Estar jubilado tiene sus ventajas. Tengo tiempo para releer mis apuntes y trabajos de joven que voy a intentar publicar en Contracorriente. Los que habéis estudiado los temas que irán saliendo, seguro que recordaréis de qué autores los he tomado. Yo ya no tengo tanta memoria. Mi intención es que saquéis algún provecho espiritual para santificaros en esta vida y ganaros el cielo.
Comienzo con la homilía que prediqué el día 12 de enero de 2002 en la Misa Funeral celebrada por el eterno descanso del alma del Padre José Mª Alba Cereceda, S. I. fundador de los Misioneros de Cristo Rey, mi fundador.
HOMILÍA
Queridos hermanos en el sacerdocio de nuestro Señor Jesucristo; queridas hermanas misioneras de Cristo Rey; queridas hermanas del padre José María Alba Cereceda y familiares todos, queridos hijos de la Iglesia, nuestra santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana:
Estamos celebrando el santo Sacrificio de la Misa en sufragio por el eterno descanso de nuestro queridísimo padre José María Alba, un jesuita extraordinario, como se deduce de la carta que el superior general de la Compañía de Jesús, padre Peter-Hans Kolvenbach, S.I., envió con motivo de los cincuenta años de nuestro padre en la Compañía de Jesús.
Este mediodía, ante los restos mortales del padre Alba, me decía el doctor Alsina, Presidente de la Sección del Tibidabo de la Adoración Nocturna, y Vicepresidente de la Adoración Nocturna de España, que le había llamado mosén Francisco Muñoz, canónigo de la catedral y consiliario de la Adoración Nocturna de la diócesis de Barcelona, para decirle que no podía estar presente en Sentmenat porque estaba en Santander, y que le había dicho estas palabras: Ninguno de nosotros hemos llegado a la altura de la suela del zapato del padre Alba.
Ahora mismo, cuando veníamos hacia la parroquia, le he preguntado a un grupo de niñas del colegio (Corazón Inmaculado de María), de unos 10 años: ¿Ya sabéis que el padre Alba está en el cielo? “Sí, ya lo sabemos”. Yo pensaba, porque lo han mamado desde pequeñas, que iban a decir: “porque ha muerto con el escapulario puesto y hoy es sábado”. Y no, a coro han añadido: “Sí, está en el cielo porque era muy bueno”. En la esquela que se ha publicado en los periódicos habéis leído una síntesis de su labor sacerdotal. Y es verdad que era muy bueno, y, porque era muy bueno fue un luchador nato. Siempre estuvo en las trincheras de Dios, combatiendo los nobles combates de la fe (1 Tim 6, 12). Ayer mismo, en su cama, fue un cruzado de la fe, en todo el sentido de la palabra. La autodemolición de la Iglesia denunciada angustiosamente por S. S. Pablo VI, la vivió él en el epicentro del seísmo y en lo más profundo de su corazón. Por eso, junto con otros sacerdotes y religiosos de Cataluña, decidieron fundar la Asociación de Sacerdotes y Religiosos de San Antonio María Claret, para luchar, cuerpo a cuerpo, contra los enemigos declarados de la Iglesia y contra los que denunciaba el Papa, los traidores de dentro, que son mucho más perversos.
Pocos meses después, fue cofundador también de la Hermandad Sacerdotal Española, para que el humo de Satanás, que penetraba en la Iglesia -como decía el Papa- no infectara la tierra de María Santísima, nuestra Patria, la nación de eterna cruzada.
El 26 de junio de 1969 fundó en la Basílica de nuestra Señora de la Merced la Unión Seglar de san Antonio María Claret. Hombres y mujeres, jóvenes y niños de sus tiempos en las Congregaciones Marianas y en la Obra de Ejercicios, junto con feligreses de parroquias de sacerdotes celosos y piadosos, se unieron para combatir los nobles combates de la fe en todos los ambientes. Yo he conocido -y no me invento nada- a la sombra protectora del padre Alba, a más de cien jóvenes que se han consagrado a Dios en vida misionera, en la vida contemplativa y en la vida sacerdotal. Y también a matrimonios jóvenes que quieren vivir de verdad la santidad en el matrimonio, sin miedo a la paternidad y a la maternidad, tan santos como los que se marcharon en cuerpo y alma tras la bandera de Cristo Rey.
