El Consiliario

Corazón de María, delicias del Hijo de Dios, ruega por nosotros.

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Amar a Dios, sentirse amado por Dios. Es la eternidad.

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Nunca lo comprenderemos: Jesús nos ama infinitamente.

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Todos los pecadores podemos cambiar de conducta y ser santos.

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La vida se nos ha dado para siempre. Dios nos quiere eternamente felices. Basta que nosotros queramos.

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No disminuye la felicidad, cuando vienen sufrimientos, fracasos o contradicciones. La felicidad nace en el alma, donde mora la Santísima Trinidad.

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Un católico no debe votar a una partitocracia agnóstica, atea y anticristiana. Quieren un mundo sin Dios.

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Sabemos que los mártires van directamente al Cielo. San Juan de la Cruz enseña que los que mueren amando intensamente a Dios no pasan por el purgatorio.

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Si el aborto es un crimen abominable, como dice el Concilio Vaticano II, la democracia moderna es un sistema político abominable.