falsa bibliaObra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10

UNA BIBLIA FALSIFICADA

Es posible que nos ofrezcan un libro de tapas verdes, en el que se lee en letra cursiva dorada: Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, y que nos digan que «hace vivir la Biblia en el idioma fácil de entender del día moderno», asegurándonos que «no obstante se adhiere fielmente al texto bíblico en el idioma original». Abrámoslo por la página 1.109 y leamos el último párrafo a la derecha:

«22 -Y mientras continuaban comiendo, tomó pan, y habiendo dicho una bendición, lo partió y se lo dio a ellos, y dijo: Tómenlo, esto significa mi cuerpo» (Mc 14, 22).

Si tenemos a mano la Sagrada Biblia, «versión directa de las lenguas originales», por Eloíno Nácar Fuster y Alberto Colunga, O. P. (15ª edición), podemos leer en la página 1.053, también el último párrafo a la derecha:

«22 -Mientras comían, tomó pan, y bendiciéndolo, lo partió, se lo dio y dijo: Tomad, éste es mi cuerpo» (Mc 14, 22).

Según la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, Jesús dijo: «Tómenlo, esto significa mi cuerpo». Y según la Sagrada Biblia, «versión directa de las lenguas originales», por E. Nácar y A. Colunga: «Tomad, éste es mi cuerpo». ¿Qué dijo exactamente Jesucristo, «significa» o «es»? Si dijo «significa», hubiera querido indicar relación -es decir representación… «representa» mi cuerpo-. Luego, según la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, Jesucristo no estaría presente en la Eucaristía. Si dijo «es», señalaba la identidad entre el término, que precede a dicha forma verbal, y lo que sigue. Evidentemente no quiere decir lo mismo «esto significa un león» y «esto es un león».

Pío XII, en la encíclica Divino Afflante Spiritu, n. 12, recomendaba «recurrir al texto original que, como escrito por el mismo autor sagrado, tiene mayor autoridad y mayor peso que en cualquier versión». Tomemos, pues, el texto original griego de Westcott y Hort, utilizado en The Kingdom Interlinear Translation of the Greek Scriptures, de donde se tradujo lo correspondiente al Nuevo Testamento en la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, según se declara en el «Prólogo» de la Traducción del Nuevo Mundo de las Escrituras Griegas Cristianas (1ª edición en español por Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc. International Bible Students Association-1963):

A las tres meses de haber iniciado el estudio de la lengua griega, los alumnos del Instituto Nacional de Bachillerato «Menéndez Pelayo», de Barcelona, lo tradujeron así:

«Y comiendo ellos, tomando pan, habiéndolo bendecido, lo partió y se lo dio y dijo: Tomad, ése es el cuerpo mío.»

Este texto castellano es la traducción literal exacta del anterior texto original griego del Evangelio según San Marcos. Según San Marcos, Jesucristo dijo: «Ése es el cuerpo mío», afirmando así su Presencia Real en la Eucaristía. Y la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras está falsificada, porque  jamás puede traducirse por «significa». Ahora abramos la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras por la página 1.150 y leamos el primer versículo que aparece: «21 -Entonces se pusieron a vociferar, diciendo: ¡Al madero con él! ¡Al madero con él!» (Lc 23,21).

En cambio, en la página 1.095 de la Sagrada Biblia, «versión directa de las lenguas originales», por E. Nácar y A. Colunga, puede leerse en el primer párrafo:

«21 -Pero ellos gritaban diciendo: Crucifícale, crucifícale» (Lc 23, 21).

¿Qué gritaban las turbas: «¡al madero con él!» o «crucifícale»? Así está el texto original griego:

Y la traducción literal y directa al español es:

«Ellos, empero, gritaban diciendo: Crucifica, crucifícalo.»

El verbo  con el significado de «crucificar», se halla atestiguado por el historiador Polibio de Megalópolis (1,86, 4), testigo presencial de la guerra de Numancia, quien vio como crucificaban los romanos.

En el tercer párrafo de la segunda columna de la página 1.178 de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras se lee:

«25 -Junto al madero de tormento de Jesús, pues, estaban de pie su madre y…» (Jn 19, 25).

Pero empieza así la segunda columna de la página 1.126 de la Sagrada Biblia, «versión directa de las lenguas originales», por E. Nácar y A. Colunga:

«25 -Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y…» (Jn 19, 25). ¿Dónde estaba María Santísima, «junto al madero de tormento de Jesús» o «junto a la cruz de Jesús»? En el texto original griego figuran estas palabras:

Cuya traducción literal y directa al español es:

«Estaban en pie, pues, junto a la cruz de Jesús, la madre de él y… »

Los testigos de Jehová, aprovechándose de la ignorancia cada vez mayor de la lengua griega y de su cultura, afirman que «la palabra staurós… nunca significa dos trozos de madera colocados uno a través del otro en ningún ángulo», aduciendo nada menos que a Homero. En primer lugar, Homero jamás usó la palabra  refiriéndose a «poste o madero ordinario, o a un trozo de madera por sí mismo», sino con los significados concretos de «estaca de una empalizada» o «la misma empalizada» (Ilíada 24, 453 y Odisea 14, 11). Ahora bien, estas estacas de empalizada o se sujetaban con una viga transversal o se colocaban inclinadas, cruzándose unas con otras formando aspas para mayor consistencia. Y por ello, en Grecia, se representaba primitivamente la empalizada por un palo con tres travesaños, como la Cruz de Caravaca. Y en segundo lugar, los diccionarios griegos actuales de mayor solvencia mundial atestiguan que  significa «cruz», con el párrafo 12 de El Juicio de las Vocales, obra escrita hacia el año 140 de la Era cristiana, por Luciano de Samosata, clásico griego, casi contemporáneo de San Juan Evangelista.

Por último, la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras es anónima, porque nadie que conozca el griego se atrevería a firmar un trabajo que le desacreditase públicamente como traductor de griego. Sólo una advertencia: esta traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras es la Biblia de los Testigos de Jehová. Ya está todo dicho.

«SANTA MARÍA, QUE YO SEA HOY TU ALEGRÍA Y TÚ LA MÍA», decía el santo obispo doctor Manuel González, uno de los hombres más extraordinarios de la Iglesia, en el siglo XX. Y, ¿cómo seremos la alegría de María si nos olvidamos de Ella y no. le pedimos la gracia de las gracias que es la salvación eterna? Por esto, cualquier cristiano, con un mínimo de fe y de amor, le reza cada mañana y cada noche las TRES AVEMARÍAS. Que nunca nos olvidemos de ellas.