Siempre más
Aquí, en Sentmenat, nuestro padre fundó el Colegio del Corazón Inmaculado de María (1988), que ya ha dado a la Iglesia tres sacerdotes misioneros de Cristo Rey -en tan poco tiempo-, cuatro aspirantes a misioneros de Cristo Rey, un novicio a una congregación religiosa, tres carmelitas y tres misioneras. Del colegio han salido cientos de jóvenes responsables que se han tomado en serio la fe de su bautismo y su vida cristiana. A todos nosotros nos ha enseñado el padre Alba a combatir los nobles combates de la fe, a seguir hasta la muerte a nuestro sumo y eterno Capitán, nuestro Rey y Señor, Cristo, y a su Santísima Madre, nuestra Reina y Señora. La consigna que nos ha dejado para siempre es el magis de san Ignacio, de la Compañía de Jesús: ¡Por Cristo, por María, por España, más, más y más! Siempre más…
En el mensaje que nuestro padre grabó para las carmelitas de Tiana (nueve hay allí salidas de la Unión Seglar de san Antonio María Claret, veinte en toda España), que oímos el 31 de diciembre en la hora santa, con una voz que no se parecía en nada a la suya, entre otras cosas les decía: Os ruego que roguéis por mí, para que se haga en mí la voluntad divina. Me gustaría volver a recuperar la salud, pero la quiero a condición de no cometer jamás ningún pecado, si no, más vale no tener salud, porque lo más importante es dar gusto a Jesús y a María y dar gloria a Dios… No seáis niñatas de espíritu, sino, varonas del espíritu como os quería vuestra Santa Fundadora. Los tiempos no están para pequeñeces, sino para grandezas. Amén. Así sea.
“Yo sólo quiero la mayor gloria de Dios”
La víspera de Reyes Magos, cuando venía de dar Ejercicios, coincidí con el superior provincial de los jesuitas de Cataluña, padre Pere Borrás Durán. Entramos juntos a ver al padre Alba que estaba en la cama. Podía hablar muy poco, pero yo oí perfectamente estas palabras: Lo ofrezco todo por la Compañía de Jesús, por la conversión de Rusia y de Israel.
El martes pasado, haciendo un esfuerzo que solamente él podía hacer, apoyado en su hermana religiosa y el padre Ignacio Borrull, subió a la clase de segundo de Bachillerato, los que terminan este año. Entré, oí cómo les daba las gracias a ellos en nombre de todo el colegio, porque sabía que estaban rezando mucho por él. Y, llorando, les dijo estas palabras: “Yo sólo quiero la mayor gloria de Dios”. Es lo único que nos ha inculcado a todos nosotros, lo que aprendió y vivió en su Compañía de Jesús: la mayor gloria de Dios. El día de Reyes estaba afeitándose apoyado en un misionero de Cristo Rey y en una misionera de Cristo Rey. Pasé y me dijo: Déjame que me apoye en ti. Y después quiso que le acompañara hasta su habitación. Siéntate junto a mí. Y me habló con la ilusión de un niño de su último proyecto: la residencia para estudiantes que quieran formarse bien; me habló de otras cosas, pero eso lo llevaba en su corazón. Después me cogió y apretó mi cabeza con mucha fuerza y varias veces, contra su pecho, contra su corazón, contra su cara. Y varias veces me dijo: Cano, tú no me abandonaste, siempre has estado conmigo. Y yo, que he sido un perro muerto, hoy, por el celo apostólico de nuestro padre, por su caridad infinita, y solamente por eso, soy misionero de Cristo Rey. Otros tampoco le abandonaron…
“Una comunidad de amor”
Lo que más ha repetido en estos últimos días nuestro padre Alba ha sido una cosa que le he oído muchas veces, pero ahora constantemente: Nosotros somos una comunidad de amor. Y en esa comunidad de amor -y lo digo en nombre del padre Alba– puede entrar todo el que quiera, porque Dios es amor. Y los hijos de Dios debemos amarnos de verdad, tal y como somos, porque así nos ha hecho Dios. Antes de pasar a la lectura de las dos últimas cartas que dictó nuestro queridísimo padre Alba -una el día 9 dirigida a todos los que estamos aquí y a los que no han podido venir, y la otra a los misioneros que tenemos en Hispanoamérica, en Perú-, voy a terminar como terminamos al arriar banderas en campamentos. Santos gritos que tienen que ser jaculatorias sagradas que nos impulsen a seguir la cruzada que iniciaron aquellos sacerdotes santos, ante la angustiosa llamada del Papa, para que el humo de Satanás no penetrara en los corazones de los católicos. Son vivas santos, que hasta los pequeñitos entienden perfectamente, porque sus corazones están sanos: ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva el Papa! ¡Viva España católica!
