P. Juan Terradas Soler C. P. C. R.
Cátedra de la Verdad
Es necesaria la intervención del brazo secular para reducir a los herejes, a quienes ningún sermón puede hacer que vuelvan a la Iglesia; que los sectarios sean aplastados por la fuerza de vuestro poder, y que las desgracias de la guerra los haga volver a la verdad.
(Inocencio III, a los feudatarios del norte de Francia, 17-XI-1207).
El “antiguo régimen”
El “ancien régime” francés, o sea la época de la historia de Francia, anterior a la revolución de 1789, en que la Iglesia, de mancomún con el Estado, produjo admirables frutos de civilización en ese país, ha sido atacado a mansalva por los partidarios de la Revolución, el “nuevo régimen” de Francia.
Cátedra de fuego y humo
“Hay un mundo que se va, el antiguo poder real de derecho divino, con su séquito de absolutismo, de maquiavelismo y de violencia… Hay un nuevo mundo en germen; los filósofos lo inauguran. Se ha acriminado a la filosofía por haber conducido a Francia, y en pos de ella a Europa entera, al abismo de la Revolución. Este crimen es su título de gloria… El verdadero culpable es el antiguo régimen.
(F. Laurent: Historia de la Humanidad).
Cátedra de la Verdad
A medida que crecía (Francia) en la fe cristiana, se la veía subir gradualmente a la grandeza moral que alcanzó, como potencia política y militar. Y es que a la generosidad natural de su corazón, la caridad cristiana había venido a añadir una abundante fuente de nuevas energías; su actividad maravillosa había encontrado -como un aguijón, una luz directiva y una garantía- esta fe cristiana que, por obra de Francia, trazó páginas tan gloriosas en los anales del género humano.
(León XIII, encíclica Inter gravissimas, 16-II-1892).
Vuestros padres aparecieron, para grandes y saludables empresas, como los auxiliares de la Divina Providencia. Más donde esto se hizo notar principalmente fue en la defensa del nombre cristiano en todo el mundo, en la propagación de la fe en las naciones bárbaras, en la conquista y defensa de los Santos Lugares de Palestina. De modo que con justicia existe aquel proverbio: Gesta Dei per Francos.
Por esto, por su adhesión íntima al nombre católico, pudieron participar en alguna manera de la gloria de la Iglesia y establecer numerosas instituciones públicas y privadas, en las cuales se advierte en todo su vigor la fuerza de la religión, de la beneficencia y de la magnanimidad.
(León XIII, encíclica Nobilissima, 8-II-1884).
La Revolución Francesa (1789)
Cátedra de fuego y humo
La revolución del 89 ha inaugurado una era nueva. Hoy ya gozamos de sus inapreciables beneficios, y otros mayores que nos esperan. ¿A quién somos deudores de ellos?, ¿y de dónde hemos de sacar la palabra de vida? ¡Cuestión capital! Importa que sepamos si somos hijos de la Iglesia o hijos de la filosofía. Nuestra respuesta es conocida de antemano. La fuente de vida no está en el pasado; sólo por una falsificación de la historia se llega a transformar el catolicismo en una religión de libertad… Nosotros somos, pues, hijos de la filosofía y no hijos de la Iglesia.
(F. Laurent: Historia de la Humanidad).
Cátedra de la Verdad
Bajo el efecto de la loca filosofía originada de la herejía de los novadores y de su traición, que hizo que los espíritus perdiesen en masa la cabeza, estalló la Revolución, cuya extensión fue tal que destruyó las bases cristianas de la sociedad, no sólo en Francia, sino poco a poco en todas las naciones.
(Benedicto XV, 7-III-1917).
Espantosa y lamentable sedición, total desquiciamiento del régimen social, que, a finales del siglo XVIII, hizo presa en Francia, y persiguió odiosamente a las cosas divinas y humanas; al rey, a la nobleza, pero sobre todo a la Iglesia de Jesucristo y a sus ministros. En aquel tiempo, hombres depravados se ampararon ilícitamente del poder, con el falso pretexto de filosofía, pero en realidad escondiendo el odio de la religión católica, que les animaba, y procuraron con todas sus fuerzas borrar el nombre cristiano.
(Pío XI: Carta apostólica Tuitioni, 10-V-1934).
Basta ya de citas. Las aducidas son suficientes para hacer comprender la radical oposición entre Roma y Babel. Estamos seguros que todo fiel hijo de la Iglesia, consciente de su dignidad, se habrá confirmado más en su deber de dejarse guiar siempre por el Faro de la Verdad. Pasemos ya concretamente al capítulo de la Historia que es objeto de nuestro estudio: la conquista y colonización de América.
