Una Epopeya misionera

  1. Juan Terradas Soler C. P. C. R.

La primera parte de este trabajo ha tratado de demostrar que los enemigos de la Iglesia -acompañados en séquito servil por ciertos católicos- han deformado escandalosamente la Historia, con el velado designio de hacer de ella un arma que esgrimir contra el cristianismo.

Indignado ante tales asechanzas, ¿quién no se habrá decidido a buscar con sinceridad y tesón, en el camino hacia la verdad histórica, la luz del Faro de la Verdad?

Con esta voluntad, abordamos ahora el tema central de nuestro estudio: “La epopeya misionera que acompaña al descubrimiento y conquista de América”.

Este hecho histórico “que el celo misional (de España) supo edificar para tanto honor suyo y provecho de la Iglesia”, no se ha librado de “los hostiles dardos del enemigo”; la crítica desvergonzada ha tejido a su alrededor “negros velos de falsa leyenda”, que enmarañan y amagan la probada verdad de esta gloria de la Iglesia. Cooperar a descorrer estos negros velos -apoyados para ello en el sentir de los Papas- es el objeto de estas páginas.

Pero -se podrá preguntar alguno- ¿por qué tratar preferentemente de la evangelización de América? ¿No hay, acaso, en la Historia otros muchos fastos del cristianismo, blanco de la acerba sátira enemiga, y dignos también de que se vuelva por sus fueros?”.

Para responder a esta razonable pregunta, he aquí las causas que nos han llevado a elegir, con preferencia a los demás, el tema de que vamos a tratar.

  1. º “Es necesario -como señalaba León XIII en el Breve varias veces citado- que la Iglesia se defienda con las mismas armas (que el enemigo), y que fortifique con más cuidado los flancos atacados con mayor violencia”. Ahora bien, como ya ha sido indicado, y el lector tendrá ocasión de comprobarlo más adelante, la obra misionera y civilizadora de España en las Indias ha sido uno de los flancos preferidos por la demoledora censura del adversario. Por tanto, merece una especial atención de parte de la apología católica.
  2. º Nos permitimos señalar a los católicos, españoles y extranjeros, un ejemplo típico de problemas históricos enjuiciados por los Papas. La evangelización americana es un caso típico, en este sentido, por la abundancia de juicios pontificios de que ha sido objeto.
  3. º La obra misionera y colonizadora realizada por la Iglesia en Indias con la tutela y el decidido apoyo de los reyes de España, es una prueba palpable de la fecundidad de la tesis cristiana sobre las relaciones entre los dos supremos poderes. El Estado Misionero español de entonces testimonia de los grandes beneficios de todo orden que se derivan para la Iglesia y para la sociedad civil de la unión íntima del sacerdocio y del imperio.
  4. º Ante la injusticia flagrante perpetrada contra una nación católica en uno de los más heroicos capítulos de su historia cristiana, conviene hacer justicia a este país; y con él a la Iglesia, que le inspirara tanta grandeza.
  5. º En un orden más concreto, este trabajo podrá cooperar al establecimiento de una unión duradera entre los católicos hispanoamericanos. Unión que no será perfecta hasta que los católicos de aquende y allende los mares no unifiquen sus criterios en punto tan estrechamente ligados a la misión salvadora que la Iglesia realizó en América a través de España. Por ello, parecía conveniente recoger en un libro el pensamiento pontificio acerca de un hecho capital para la historia y para la misma esencia de los pueblos de habla española: la evangelización del Nuevo Mundo.

No pocos católicos -sobre todo americanos- se alegrarán de encontrar en los textos aducidos el juicio seguro emanado de la Cátedra de Pedro, sobre el primer capítulo de la Historia de América, tan combatido por el enemigo. Todo el mundo sabe que en Hispanoamérica -como en el resto del mundo, o quizá más- no pocos libros de historia, usados en institutos y universidades, han desprestigiado, falseándola notablemente, la obra colonizadora de España católica.

En este punto, los lectores hispanoamericanos -y todos aquellos católicos que hayan aprendido otros criterios opuestos al romano, siempre conforme a la verdad de los hechos-, sabrán sacrificar, en aras de la verdad de la Historia y de la unidad de los pueblos, las erradas apreciaciones que hayan recibido de los ambientes escolares en que se educaron. ¡Por amor a la Iglesia, por amor a la verdad y por justicia para con la Hispanidad!