SUPLICA ANTE LA VIRGEN DE VERUELA.
Ante el Moncayo blanco que al cielo sube erguido
está tu humilde trono de piedra y soledad
cercado de colinas y crestas militares,
hayedos, encinares y tierras de labrar.
Azules horizontes en las cumbres lejanas,
noches limpias, profundas, con estrellas sin fin,
marco espléndido y único de Virgen coronada,
Madre de juventudes que enseñaste a vivir.
Vivir para la gloria, la gloria de tu Hijo,
y extender por el mundo los campos del amor,
rotos los diques secos de humanos egoísmos,
sembrar hombro con hombro el Reino del Señor.
¿Qué torbellino ciego de odios y rencores,
de infamantes políticas, de traiciones a Ti
ha dispersado el ímpetu de los jóvenes ríos,
ha hecho yermo su paso, vano, incoloro, gris?
¡Oh Virgen de Veruela que fuiste Capitana
de aquella Compañía dispuesta a bien luchar,
hoy solitaria y lejos, distante de esta hora
de la moda burguesa y el cómodo yantar!
¡Oh Virgen de Veruela, diminuta en tu Alcázar,
que aquellos caballeros que quisiste formar,
mientras el frío azota los chopos del camino,
vuelvan su rostro al viento, dispuestos a empezar!
Dejen atrás lo viejo, cadáver insepulto
de mentiras actuales, modernas y de ayer.
Vivan nueva aventura de Compañía nueva,
pobre, graciosa, humilde, de verdad en su ser.
¡Oh Virgen de Veruela, Reina desde tu Alcázar
que enseñaste a tus hijos bravura y santa guerra,
haz que con las cruces que ungieron nuestros votos
volvamos con Ignacio a conquistar la tierra!
Y si por felonías farisaicas, hipócritas,
el humo del infierno ya envolvió tus majadas,
¡concédenos la sangre martirial que redima,
y que en manos de santos brillen cruces de espadas!
José María Alba Cereceda, S. I.
P. Manuel Martínez Cano, mCR
** CADA MIÉRCOLES, DÍA DE SAN JOSÉ, DIOS MEDIANTE, SON PUBLICADOS NUEVOS ARTÍCULOS **



El Padre Alba y el Padre Cano fueron mis formadores, mis referentes cristianos. Lo más grande que tengo es el Amor de Dios. Con Dios nunca me he sentido sólo, aun en las mayores pruebas. Mi fe la mamé en casa, dese mi niñz, con mis padres Antonia y Jesús, que Dios tenga en su Gloria. Pero mis formadores, a través de mi padre, fueron el Padre Alba y el Padre Cano. Dios les bendiga por tanto bien.
Jesus Fernandez-Pedrera Correa
¡Hola!
He iniciado la petición «Líder Chino Xi Jinping: Liberación del Obispo Tadeo Ma Daqin» y necesito que me ayudes a hacerla despegar.
