Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 220, septiembre de 1997
Puesta la causa, se sigue el efecto.
Se dice ligeramente que “tal cosa una vez al año, no hace daño”. Pero lo que pasa es que primero se pide una vez al año, luego dos al año, y tres, y así indefinidamente todos los días hasta que la tal cosa queda arraigada en la naturaleza. Nadie nació vicioso, ni ladrón. Por pocas cesiones, por pequeños incrementos se fue haciendo dueño de la persona aquella pasión, el vicio más dominante. De haber seguido el consejo de Kempis, que insiste en la enseñanza del Sagrado Evangelio, no se hubiera producido el desastre final de la corrupción y del vicio. Desde el principio, lucha y no consientas al principio, porque luego la medicina no es posible. Si no rompes con la primera causa que origina la cadena que seguirá después, es imposible impedir la aparición del vicio que esclavizará todas las facultades del hombre, por nobles y elevadas que sean.
Esto mismo a curte en el orden social. El crimen horroroso que ha consternado a toda España con el asesinato por la ETA del concejal de Ermua, tiene una raíz que está en el aire y es la causa de ese asesinato y de los mil crímenes de la ETA.
Un día se amnistió a todos los asesinos de ETA. Se sembró el odio entre los españoles, con el fomento de los separatismos, las escuelas arreligiosas, los partidos y bandos políticos, la permisividad de la blasfemia, la destrucción de la familia, con el divorcio, el aborto, la aceptación de las parejas de hecho, la difusión de la droga de la inmoralidad, de los espectáculos basura de la televisión degradante, de la calumnia contra cuanto de religión, patriotismo, dignidad nacional que representaba el anterior sistema político, con el afán de infamar la figura de Francisco Franco, gran bienhechor de la Iglesia y de la Patria, al que el Papa Pío XII nombró Caballero de la Orden de Cristo, la suprema condecoración de la Iglesia a sus hijos más esclarecidos. Se ha instaurado el dogma democrático y se ha repetido a los españoles que el cambio que se iba a producir era hacia la total libertad con la que se curarían todos los males. Pues bien, esta democracia, muy libre para todo lo que se ha dicho antes, es el origen de los males que se han seguido. Desde la natalidad más baja del mundo para España, a los miles y miles de abonos, crimen abominable y a los asesinatos de ETA. Esta democracia es la causa de los males. Mientras no desaparezca la actual democracia, seguirán los males incalculables, para las almas sin fe y para los españoles sin patria. Dijo un pensador: “Delenda est monarchia”. Hoy debemos decir: “Delenda est haec democratia”. Los que dicen abominar los crímenes de ETA y alaban la democracia y sus libertades democráticas de muertos en el seno de sus madres, de muertos en las calles por odio, tienen un nombre: Hipócritas.