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Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 244, noviembre de 1999

El Sumo Pontífice en recientes alocuciones de los miércoles, como suele hacerlo, se ha referido a nuestras postrimerías, enseñando la doctrina católica sobre el purgatorio, el cielo y el infierno. En los ambientes más progresistas de la iglesia, y entre las gentes mundanas, se ha levantado un rechazo unánime a las palabras del Papa. He sido personalmente testigo de expresiones indignas contra el Santo Padre. De él se dice que quiere “detener” el avance de la iglesia lo mejor que puede hacer el Papa es callarse -decía un párroco-. Menos más que nadie hace caso de ese vieja decrépito…”

Pero el purgatorio no es una opinión del Papa. El que riegue el purgatorio no es católico. Es un dogma de fe definido en los concilios de Lyón y de FlorenGil La definición dogmática nos enseña que existe un estado de las almas justas que mueren con alguna mancha de sus pecados y que sufren castigos por pecados no expiados perfectamente en esta vida. Además, a las almas del purgatorio las podemos ayudar con sufragios por parte de los fieles de la Iglesia militante. La comunicación de bienes espirituales de los que vivimos aún en la tierra con los fieles difuntos que están en el purgatorio pertenece a la consoladora verdad revelada de la Comunión de los santos. Hay una unión entre la Iglesia militante que formamos los que aún peregrinamos en la tierra y la Iglesia purgante de los que aún no han entrado en el cielo y están en estado de purificación que llamamos purgatorio.

Por esa enseñanza de la Iglesia, sin hacer caso de los que niegan el purgatorio, sean negadores teóricos o prácticos, dediquemos el mes de noviembre a ofrecer oraciones, limosnas, sacrificios, obras de misericordia, por las almas de los fieles difuntos, en especial por aquellas que tenemos más obligaciones de caridad y por las más necesitadas de nuestras súplicas.

En el campo de las limosnas, se nos ofrece una ocasión magnífica con el fondo misionero Obispo Guerra Campos, Ayudar a formar becas de misioneros de Cristo Rey con la intención de ofrecerlas, como sufragio en favor de las almas del purgatorio es una obra santísima de caridad para con las almas que sufren ese estado de purificación. Por nuestros sacrificios, por nuestra intercesión y limosnas aceleraremos para ellas el momento en que, purificadas sus almas de todos sus pecados, puedan ver la majestad de Dios y entrar en la felicidad eterna del” cielo.

Hermosa misión de verdadero catolicismo la que tenemos los católicos en este mes de noviembre para con las almas benditas del purgatorio.