¿Tienes medio minuto para firmarla ahora mismo? Puedes hacerlo aquí:
http://www.change.org/es/peticiones/líder-chino-xi-jinping-liberación-del-obispo-tadeo-ma-daqin
Es importante por todo esto:
Ma Daqin, el 7 de julio de 2012, fué consagrado Obispo auxiliar de Shanghai. El mismo día renunció a cualquier vinculación con la Asociación Patriótica (Iglesia nacional controlada por el gobierno chino) y manifestó su fidelidad a la Iglesia Católica. Desde entonces no se le ha vuelto a ver.
Las «desapariciones» de Obispos, sacerdotes y fieles católicos en China, son habituales, como en los casos de los Obispos «desaparecidos» James Su Zhimin y Cosma Shi Enxiang, de muy avanzada edad, quienes probablemente hayan muerto ya.
Evitemos un caso más de «desaparición» de una persona sin haber sido juzgado ni condenado por nada.
Gracias.
Jesus Fernandez-Pedrera Correa
LA REVOLUCIÓN DESCONOCIDA
Traemos aquí un extracto de la Constitución Apostólica de Sixto V “Posquam Verus”, que se promulgó a perpetuidad como la conocida Bula de San Pío V, Quo Primum Tempore. La violación de sus términos por Juan XXIII, constituyó un hito de enormes consecuencias. Para quien no lo sepa lean el detallado análisis de Fray Eusebio. Y deduzcan si el título del post es acertado o exagera.
CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA “POSTQUAM VERUS” DE SIXTO V
Por Fray Eusebio de Lugo |
El saber si un Papa puede obligar a los Papas futuros en un acto de administración es importante, puesto que dependiendo de la respuesta, sabremos con más facilidad que nos encontramos con un falso pastor cismático, en el caso de que el papa aparente realice cambios que sabe no poder llevar a cabo.
Hay un caso que merece ser mejor conocido: El de la Constitución Apostólica en forma de Bula dada por el Papa Sixto V el 3 de Diciembre 1586, llamada Postquam Verus, aquí enlazada:
Postquam verus
En ella, Sixto V establece definitivamente el número y calidad de los cardenales de la Santa Iglesia Romana, y limita a 70 su número máximo, puesto que son la realización en el Nuevo Testamento del consejo de 70 ancianos que Dios señaló a Moisés para el gobierno de la Iglesia del Antiguo Testamento.
Pero lo más señalado, es que NO deja a sus sucesores la posibilidad de modificar ese número, e incluso se prohíbe a sí mismo el superar ese número máximo de 70.
So pena de ser cualquier creación supernumeraria totalmente nula, írrita y de ningún valor, incluso en el momento en que el Sacro Colegio volviera al número máximo fijado.
Paso a traducir las partes esenciales de esa prohibición:
…habiendo tenido con nuestros venerables hermanos cardenales de la Santa Iglesia Romana madura deliberación de este asunto, y por consejo de los mismos hermanos, y unánime consenso, venimos en promulgar esta Nuestra constitución, válida a perpetuidad, por medio de la cual, en cosa tan grave perteneciente a Nuestro deber, nos advertimos en primer lugar, a Nos mismo, y esa ley que nos imponemos, la misma indicamos a nuestros sucesores, de quienes confiamos no sean olvidadizos de su oficio, y de que un día, han de rendir cuenta de su administración en el exigente y tremendo juicio de Dios, como lo dice el Apóstol: Todos estaremos en pie en el tribunal de Cristo, y cada uno dará razón de sí ante Dios.
