Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Orden perfecto. –Aquí tienes otra perfección maravillosa, que de un modo extraordinario adornaba el Corazón Inmaculado de Ma­ría y que tiene íntima relación con la belleza y hermosura del mismo… -EI orden es un elemento esencial en la hermosura. -San Agustín, llega a definir la belleza diciendo que es «el esplendor del orden».

Él orden, en el corazón, ha de consistir en moderar y dirigir todos sus movimientos, conforme a la regla y norma que Dios le ha impuesto…; en todo orden es necesaria una norma… Piensa, por ejemplo, de qué manera más distinta colocarás y ordenarás los libros de una biblioteca según que la regla o la norma sea el tamaño…, la antigüedad…, las materias de que tratan…, la encuadernación o presentación que tienen, etc.

Todo orden, pues, depende de esa norma, que es, al fin, la que verdaderamente ordena y coloca a cada cosa en su sitio debido. -Pues también  el corazón tiene su norma… y la voluntad y el entendimiento y los sentidos y todas las potencias del hombre han de someterse a la regla que las sujeta a la voluntad de Dios… y así habrá orden en el entendimiento, cuando someta sus juicios al juicio de Dios… y conforme sus pensamientos con los pensamientos de Dios…, y en la voluntad, el orden consistirá en amar cada cosa según ella se merece…, pero siempre Con un amor inferior al que tiene a Dios…, pues la regla del amor es que le ame a Él sobre todas las cosas…, y la regla o norma que ordena los sentidos, exigirá a éstos que se sometan a la razón… y que nunca se dejen arrastrar de sus caprichos pues éstos ni Son ni pueden ser nunca norma de orden verdadero…

En fin, habrá orden en el corazón y en el hombre todo, cuando éste siga la voluntad del Señor manifestada interiormente por los impulsos de la guacia y las inspiraciones divinas. -¡Qué hermosa Vista qué espectáculo más atractivo el del orden!… ¿no lo has admirado muchas veces en las obras de la naturaleza?… Mira el cielo estrenado y pásmate, al ver aquellos globos gigantescos moviéndose con velocidades vertiginosas, a pesar de sus masas ingentes y cómo todo está tan perfectamente moderado que no hay choques, ni rozamientos que puedan producir verdaderos cataclismos… Todo, en la naturaleza, aparece así, con este orden maravilloso que le dio la sabiduría infinita. -Sólo el hombre…, sólo el corazón humano abusando del poder de su voluntad… y del don de su libertad… parece que se goza en conculcar ese orden divino… y en vivir en continuo desorden ¡Qué triste es que sea así… y, sin embargo, por muy seductor y sublime que sea el espectáculo de la Naturaleza tan sabiamente ordenada, no hay nada tan magníficamente bello como un Corazón bien ordenado…, un Corazón en el que todos sus movimientos vayan dirigidos por Dios y para Dios… ¿Es así como ves tu propio corazón?… ¿O más bien, tienes que ver con tristeza que el desorden es el que reina en él?

Y quizá un desorden completo…, absoluto…, total…, desolador. -Desorden en las pasiones desbordadas…, en los sentidos no mortificados  Piensa, por ejemplo, en tu lengua…, en tus ojos en el desorden de tu corazón con tantos malos deseos…, con tanta corrupción…, con  tantas perversas inclinaciones…, con tantos cariños y amores peligrosos, si no son ya pecaminosos.

Si todo pecado…, toda falta e Imperfección es un desorden, ¿cuál será el que reina en tu corazón, siendo tantas las faltas y pecados que anidan en él? -No olvides que la ley suprema para ordenar tu vida y tu corazón, es ésta: «Él hombre ha sido creado para alabar…, hacer reverencia… y servir a su Divina Majestad»… ¿Cómo cumples esta regla?… La respuesta a esta pregunta te dará una noción clara del orden de tu vida y, por tanto, de tu perfección. -Examínala bien delante de Dios y de la Santísima Virgen…

Simplicidad absoluta. Y la causa de este desorden puede ser, sin duda, esa continua agitación de la vida, en que actualmente Vivimos… Cuántos objetos exteriores y sensibles cuánto ruido y movimiento en el mundo exterior…, cuanta solicitud y ansiedad en nuestro interior por las pasiones…, parlas cuidados de la Vida…, por las tormentas del alma…, por las Impresiones que tanta mella producen en nuestro corazón!… Es decir vivimos en vida de una variedad tumultuosa, de sucesos y acontecimientos, que nos afectan en demasía y nos complican y absorben toda nuestra actividad. -Nos falta la virtud de la simplicidad, que simplifica y da unidad a todas esas impresiones y agitaciones del corazón…

¡Qué bien nos enseñó Cristo esta simplicidad en el caso d Marta y Ma­ría!… Marta, es el ejemplo de la actividad tumultuosa…, de la agitación y turbación constante, producida por la variedad inmensa en los actos en que quiere multiplicar su actividad… Ma­ría, en cambio es el modelo de la simplicidad…, el modelo de las almas que tienen grabadas en su corazón aquellas palabras: «Solo una cosa es necesaria»… y esta sola cosa es la que da tal unidad y simplifica de tal modo la variedad de los acontecimientos prósperos o adversos de la vida, que parece que nada la impresiona…, que todo la tiene sin Cuidado…, atenta únicamente a no Perder «da mejor parte» que ha elegido.

