Obra Cultural

¿POR QUÉ SE ATRIBUYE LA IGLESIA CATÓLICA EL PODER DE ENSEÑAR Y MANDAR CON AUTORIDAD?

  1. Porque Jesucristo, Cabeza y Fundador, enseñó y mandó con autoridad.
  2. Porque invistió a sus apóstoles y sucesores de esta misma autoridad.
  3. Porque solamente una autoridad suprema y viviente puede declarar la revelación de Cristo.
  4. Porque el Cristianismo es para toda la humanidad.

Porque Jesucristo, su Cabeza y Fundador, enseñó y mandó con autoridad

«Enseñaba como quien tiene autoridad» (Mt. 7, 29). «Sabéis que les fue dicho antiguamente… Pero yo os digo…» (Mt. 5, 21 ss.).

Se atribuyó, además, derechos supremos. «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí» (Mt. 10. 37).

Porque invistió a sus Apóstoles y sus sucesores de esta misma autoridad.

  • «Como el Padre me ha enviado así yo también os envío» (Jn. 20, 21). «EI que a vosotros oye a me oye; y el que a vosotros desecha a mí me desecha» (Le. 10, 16; véase Mt. 10, 40; 18, 18).

Esta autoridad debía continuar como fue dada, sin restricción alguna de tiempo, lugar o gente.

Me fue dada toda potestad en el cielo y sobre la tierra. Id, pues, y predicad a todas las gentes… enseñándoles a observar todas las cosas que os he mandado; y sabed que estoy con vosotros todos los días hasta la consumación del mundo» {Mt. 28, 18-20; Me. 16, 15) . .

Los apóstoles entendieron que Cristo les hablaba en este sentido. Por esto el Concilio de Jerusalén atajó las disputas con autoridad divina: «Ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponeros otra carga alguna» (Act. 15, 24-28).

San Pablo escribe a los tesalonicenses: “También damos gracias a Dios… de que, habiendo recibido vosotros la palabra de Dios, que de nosotros oísteis, la abrazasteis, no como palabras de hombre, sino, tal cual es verdaderamente, como palabra de Dios» (1 Tes. 2, 13).

Otra vez San Pablo dice a los Corintios, que tiene poder «para esclavizar toda inteligencia bajo la obediencia de Cristo» (2 Cor. 10, 5).

San Juan declara: “El que conoce a Dios, nos escucha a nosotros. El que no es de Dios, no nos escucha… (1 Jn. 4, 6).

Porque solamente una autoridad suprema y viviente, puede declarar con certeza la revelación traída por Cristo

Hay dos posibles alternativas con respecto a esta autoridad:

  1. LA BIBLIA Pero esta misma necesita un intérprete. Por medio de la interpretación privada, los hombres han deducido de ella doctrinas diferentes e incluso contradictorias.

Además, si la Biblia es garantía de verdad, ¿quién garantiza la Biblia? La Biblia no es un libro, sino una selección hecha de numerosos documentos conocidos por la primitiva Iglesia. La colección que recibimos como palabra inspirada por Dios, no fue fijada definitivamente antes del siglo IV d. C. y cuando fue fijada, lo fue por autoridad.

  1. INFALIBILIDAD PERSONAL, esto es: el Espíritu Santo guiando infaliblemente a cada uno en la interpretación de las Escrituras. Pero otra vez las interpretaciones contradictorias hechas por diferentes individuos, ponen de manifiesto por sí mismas, que Dios de hecho no ha escogido este medio. La verdad no se contradice a sí misma.

Pero alguno podría decir: «Escojo la religión que más me gusta». A esto respondemos: Hay algunas cosas que no se han dejado a nuestro gusto personal. Es verdad que diferentes medicinas curan enfermedades diversas, pero al Doctor toca y no al paciente determinar qué medicina va mejor. Cristo, en este caso el médico, prescribe para todos los hombres la religión enseñada con su autoridad.

Porque el Cristianismo es para toda la humanidad

Quitad la autoridad docente, y los hombres quedan abandonados a sus investigaciones personales. Pero ¿cuántos llegarían a encontrar la verdad por este camino? Sólo unos pocos, doctos, íntegros, podrían, después de muchos años de estudio, llegar a ello, tal vez cuando su vida estuviese a punto de terminar. Y la verdad divina es, no para unos pocos, sino para todos; no únicamente para los sabios, sino para el labrador y el trabajador que no tiene tiempo para el estudio. Nuestro Señor dijo: «El Evangelio se predica a los pobres»(Le. 7, 22).

DE PEDRO A JUAN PABLO II

Juan Pablo II es sucesor de Pedro. Murió Pedro, mas no el Papa, porque el Papa es cimiento de un edificio que ha de existir hasta el fin del mundo.

El Papado quedó ligado íntimamente a la Sede Romana, porque como nos dice la Historia, Pedro murió siendo obispo de Roma, y por lo mismo el Papa es reconocido como obispo de Roma y pastor universal de la Iglesia.

Los santos Padres le ensalzan como Primado de la cátedra apostólica, como fuente de la unidad, como cabeza del episcopado, que goza de jurisdicción verdadera y universal a la que están sometido los miembros de la Iglesia, los fieles, los sacerdotes y los obispos.

Según la tradición apostólica apoyada en la Escritura, San Pedro fue no sólo cabeza del colegio apostólico sino el pastor de la Iglesia universal, y el Romano Pontífice como sucesor de este príncipe de los apóstoles, tiene como él autoridad y jurisdicción sobre toda la Iglesia, y todos los fieles sin excepción le deben respeto y obediencia.

Tal es la definición del Concilio de Florencia, y después del de Trento y de los últimos el Vaticano I y II, que han dicho claramente que el Soberano Pontífice es el verdadero Vicario de Cristo en la tierra y que tiene la potestad suprema sobre todo el orbe.

Desde Pedro a Juan Pablo II ha habido 264 Papas que han gobernado la Iglesia Católica.

CONCLUSIÓN:

En resumen, PORQUE la Iglesia Católica es la suprema representante de Cristo, PORQUE sus obispos son los sucesores de los apóstoles, PORQUE es una y la misma con la Iglesia primitiva, PORQUE se necesita una autoridad suprema e infalible y sólo ella puede tenerla, PORQUE Cristo vino para salvar a todos e instituyó la Iglesia para llevar a cabo su obra; por eso la Iglesia Católica se atribuye el poder de enseñar y mandar con autoridad.

«JESÚS Y MARÍA SON LOS FUNDAMENTOS PRIMARIOS DE LA RELIGIÓN CRISTIAN … NO ES CRISTIANO GENUINO LA PERSONA QUE NO TIENE DEVOCIÓN A LA MADRE DE JESUCRISTO Y DE TODOS LOS CRISTIANOS», dice San Juan Eudes. Una manera sencilla y filial de este amor a la Virgen María son las TRES AVEMARÍAS bien rezadas cada mañana y cada noche.