4. Así pues, en primer lugar, como sucediera que por la naturaleza de las cosas, la exigencia de los tiempos, y la ocasión, se hubiera abandonado la antigua costumbre de admitir a pocos varones en el Sacro Colegio, y que ya en nuestra edad, se fueran admitiendo más miembros de lo que era costumbre antiguamente, ya porque el decreto del Concilio general de Trento establecía que debían ser tomados de todas las naciones cristianas, ya porque muchos, afectados por la debilidad del cuerpo humano, la senectud, o abrumados de frecuentes enfermedades, no pueden cómodamente bastar para sostener asíduamente un peso tan grande, para aportar a este problema la debida moderación, y que sean prescritos unos límites determinados, de modo que sin volver a la antigua parcimonia, evitemos también el envilecer tal dignidad por una excesiva y superflua abundancia de sujetos, (lo que Nos mismo, situado entonces en menores encargos, hemos visto y experimentado) Y para que a la figura de la antigua sinagoga, responda la verdad de la Santa y Apostólica Iglesia, deseoso de cumplir el mandato dado por Dios a Moisés, para que congregara 70 varones escogidos entre los ancianos de Israel, conocidos por ser espejo para los demás del pueblo, y maestros, de suerte que pudieran ayudarlo a sustentar la responsabilidad del pueblo, y no llevara él todo el peso, lo cual hecho, y habiendo sido éstos llevados a la puerta del Tabernáculo, estando Dios hablando, el Espíritu Santo descansó sobre ellos.
Así, por el consejo de los susodichos hermanos, perpetuamente estatuimos, y ordenamos, que en el futuro, contados todos los sujetos de cualquiera de los ordenes episcopal, presbiteral o diaconal, que se hallan al presente constituidos, o en el futuro lo sean, todos juntos, NO PUEDAN EXCEDER NUNCA DEL NÚMERO DE SETENTA EN NINGÚN TIEMPO, Y QUE JAMÁS, POR CUALQUIER PRETEXTO, EXCUSA, OCASIÓN, O CAUSA, INCLUSO URGENTÍSIMA, PUEDA AUMENTARSE ESE NÚMERO. POR LO QUE SI ACONTECIERA QUE, POR NOS, O POR OTRO PONTÍFICE ROMANO EN AQUÉL TIEMPO EN FUNCIÓN EN UN TIEMPO FUTURO, FUERA ELEGIDO, O CREADO, O NOMBRADO UN CARDENAL (O VARIOS), MÁS ALLÁ DEL NÚMERO PREDICHO, DECLARAMOS QUE ESA ELECCIÓN ASÍ HECHA, O CREACIÓN, PROMOCIÓN O NOMBRAMIENTO ES NULA, ÍRRITA, Y DE NINGÚN VALOR, Y QUE DEBE SER TENIDA POR TAL, DE PLENO DERECHO, NO IMPORTANDO BAJO QUÉ NOMBRE O TÍTULO PUEDA SITUARSE LA PERSONA O PERSONAS ELEGIDAS, NI SE LOS DEBE TRATAR COMO CARDENALES, NI REPUTARLOS COMO TALES, NI EXISTE DEBER DE ELLO, Y ADEMÁS, TAL ELECCIÓN, CREACIÓN O NOMBRAMIENTO INICIALMENTE INVÁLIDA, Y SUPERNUMERARIA, SI MÁS TARDE SE VOLVIERA AL NÚMERO PRESCRITO POR MUERTE DE UNO O VARIOS CARDENALES NO PODRÁ POR ESA CAUSA SER CONVALIDADA, SINO QUE TAL COMO FUE AL PRINCIPIO, INVÁLIDA, ASÍ SEGUIRÁ EN LO FUTURO, PERPETUAMENTE CARENTE DE TODO VALOR Y FUERZA.
5.y SS Estatuye sobre los diversos órdenes de cardenales, principalmente los cardenales diáconos, a los que se invitaba apermanecer como cardenales diáconos, que no recibían la consagración episcopal.
Así como de las demás prendas que deben adornar a los elegidos, que han de ser muy grandes y señaladas, puesto quesu dignidad es casi real, y equivalente a la de un Príncipe de sangre real.
En el Núm. 17, se prohíbe además que haya dos hermanos de sangre a la vez en el Sacro Colegio.
Todos los Papas posteriores observaron religiosamente el contenido de la Bula, siendo retenido también en el Código de Derecho Canónico de 1917, en particular el numerus clausus de cardenales. (Canon 231).
Can. 231. par. 1. Sacrum Collegium in tres ordines distribuitur: episcopalem, ad quem soli pertinent sex Cardinales dioecesibus suburbicariis praepositi; presbyteralem, qui constat Cardinalibus quinquaginta; diaconalem, qui quatuordecim.
