?.» (Cfr. 1 Co 1, 12-13). Me permito insistir: la adhesión de los católicos al Papa es previa a haberle conocido, porque es una adhesión en la fe, en la esperanza y en la caridad.

Como todavía estamos a tiempo de recibir de Benedicto XVI su gran legado, quisiera concluir con una selección de diez ‘perlas’, diez reflexiones luminosas ofrecidas por el todavía Papa, en el ejercicio de lo que muchos han calificado como una «pastoral de la inteligencia»:

• «Donde Dios no ocupa el primer lugar, corre peligro la dignidad del hombre».

• «Cuando el hombre se aparta de Dios, no es Dios quien le persigue, sino los ídolos».

• «Una fe que nosotros mismos podemos determinar, no es en absoluto una fe».

• «La razón no se salvará sin la fe, pero la fe sin la razón no será humana».

• «Cuando la política promete ser redención, promete demasiado. Cuando pretende hacer la obra de Dios, pasa a ser, no divina, sino demoníaca».

• «El laicismo se está convirtiendo en una ideología autoritaria e intolerante».

• «No es la ciencia la que redime al hombre. El hombre es redimido por el amor».

• «Hay quien afirma que el respeto a la libertad del individuo hace que sea erróneo buscar la verdad. Pero, ¿qué objeto tiene entonces la libertad?».

• «Las cuentas sobre el hombre, sin Dios, no cuadran; y las cuentas del universo, sin Dios, tampoco cuadran».

• «La cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma; del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico romano».

 

+ José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián

Imitación de Cristo III

16 miércoles Ene 2013

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Capítulo 3

De la doctrina de la Verdad

1. Bienaventurado aquel a quien la Verdad por sí misma enseña, no por figuras y voces que se pasan, sino así como es.
Nuestra estimación y nuestro sentimiento a menudo nos engañan y conocen poco.
¿Qué aprovecha la gran curiosidad de saber cosas oscuras y ocultas, pues que del no saberlas no seremos en el día del juicio reprendidos?
Gran locura es que, dejadas las cosas útiles y necesarias, entendemos con gusto en las curiosas y dañosas. Verdaderamente, teniendo ojos, no vemos.
¿Qué se nos da de los géneros y especies de los lógicos?
Aquel a quien habla el Verbo eterno, de muchas opiniones se desembaraza.
De este Verbo salen todas las cosas. Y todas predican este Uno, y este es el Principio que nos habla (Jn 8,25).
Ninguno entiende o juzga sin Él rectamente.
Aquel a quien todas las cosas le fueren uno, y las trajere a uno, y las viere en uno, podrá ser estable y firme de corazón y permanecer pacífico en Dios.
¡Oh Dios, que eres la Verdad! Hazme permanecer uno contigo en caridad perpetua.
Enójame muchas veces leer y oír muchas cosas; en ti está todo lo que quiero y deseo.
Callen todos los doctores; callen las criaturas en tu presencia: háblame tú solo.

2. Cuanto alguno fuere más unido contigo, y más sencillo en su corazón, tanto más y mayores cosas entiende sin trabajo, porque de arriba recibe la luz de la inteligencia.
El espíritu puro, sencillo y constante no se distrae, aunque entienda en muchas cosas, porque todo lo hace a honra de Dios; y esfuérzase a estar desocupado en sí de toda curiosidad.
¿Quién más te impide y molesta que la afición de tu corazón no mortificada?
El hombre bueno y devoto, primero ordena dentro de sí las obras que debe hacer de fuera. Y ellas no le llevan a deseos de inclinación viciosa; mas él las trae al albedrío de la recta razón.
¿Quién tiene mayor combate que el que se esfuerza a vencerse a sí mismo?
Y esto debería ser nuestro negocio: querer vencerse a sí mismo, y cada día hacerse más fuerte y aprovechar en mejorarse.

3. Toda la perfección de esta vida tiene consigo cierta imperfección; y toda nuestra especulación no carece de alguna oscuridad.
El humilde conocimiento de ti mismo es más cierto camino para Dios que escudriñar la profundidad de la ciencia.
No es de culpar la ciencia, ni cualquier otro conocimiento de lo que, en sí considerado, es bueno y ordenado por Dios; mas siempre se ha de anteponer la buena conciencia y la vida virtuosa.
Pero porque muchos estudian más para saber que para bien vivir, por eso yerran muchas veces, y poco o ningún fruto hacen.

4. Si tanta diligencia pusiesen en desarraigar los vicios y sembrar las virtudes como en mover cuestiones, no se harían tantos males y escándalos en el pueblo, ni habría tanta disolución en los monasterios.
Ciertamente, en el día del Juicio no nos preguntarán qué leímos, sino qué hicimos; ni cuán bien hablamos, sino cuán religiosamente vivimos.
Dime: ¿dónde están ahora todos aquellos señores y maestros que tú conociste cuando vivían y florecían en los estudios?
Ya poseen otros sus rentas, y por ventura no hay quien de ellos se acuerde. En su vida parecían algo; ya no hay de ellos memoria.

5. ¡Oh, cuán presto se pasa la gloria del mundo! Pluguiera a Dios que su vida concordara con su ciencia, y entonces hubieran estudiado y leído bien.
¡Cuántos perecen en este siglo por su vana ciencia, que cuidan poco del servicio de Dios!
Y porque eligen ser más grandes que humildes, por eso se hacen vanos en sus pensamientos.
Verdaderamente es grande el que tiene gran caridad.
Verdaderamente es grande el que se tiene por pequeño y tiene en nada la más encumbrada honra.
Verdaderamente es prudente el que todo lo terreno tiene por estiércol para ganar a Cristo (Flp 3,8).
Y verdaderamente es sabio el que hace la voluntad de Dios y deja la suya.

