OlotEsta narración histórica constará de dos partes: una, del año 1936 al 1939 (yo tenía 11 y 14 años) y la otra del 1939 (fin de la guerra) hasta el 1975 con la muerte del General de la victoria y de nuestra juventud; Francisco Franco como decía Rafael García Serrano, que con su muerte la paz ha terminado.

El mejor historiador es aquel que ha vivido la historia. Nosotros (familia), sufrimos en nuestra piel, la persecución religiosa. La familia Sellas, de 1936 al 1939 conocemos muy a fondo la historia político-social que provoca la revolución del 18 de julio de 1936, y yo no estoy nada de acuerdo con  los elogios que la prensa y la televisión atribuyen a Lluís Companys que en aquel tiempo de robos y asesinatos era el presidente de la Generalitat. No nos puede causar extrañeza, puesto que Companys de joven era anarquista. Companys aplica varias veces la pena de muerte a los enemigos de la revolución, a más de las 203 excursiones a militares de Barcelona, entre ellas los Generales Goded y Burriel, también un gran número de paisanos sufrieron la pena de muerte bajo el visto bueno del presidente. La pena de muerte era sentencia común en la Generalitat de Companys. El Cementerio de Santa Elena de Montjuïc fue escenario de varios fusilamientos.

Por encima de todo la verdad histórica.

Como ciudadanos tenemos el deber y la obligación de analizar la vida pública de la hecatombe del 1936 y garantizar y proclamar la verdad  ante el pueblo catalán. Es una gran ofensa a la Cataluña histórica, a la Cataluña auténtica, enaltecer a un político que cuando fue presidente de la Generalitat implanta el 20 de julio del 1936 una Revolución sangrienta que causó miles de mártires de la fe e innumerables víctimas entre políticos, empresarios, intelectuales, literatos, músicos, artesanos, obreros, sacerdotes y religiosos, todos ellos catalanes pacíficos que no tenían nada que ver con la guerra civil. Nunca este presidente puede ser un símbolo de Cataluña.

Primera parte – Años 1936 al 1939

Día 13 de julio  de 1936. Asesinato por las fuerzas gubernamentales de José Calvo Sotelo. Ante este hecho las fuerzas de Marruecos comandadas por Franco y otros generales se alzaron en armas y empezó la lucha  para liberar España del marxismo.

En Cataluña se apoderó del poder el Frente Popular (FAI-CNT-POUM-PSUC-PSOE) y empezaron los atropellos, asesinatos, quema de conventos e iglesias.

En Olot no fue menos que en otros lugares. El día de Sant Jaume (25 de julio) incendiaron els Caputxins, La Providencia, el Tura, Sant Esteve, el Carme y otros edificios como el Casal Marià. Fueron días terribles de miedo y empezaron los asesinatos de sacerdotes, religiosos y personas católicas.

Nuestra familia como católica, también sufrió registros y robos y muy dolorosa fue la detención y asesinato de nuestro padre. Motivo, ser católico, asistir a misa y estar afiliado a la Comunión Tradicionalista de Olot.

Lo vino a detener el miliciano comunista Antonio que era camarero del Café Novedades. Junto con otras 10 personas fueron encarcelados en Olot. Cada día mi hermana Mercè le traía el almuerzo y la cena a la prisión. Mi  padre se pone enfermo durante su estancia en la prisión y fue trasladado al hospital junto con  el abogado Sr. Llongarriu. Desde el hospital se podía escapar puesto que era vigilado por la enfermera, pero mi  padre no lo quiso, puesto que  decía que no pasaría nada, y pasó desgraciadamente. El cambio de médico de turno en el hospital del buen médico y amigo de la familia Dr. Vayreda al médico Dr. Danés fue fatal, a pesar de no estar mi padre plenamente curado fue trasladado nuevamente a la prisión. Mi madre Catalina fue a visitar al Dr. Danés para pedirle que lo retuviera en el hospital pero denegó la petición de mi madre con la excusa que la familia Sellas militaban en la derecha. Palabras verídicas del tan nombrado Dr. Danés.

Encarcelado otra vez pasó lo que fatalmente todos temíamos. La excusa fue que dijimos que un barco de guerra de los nacionales había bombardeado Roses: fue la mentira para llevar a cabo el vil asesinato de los  11 prisioneros entre ellos mi padre Manel.

La madrugada del 31 de octubre de 1936 fueron atados de las manos de dos en dos y cargados como corderos que llevan al matadero. Una vez fueron asesinados los echaron a una fosa en el cementerio de Olot. Los reconocimientos de los cuerpos por los familiares fue en 1939 a la entrada de las tropas nacionales en Olot el día 7 de febrero.

No puedo afirmarlo pero mi  padre antes de ser asesinado, dijo a los  milicianos: ante Dios os perdono, pero delante de los hombres no.

Tuvimos noticia rápida de los asesinatos por los mozos del Molí de les  Fonts y la Coromina cerca del Triay.

El que escribe dice la verdad  porque lo vivió y sufrió con la familia, madre Catalina y cuatro hijos: Magdalena, Joaquim, Mercè y el que escribe estas memorias Joan.

