El secreto de María
El entregarse así a Jesús por María es imitar a Dios Padre, que no nos ha dado a Jesús sino por María; es imitar a Dios Hijo, que no ha venido a nosotros sino por María, y como nos ha dado ejemplo para que según hizo El hagamos nosotros, nos ha invitado a ir a Él por el mismo camino que Él ha venido, que es María: es imitar al Espíritu Santo, que no nos comunica sus gracias y dones, sino por María. “¿No es justo, dice San Bernardo, que vuelva la gracia a su Autor por el mismo canal por donde se nos ha transmitido?”. (San Luis Mª Grignion de Montfort)
La mujer
Edith Stein
La mujer que lleva una vida simplemente instintiva, tratará de sustraerse de las obligaciones de la propia maternidad, igual que el hombre de los de la paternidad (siempre que el deseo instintivo de tener hijos y el apegarse a ellos no la preserve de ese peligro). La mujer que considera a los hijos como propiedad que tiene que custodiar con ansiedad, tratará de unirles a sí de todos los modos posibles (incluso excluyendo, si es posible, los derechos del padre), les privará de su libertad e impedirá su desarrollo. En lugar de poner sus cualidades al servicio respetuoso y amoroso del marido, de los hijos y de todas las criaturas para gloria de Dios y la felicidad propia, su modo de actuar impedirá todo desarrollo y destruirá la paz.
No arrojar la toalla
Esos hechos confirman que en las actividades sociales nada hay perdido, que nunca se puede “arrojar la toalla”; o como decía Maurras, que “cualquier desesperación en política es una bobada absoluta”. Que “son las ideas las que gobiernan al mundo”; y que el espíritu tenaz e irreductible, apoyado en la realidad de las cosas, y con la ayuda de Dios, puede conseguir vencer obstáculos que parecen insuperables. Por eso, hay que huir de cierta tendencia “mozarabizadora”, que no puede constituir más que una excusa para justificar una actitud acomodaticia, ciertamente más cómoda, pues elimina todos los inconvenientes del combate. Pero de haber triunfado esa actitud, en España no habría habido Reconquista. (Estanislao Cantero – Verbo)
Desigualdad
Hoy, consiguientemente, nos hallamos ante un verdadero “eclipse de la familia”. El igualitarismo y el democratismo contemporáneos sufren con dificultad los restos de desigualdad natural de los que la familia constituye una reserva privilegiada.
En efecto, si empezamos por el primero, la naturalidad de la desigualdad humana se presenta de manera especial en la estructura familiar: “Se funda ésta ya en la necesaria desigualdad natural del sexo de los cónyuges. A ella hay que añadir la desigualdad también natural entre padres e hijos, entre parientes más o menos próximos, por sangre, por adopción de hijos ajenos, o por afinidad con los parientes del cónyuge. La misma parentela que forma una «gran familia» se compone de desiguales […].Asimismo, existen dentro de las familias otras desigualdades que pueden acentuar las diferencias entre sus miembros, como el celibato, la viudez, la ancianidad, la profesión o el patrimonio”. (Miguel Ayuso – VERBO)
Imaginación y ociosidad
Ya escribió Frankein «El que no hace nada está cerca de hacer el mal».
Dos grandes aliados tiene la impureza: la imaginación y la ociosidad. Ya declaraba el libro de Jesús, hijo de Sira: «Ponlo a trabajar para que no esté ocioso, porque la ociosidad enseña mucha maldad». Hay una riqueza que es común para todos los hombres: el tiempo. Los ociosos no solo pierden esta riqueza sino que se endeudan con el vicio. (Jaime Solá Grané – La castidad, ayer y hoy)
Homosexualidad y esperanza
Bieber: «Problemas interpersonales profundos se ven de continuo en la relación padre-hijo cuando este es homosexual. Ni uno solo de los padres (de hijos homosexuales)… podría ser considerado un padre normal. Hemos llegado a la conclusión que un padre afectuoso, constructivo, protector, excluye la posibilidad de un hijo homosexual; actúa como un agente protector y neutralizante si la madre pudiera hacer esfuerzos para seducir al niño o para dominarlo. (Asociación Médica Católica – AMCA)
Libertad física
La libertad no consiste en hacer lo que a uno le viene en gana. Esto, es la libertad física, tan absurda y de tan terribles consecuencias. Tampoco la libertad consiste en escoger indiscriminadamente el bien y el mal. Que el hombre pueda físicamente hacer el mal, no es ninguna perfección. Como no lo es que el cuerpo pueda estar enfermo, canceroso. Como no lo es que el coche desobedezca la señalización y se precipite por un barranco, mate a los peatones, o haga otros estropicios. La libertad del cuerpo es la salud. La libertad del coche la circulación perfecta, la conducción reglamentada y alcanzar el objetivo de la meta. La libertad para el hombre es el poder de elección de aquellos medios que le conduzcan a su fin de hombre y de cristiano. (Mn. José Ricart Torrens – Catecismo Social)