 

Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María II

09 miércoles Ene 2013

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Introducción (continuación)

coronaciondelavirgen

6. La divina María, lo digo con los Santos, es el paraíso terrestre del nuevo Adán, en la que Jesús tomó carne por obra del Espíritu Santo para obrar en él maravillas incomprensibles. Es el grande y maravilloso mundo de Dios, en el que hay bellezas y tesoros inefables. Es la magnificencia del Altísimo, en la que ha ocultado como en su seno a su Unigénito, y con él cuanto hay de más excelente y de más precioso. ¡Oh, y qué de cosas grandes y ocultas ha hecho ese Dios poderoso en esta criatura admirable! Como Ella misma se ve obligada a decirlo a pesar de su profunda humildad: Hizo en mí grandes cosas el Poderoso (Luc. 1,49). El mundo no la conoce, porque es incapaz e indigno de conocerla.

7. Los Santos han dicho cosas admirables de esta Santa Ciudad de Dios, y nunca han estado más elocuentes ni más satisfechos que cuando han hablado de Ella. Así, todos a una exclaman que la altura de sus méritos, que la han elevado hasta el trono de la Divinidad, no se puede percibir con la vista; que la anchura de su caridad, más extensa que la tierra, no puede medirse; que la grandeza de su poder, que se extiende hasta sobre el mismo Dios, no puede comprenderse, y, en fin, que lo profundo de su humildad, como de todas sus virtudes y de todas sus gracias, que son un abismo, no puede sondearse.

8. ¡Oh altura incomprensible! ¡Oh anchura inefable! ¡Oh grandeza desmedida! ¡Oh abismo impenetrable! Todos los días, del uno al otro confín de la tierra, en lo más alto de los cielos y en lo más profundo de los abismos, todo pregona, todo publica a la admirable María. Los nueve coros de Ángeles, los hombres de todas edades, condiciones y religión, buenos y malos, hasta los demonios mismos, se ven obligados a llamarla Bienaventurada, de buen o mal grado, por la fuerza de la verdad. Todos los Ángeles en los cielos la proclaman incesantemente, según San Buenaventura: Santa, Santa, Santa María, Virgen madre de Dios, y la ofrecen millones de millones de veces todos los días la salutación de los Ángeles: Ave María; y se prosternan ante Ella, y le piden por gracia que los honre con alguno de sus mandatos. San Miguel, a pesar de ser el príncipe de toda la corte celestial, es el más celoso en rendirle y en hacer que se le rinda todo género de honores, siempre esperando el tener la honra de ir, a su voz, a socorrer a alguno de los servidores de María.

maria llena de gracia9. Toda la tierra está llena de su gloria, particularmente entre los cristianos, entre los que se la tiene por tutelar y protectora en varios reinos, provincias, diócesis y ciudades. ¡Cuántas catedrales consagradas a Dios bajo su nombre! Ninguna iglesia sin un altar en su honor; ninguna comarca ni cantón en donde no haya alguna de sus imágenes milagrosas, y en donde se curan toda clase de males y se consigue toda clase de bienes. Tantas cofradías y congregaciones en su honor, tantas Ordenes religiosas bajo su nombre y amparo. Tantos congregantes y hermanos de todas las cofradías. Tantos religiosos y religiosas que publican sus alabanzas y que anuncian sus misericordias. No hay un niño que al balbucear el Ave María no la alabe; no hay pecador que, por endurecido que sea, no tenga en Ella alguna chispa de confianza, ni siquiera hay demonio en los infiernos que, a pesar de temerla, no la respete.

10. Después de eso, en verdad es preciso decir con los Santos: De Maria nunquam satis… no se ha alabado, exaltado, honrado, amado y servido bastante a María. Merece todavía más alabanzas, respeto, amor y servicios.

11. Y tenemos que decir con el Espíritu Santo: Toda la gloria de la Hija del Rey está en el interior (Psal. 44,14); como si toda la gloria exterior que le dan a porfía el cielo y la tierra no fuese nada en comparación de la que interiormente recibe del Criador, y que no es conocida por las pequeñas criaturas, que no pueden penetrar el secreto de los secretos del Rey.

12. Después de eso, debemos exclamar con el Apóstol: Ni el ojo ha visto, ni la oreja ha oído, ni el corazón del hombre ha comprendido (1 Cor. 2,9) las bellezas, las grandezas y las excelencias de María, el milagro de los milagros de la gracia, de la naturaleza y de la gloria. Si queréis comprender a la Madre, dice un santo, comprended al Hijo, pues es una Madre digna de Dios: Que aquí toda lengua enmudezca.

Santisima Virgen

13. Mi corazón ha dictado todo lo que acabo de escribir con un regocijo particular, para demostrar que la divina María ha estado desconocida hasta ahora, y que es una de las razones por las cuales Jesucristo no es conocido como debe serlo. Si, pues, como es cierto, el reino de Jesucristo ha de venir al mundo, no será sino consecuencia necesaria del conocimiento del reino de la Santísima Virgen María, que le trajo al mundo la vez primera y le hará resplandecer en la segunda venida.

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