Casualidad, casualidad, fue precisamente el (anti) papa Juan XXIII el primero en desobedecer palmariamente esa ley perpetua, y además en varios puntos:
Y además, se dio prisa:
Elegido el 28 de octubre de 1958, tomó como nombre el de un antipapa del S. XV, de mundana e ingrata memoria, fautor del concilio cismático de Pisa, originador de una línea de antipapas durante las etapas finales del Gran Cisma de Occidente. No contento con ello, fue el convocador, ya como presunto papa, del concilio cismático de Constanza, origen de toda la ideología conciliarista que resurgiría precisamente con el Vaticano II.
Bien empezaba…
Y mejor siguió, puesto que, coronado el 4 de Noviembre 1958, celebraba su primer consistorio el 15 de Diciembre 1958. En él, nombró en primerísimo lugar a Mons. Montini, futuro Pablo VI, que Pío XII se había negado a hacer cardenal.
Junto con él, 22 más, llevando el número a 75. 5 más que los permitidos.
Después de lacrimosas consideraciones sobre la suerte de los católicos chinos (a los que él mismo tanto contribuiría a echar en manos del comunismo), y tras utilizar el mismo argumento de Sixto V, acerca del alivio de los más mayores en sus trabajos, justo al final, (in cauda venenum), se desliza discretamente con ésto:
“Iis igitur derogantes — quatenus opus est — quae Decessor Noster Xystus V constituit (7), et quae Codex Iuris Canonici sanxit (can. 231), iam deveniamus ad Sacrum supplendum Collegium vestrum, tres et viginti lectissimos Praesules in illud adlegendo, quos ob suas cuiusque virtutum laudes hoc amplissimo honore gravissimoque munere dignamus.”
¿Se creía sinceramente que con tres palabras, pronunciadas como de pasada en un discurso de circunstancias, se puede abolir no sólo un canon del Derecho canónico, sino una Bula que declara obligar para siempre también a los Papas futuros?
Esto hubiera debido, no ya poner la pulga en la oreja, sino hacer saltar todas las alarmas entre los responsables vaticanos, sobre todo teniendo en cuenta los antecedentes del personaje.
Pero aquí no para la cosa, porque recordemos, otra norma de Sixto V prohibía tener a dos hermanos de sangre a la vez en el Sacro Colegio.
Pues aquí, ni mención siquiera de la ley, junto a Gaetano Cicognani, creado por Pío XII, adjunta su hermano Amleto, con perfecto conocimiento de que estaba violando la ley.
Poco más de un mes más tarde, en la basílica de San Pablo Extramuros, sin consulta ni aviso, anuncia la convocatoria de unSínodo para Roma, de un Concilio para la Iglesia Universal, y de la reforma del Derecho canónico de 1917.Con ello echaba a andar la peor revolución de todos los tiempos, pillando, al parecer, desprevenidos, a tantos prelados de quienes hubiéramos esperado más, bastante más…
Justo un año después de su primer Consistorio, volvió a reincidir con un segundo consistorio, nombrando 8 cardenales más, para dejar bien claro que no deseaba observar la ley sixtina. Entre ellos, el infame card. Bea, (cuyos judaicos orígenes quizás se hallen en la muy marránica población de Béjar, España).
Sólo tres meses más tarde, el 28 de marzo 1960, por si quedaba alguna duda volvía a crear otros 7 cardenales, más tres in pectore, que nunca llegaron a ser publicados. Entre ellos, Mons. Joseph Lefebvre, arzobispo de Bourges, primo de un cierto Marcel, también él llamado a la púrpura, si las cosas no se hubieran torcido…
Y otro Consistorio el 16 de Enero 1961, con cuatro más,
Y otro el 19 de Marzo 1962, 10 más, y con el anuncio de una violación más de la ley sixtina: La equiparación de los tres ordenes con la consagración episcopal de todos los cardenales que no fueran obispos, incluso de los cardenales diáconos.