Si quieres ordenar tu corazón, es indispensable que practiques esta simplicidad en tus pensamientos…, en tus afectos…, en tus intenciones y operaciones. -Simplifica tus pensamientos con el pensamiento de la presencia de Dios…, que veas a Dios en todas partes… y que a Él como a último fin, encauces y dirijas y hasta sacrifiques, si es necesario, cualquier otro pensamiento. -Si tuvieras este pensamiento fijo en tu corazón ¿te turbarían otros y otros que te traen sin cesar el mundo, el demonio y la carne?… La simplicidad en el afecto, dará unidad maravillosa a los que agitan tu corazón, tratando de apegarle desordenadamente a alguna criatura… ¡Qué difícil! ¡Qué imposible será a un corazón que se deje arrastrar por toda clase de afectos, sostenerse sin caer! Por el contrario, el corazón que sólo se dirige a Dios…, que guarda para Él su amor, amándole sobre todas las cosas… y a todas las cosas amándolas en Él y por Él, es un corazón perfecto…, es un corazón santo.

Y, finalmente la simplicidad de intención te pide que no pongas por fin de tus actos a otro que a Dios…, que trabajes y te fatigues por Él, que es el único fin y objeto digno de tu solicitud…, de tus cuidados…, de toda tu actividad. Echa una mirada al mundo y pregúntate: ¿Cuantas almas practican esta triple simplicidad de pensamientos…, de afectos,… de intenciones?… Así es como sacan las almas tan poco fruto hasta de sus obras buenas y de su devoción…, ya que también en éstas entra esta agitación tan contraria a la simplicidad y sencillez del corazón. –Mira también al tuyo y pregúntate si también se agita y se afana quizá inútilmente porque no tiene Simplicidad…, porque se olvida de que sólo una cosa es necesaria…: el amor y el servicio a Dios…, por quien únicamente debe trabajar y esforzarse.

El Corazón de M aria. -Y todo esto, no es una mera teoría, prácticamente difícil o irrealizable…; quizá el demonio te lo haga ver así para desanimarte… Vence esta tentación poniendo delante de tus ojos al purísimo e inmaculado Corazón de la Santísima Virgen. –Ahí tienes toda esa teoría realizada prácticamente y de un modo maravilloso… Ahí tienes el modelo, que Dios te da, no sólo para que le admires, sino para que le imites.

Porque, efectivamente, muy Imitable es el Corazón de la Santísima Virgen… en el orden perfectísimo… y en la absoluta simplicidad que en él reinó. -Mira a la Virgen como un resumen admirable del orden más armonioso, de suerte que sus pensamientos…, deseos…, miradas…. hasta el más leve e insignificante movimiento de su cuerpo…, todo estuvo en Ella maravillosamente ordenado.

Si hemos dicho que toda imperfección y falta es un desorden, es bien claro que si en su Corazón no pudo haber la más pequeña y levísima falta, no pudo tener ni sombra de desorden. -Vete recorriendo todas las facultades de la Santísima Virgen: su entendimiento…, su voluntad…, su memoria…, sus sentidos…, todo en Ella está sometido a la regla y a la norma suprema que ordena el corazón del hombre… –¿Cómo cumplió Ella aquello de que «el hombre es criado para alabar»? etcétera…, Compara la mirada que echabas antes sobre tu corazón, con esta vista del Corazón de Ma­ría. Quizá no haya desorden que más o menos no esté en tu corazón…; en cambio, en el de Ma­ría…, ¿no la podremos aplicar aquel reto de Cristo a sus enemigos: «¿quién me argüirá de pecado?»… ¿Quién podrá echar en cara a la Virgen algún desorden en su Corazón?… ¿Por qué no trabajar en imitarla en esto?

Y en cuanto a la simplicidad y unidad, ¿dónde~ encontrar otro modelo semejante?… -Unidad de pensamiento…, de afectos…, de intenciones… siempre y en todo, unidad y simplicidad… en todo, unido a su Corazón con el de Jesús…; esa era su única intención…, su único fin en todos sus actos.

Él Corazón de Jesús aconsejó a Santa Margarita; que uniera sus intenciones a las de su divino Corazón, ya que entonces las acciones más pequeñas la merecerían torrentes de gracias… Pues, ¿qué insinuaría a su Madre?… Y ¿cómo cumpliría Ella este deseo de unificar su vida…, sus intenciones…, su Corazón con el de su Hijo?… -Luego si de Él se dijo que todo lo hizo bien, ¿no se diría igualmente de la Virgen y precisamente por esta simplicidad…, por esta unidad? -Ruega a la Santísima Virgen que la imites en esta unidad, para que tu corazón todo entero vaya sin desparramarse por las criaturas… a unirse por medio de la Virgen al Corazón Sacratísimo de Jesús.