Euro_coins_and_banknotesObra Cultural
Laura, 4 – Barcelona-10

LA MORAL DEL DINERO

No todo el dinero está bien adquirido ni conservado. El dinero adquirido en forma fraudulenta, reclama siempre la restitución. Las líneas esenciales de la moral del dinero se titulan así: justicia social y la obligación moral de la limosna. Por la justicia social hay que dar a cada uno aquello que le corresponda, para satisfacer sus necesidades, con tal que se mantenga la estabilidad de la empresa y sus posibilidades futuras para afrontar las dificultades económicas de todo orden que prudentemente son previsibles.

Pero cumplidas las obligaciones de justicia social -que obligan a restitución cuando se han quebrantado- queda un amplio margen para la limosna. Hay una teología económica del Evangelio que podemos enunciar así: I. Hay que limitar las apetencias económicas con un horror al dinero. II. Hay que limitar el hambre de ganancias en el individuo con su capacidad de servicio. III. Hay que limitar los cálculos y las previsiones con una fiel confianza en Dios. IV. Hay que limitar el capital con el servicio que tiene que hacer tu dinero. V. Hay que limitar el gasto propio con las necesidades objetivas del que gasta.

Normas de la limosna

Es difícil señalar módulos concretos, pero hay principios insoslayables. Se dice por los moralistas que si se pudiera calcular el volumen de las necesidades y Ia cantidad que dada por los que tienen bienes que pudieran satisfacerlas, se tendría obligación grave de tal contribución.

También es una norma preguntarse: si todos diesen la limosna en la cantidad que tú das, ¿desaparecerían las necesidades de los que sufren angustias y desgracias?

CONCRETAMENTE. -El P. Vermeersch, S. J., profesor de la Universidad Gregoriana de Roma, establece la siguiente escala progresional sobre las rentas libres (año 1970):

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LA FÓRMULA DE DON JESÚS URTEAGA. -Don Jesús Urteaga nos dice: «¿Quieres una fórmula para acallar los gritos de las necesidades? Te la daré. Es realmente generosa. Como fórmula, con todos los inconvenientes de las cosas muertas y estereotipadas; como solución para los problemas vitales, con todas las cosas buenas que arrastra consigo la generosidad. La idea me la dieron unos amigos en Bilbao, gentes de la clase media: médicos, abogados, arquitectos, ingenieros…, que se comprometían voluntariamente a dar como limosna el 10 por 100 de los ingresos mensuales después de deducir 3.000 pesetas por matrimonio y 1.000 pesetas más por cada hijo.

Joaquín, uno de estos amigos bilbaínos, que tenía seis hijos e ingresaba en su casa 12.000 pesetas mensuales, hacía estos Cálculos a primeros de mes:

12.000 de ingresos – 9.000 (3.000 por el matrimonio y. 6.000 por los hijos) = 3.000

Joaquín, con sudores de sangre, entregaba el 10 por 100 de las 3.000, o sea, 300 pesetas. Confidencialmente, me añadía: Tengo que entregarlas a primeros de mes, porque a últimos nunca sobra nada.

La fórmula no abarca a toda clase de gentes. Hay muchos que con arreglo a ella nada podrán dar, y, sin embargo, siguen sujetos a la obligación de la limosna. También los pobres deben dar. Es la moneda de la viuda, que arrancó una exclamación admirativa al Señor. Te decía que la fórmula es generosa, pero también quiero añadirte que si al hacer tus cálculos no llegas a dar la mitad de lo que te proponen estos hombres, tú debes entrar a formar parte del club de los tacaños o el de los olvidadizos. Es que siguen pensando que eso de la limosna es una obligación exclusiva de aquellos a quienes les sobra dinero, sólo de aquellos a quienes se les caen los billetes de mil debajo del sofá y no se enteran. La limosna es el impuesto que Dios exige a todos los hombres» (“Mundo cristiano», febrero de 1963).

OTRA REGLA PARA CALCULAR LAS LIMOSNAS. -Leemos esta hermosa y edificante manera de administrar la caridad: «Érase una vez un cura que quiso fundar una beca para misiones. Este buen señor no tenía necesidades familiares ni personales. Contaba con un estómago a prueba de bomba, un paladar nada exigente y una salud inmunizada contra los derechos de médicos y boticarios. Y aún solía decir que si al estómago le concedía algún derecho, al paladar no le concedía ninguno después de haber oído a una autoridad que en tono de sentencia decía, señalándole la garganta: De aquí para abajo todo son sopas de ajo.

-Diez duros gastados en una corbata, cinco semanas;

-veinte duros en una chaqueta, cinco meses;

-sesenta mil en un coche, cinco años;

-cinco millones en un palacio, cinco generaciones;

-pero cinco céntimos dados por amor de Dios duran toda la eternidad.

Se decía a sí mismo: Lo que doy me queda, lo que me guardo lo pierdo. Nunca compartió la opinión de un amigo que decía: Me iré al otro mundo bien comido, bien bebido, cafeteado, fumado, vestido, viajado y todo a cuenta de los herederos. Él, por favorecer a las Misiones, no quería gastar ni un céntimo, ni siquiera por ver un gran espectáculo. Para su uso particular se ideó esta norma: dedicar a la vanidad, al placer o al pasatiempo, el céntimo, el minuto, el pensamiento que puede dedicarse a Dios y al alma, sería una inmensa necedad, si no fuera una infinita locura. Un día se encontró solo como un eremita, y entonces, muy a su placer, y sin perjuicio de segunda persona, familiar o sirviente, pudo hacer aplicación de sus principios, llevando hasta el límite la restricción de lo superfluo y dando paso tan sólo a las necesidades más necesarias. Hizo pacto con el ridículo. Esto le permitió ahorrar unos cientos de pesetas del atuendo personal y de lo que puede significar postín y fachenda. No tenía periódicos ni radio y viajaba lo imprescindible. De esta manera, con lo poco que ganaba y lo mucho que ahorraba, pudo dar cima a la empresa que él no quiere que se llame sacrificio, porque se decía para sí: Dios me dio estas pesetas, yo no las necesitaba, se las he devuelto, ¿dónde está el sacrificio?» (“Misioneros Javerianos», núm. 27).

A QUIÉNES HAY QUE DAR LIMOSNA. -A los pobres, a la Iglesia, a las obras apostólicas. Hemos de ayudar las obras de beneficencia. Pero también el culto al Señor y las empresas de espiritualidad. Entre ellas, no olvidemos las religiosas de clausura. También en la hora del testamento hay que recordar las necesidades de la Iglesia, los pobres, la ayuda a las obras que se dedican a la salvación de las almas. Son obras excelentes para socorrer: AYUDA A LA IGLESIA NECESITADA (calle Ferrer del Río, 1 -MADRID-28) y la FUNDACIÓN PADRE PIULACHS -para fomentar vocaciones sacerdotales-(carretera de Castellar, 2, 08181-Sentmenat (Barcelona))

«SEÑORA, QUIEN SE NIEGUE A SERVIROS, PERECERÁ», dice San Alberto Magno. ¿Qué menos que las TRES AVEMARÍAS bien rezadas al levantarse y al acostarse, para pedir a la Madre Inmaculada su ayuda y su plegaria para nuestra salvación eterna?