Era difícil para casi todos darse cuenta del significado profundode esa mutación: El Papa Sixto V enseñaba en su Bula que el Sacro Colegio sucedía al Colegio de los Apóstoles en lo que se refería al poder de jurisdicción, que recibían automáticamente sobre toda la tierra, aunque de manera indeterminada. Por esa razón, la aceptación del capelo entrañaba automáticamente la pérdida de cualquier otra función jurisdiccional dentro de la Iglesia, precisamente porque participaban de una más alta y universal, la del obispo de Roma.
Pero los subversivos ya preparaban la constitución conciliarLumen Gentium, que renovaría los errores galicanos, pretendiendo que la jurisdicción no provenía inmediatamente del Papa, sino de la consagración episcopal, aunque indeterminada, lo mismo que la de los cardenales.
El colegio episcopal se convertía así en verdadero órgano soberano, haciendo por lo mismo totalmente irrelevante al Sacro Colegio.
Juan XXIII, desobedeciendo toda la Bula de Sixto V, destruyó eficacísimamente el centro de todo el organismo jurídico de la Iglesia Militante, y nombrando sujetos hasta alcanzar el número de 88 cardenales, entre ellos peligrosos enemigos del Papado, hizo imposible que ese Colegio reaccionara a tiempo, y denunciara a Juan XXIII como antipapa que nunca había sido legítimo.
Para los que han tenido la paciencia de leerme hasta aquí, diré que hay una relación muy estrecha entre los Papas cuyos documentos hemos estudiado aquí: Pablo IV fue el gran inspirador y maestro de san Pío V, y éste lo fué de Sixto V. Los tres conocían perfectamente toda la perfidia de los herejes, y cómo éstos, infiltrándose hasta los pliegues más recónditos de la Iglesia y el Sacerdocio, no cejarían en su empeño subversor,hasta sentar a uno de lo suyos en el trono petrino, desde donde impondría por la autoridad, la fuerza y la astucia, todas las reformas-mutaciones que los erasmianos no habían logrado implantar, ni siquiera con la amenaza del luteranismo.
Por ello, procuraron empeñar todos sus esfuerzos en proteger los puntos vitales: Primero el Papado, de modo que jamas se pudiera decir que un verdadero sucesor de Pedro había caído en error u herejía, o que un hereje podía ser verdadero pastor.
Luego, el culto divino, fuente de la inmortal fuerza y juventud de la Iglesia, primero la Misa, (Quo primum), y luego, lo más olvidado y maltratado, el Oficio Divino (Quod a nobis). Para que nadie pudiera pretender que la liturgia romana era otra cosa que lo que él establecía para siempre.
A continuación, el Catecismo, eterno monumento de purísima Fe, que nunca podrá ser reemplazado por un pretendido “catecismo de la iglesia
católica”.
Por fin, Sixto V, que fija definitivamente el Sacro Colegio, reduciendo de antemano a la nada jurídica todo lo pretendido por cualquier persona, incluso papa, que se atreva a tocarlo, por cualquier motivo.
No por nada, en la Basílica de Santa María la Mayor confiada especialmente al cuidado de España, hizo Sixto V edificar la capilla Sixtina, sobre el lugar en que se conservaba el Pesebre, cerca del lugar donde reposan los restos de san Jerónimo, gran defensor de la infalibilidad e indefectibilidad de la Sede Romana, nombrado cardenal por el Papa español san Dámaso,
En esa capilla reposa el Papa san Pío V, en altar-monumento abierto, en que puede contemplarse y venerarse el cuerpo incorrupto del Papa de Lepanto, y frente a él, su discípulo Sixto V.
La Providencia no hace nada al azar, y volverá a demostrarlo en un próximo futuro, en que la Iglesia Romana, según la célebre profecía, conocerá su mayor triunfo y expansión…
Por cierto, la basílica también se llama Liberiana, por su fundador, el Papa SAN Liberio, atrozmente calumniado por ciertos seudo-católicos que quisieran hacernos creer que fue hereje, con el fin de sostener su reprobada tesis mil veces refutada.