Hace falta que se conozca para la historia el nombre de algunos de la treintena de milicianos que asistieron a los asesinatos de los once olotenses en el campo del Triay. Entre otros eran: Antonio, camarero del Café Novedades, en Pamplona, el Desmelenado, en Fermín, en Gansaia, el del Paré, Planagumá, Mariano Sánchez, Pere Triadu, J. Serrat, Picola, Pere Molas, G. Piujula y otros que no recuerdo.

Después de los asesinatos del Triay, pasamos muchas penas por la muerte de nuestro padre Manel; multas, insultos, robos y otros como pintarnos la fachada de casa con pintadas de fascistas aquí hay un desertor. Fue un periodo de mucho dolor para la familia Sellas-Ventolà.

Del 20 de julio de 1936 hasta el final de la guerra civil no se celebró misa en ningún templo de Cataluña. Los sacerdotes las celebraban clandestinamente en casas de la ciudad y de labranza. Las iglesias eran utilizadas como almacenes, tiendas o talleres, colectividades o salas de espectáculos.

No puedo pasar por alto sin copiar la poesía  de la Misa de los proscritos (leída de un Folleto) El testimonio de los abuelos de Francesc Picas. Es una filigrana literaria de una expresividad histórica que emociona, dice así:

¿Sabéis aquella misa que decíamos en la alcoba,

con un olor a casa y con un perfume de ropa?

¿Que decíamos con voz baja y con el balcón cerrado?

Si antigua cajonera hacía de altar sagrado:

un crucifijo, dos cirios, dos ramos, un pequeño libro…

¡Dentro la austera alcoba hasta el silencio vibra!

El pan del Sacrificio tiene un aire primitivo,

pan ázimo con un olor de branda y de rescoldo.

El plato mejor de casa hace oficio de patena:

para hacer de vinajeras, hay vasos en abundancia

¡de cáliz hace una copa de luminoso cristal!

¡Todos nos miran en ella, talmente como un espejo!

Los ornamentos escasos; una alba, una casulla,

salvados del fuego sacrílego que flamea doquier.

¡Buen Dios, otra vez! Una y otra vez, Señor,

¡sois perseguido por los hombres, al igual que un malhechor!

En lontananza, calles y plazas resuenan de revuelta.

En la pequeña alcoba temblor leve rodea

la fe silenciosa de cuatro o cinco creyentes

que ruegan entre escombros de templos y conventos

porque colgada en cenizas otra vez arraigue

y saque rebrote la eterna semilla del Evangelio.

¿Sabéis aquella misa que decíamos en la alcoba?

¡Oh, nuevas Catacumbas! ¡Buen Dios qué prueba!

¿Sabéis de esa Misa, después de negras noches?

¿Sabéis de esa Misa de un nido de perseguidos…?

En casa de los abuelos también se celebraban misas en el comedor y a escondidas. Venía a celebrar algún sacerdote conocido y también algún padre capuchino. Teníamos una pequeña radio y por las noches escuchábamos los partes de guerra de las tropas nacionales y eso nos animaba a esperar nuestra  liberación del terror marxista.

Como que nos consideraban peligrosos y fascistas (una madre viuda y cuatro  hijos), nos exiliaron lejos de Olot y tuvimos que trasladarnos a un piso del hermano de nuestra madre en Girona. Tendrían miedo el comité que pasáramos la frontera al bando nacional, como lo hicieron el tío Joan, mi  hermano Joaquim y el primo Miquel.

Según nos consta, más de 400 olotenses pasaron la frontera con guías especialistas y se incorporaron a la España Nacional. En Girona nos encontraremos otros olotenses exiliados (4-7-39).

Pasamos muchas penalidades durante la época roja; la más dolorosa y principal el asesinato de nuestro estimado padre, Manel, el día 31 de octubre del 1936 en el campo del Triay.

Segunda parte-Año 1939- 1975.

Gracias a Dios, llegó el día de la victoria y nuestra  liberación del terror marxista; fue en Girona el día 4 de febrero  de 1939, con la llegada de las tropas nacionales al mando del coronel Camilo Alonso. Fue día de gran alegría.

Siguieron 40 años de paz, bienestar y tranquilidad de 1939 al 1975, que con  la muerte de general Franco llega la democracia y con ella se pierde todo lo ganado durante la dictablanda, que paz, progreso y religiosidad. Desde aquella fecha 1975 o mejor  dicho 1978 (constitución) por desgracia, parece que volvemos a aquellos tiempos del Frente Popular (aborto, divorcio, parejas de hecho, eutanasia y leyes…contra la iglesia).

Esto que he querido escribir es una pequeña memoria de los acontecimientos y penalidades que sufrió la familia Sellas Ventolà durante los terribles años 1936-1939 del dominio del Frente Popular en nuestro hogar de Olot.

Que nuestros hijos y nietos  por este escrito, puedan conocer la verdadera  historia.

He dicho la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

Olot, diciembre 2008

Joan Sellas y Ventolà.

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