+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa

Celebramos hoy la 51 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, y el papa Francisco en su mensaje nos exhorta a “una comunicación constructiva que, rechazando los prejuicios contra los demás, fomente una cultura del encuentro que ayude a mirar la realidad con auténtica confianza”. Nos propone la metáfora del molino para entender que el ser humano, la vida, la mente, las relaciones, la comunicación, todo en conjunto, es como una piedra de molino que no se detiene y que puede moler trigo o cizaña.

Ciertamente hemos de ser realistas al contemplar el mundo para no caer en un optimismo ingenuo. Una mirada honesta a la realidad nos lleva a constatar muchas situaciones graves que se deben resolver. Comenzando por los conflictos bélicos en distintos lugares del planeta que llevan al Papa a afirmar que en la actualidad puede hablarse de una tercera Guerra Mundial encubierta. El terrorismo constituye una gravísima amenaza para la paz y seguridad internacionales. La pobreza y el hambre siguen siendo graves lacras en el mundo, como la falta de acceso a agua potable. Por otra parte, siguen existiendo discriminaciones por diferentes motivos, como tiene lugar también la explotación infantil, los maltratos, las pandemias, la precariedad laboral, las dificultades de acceso a la vivienda, etc. La lista podría hacerse interminable.

Como creyentes, hemos de partir del realismo más sincero pero sin caer en el pesimismo o la desesperación. Nuestra mirada ha de ser teológica, es decir, desde la fe. Eso significa que como creyentes, como cristianos, nuestra mirada se esclarece a la luz del Evangelio, de la Buena Nueva de Jesucristo, el Hijo de Dios. El ser humano tiene necesidad de esperanza y la busca sin cesar y suele poner sus expectativas en personas, ideas, proyectos o bienes materiales; pero la gran esperanza a la que todo ser humano aspira solo puede estar en Dios. La gran esperanza no es una idea, o un sentimiento o un valor, o un proyecto, es una persona viva: Jesucristo.

El centro de su predicación es el Reino de Dios. Se trata de un cambio en el ser humano, en todo el hombre, y no sólo en el modo de actuar, sino de un cambio en el ser, unas nuevas raíces, una nueva orientación de toda su vida. No ha venido a “mejorar” al ser humano, viene a crear un hombre nuevo, cuya novedad lo abarca todo: el interior y el exterior, lo espiritual y lo material, el individuo y la comunidad, este mundo y el otro. No se trata sólo de un cambio interior sin compromiso externo, como tampoco se trata simplemente de cambiar las estructuras. Es un cambio del ser humano entero que comporta como consecuencia un cambio en lasociedad. Una transformación de los modos de pensar y hacer en la dirección de Dios.

La tierra donde comienza a germinar ese Reino es el corazón del que escucha la Palabra. Los pobres son los primeros y principales destinatarios, su carta magna son las Bienaventuranzas, su ley es el amor y conduce a la verdadera alegría. Un Reino que ya está entre nosotros y cuya semilla crece en el silencio, de un modo oculto a la mirada superficial. Por eso, la cizaña, que también está presente, no debe robar la alegría ni puede apagar la esperanza y el compromiso del discípulo. Nos dice el Papa que “la confianza en la semilla del Reino de Dios y en la lógica de la Pascua configura también nuestra manera de comunicar. Esa confianza nos hace capaces de trabajar con la convicción de que es posible descubrir e iluminar la buena noticia presente en la realidad de cada historia y en el rostro de cada persona”.

Con estas reflexiones agradezco una vez más la ingente tarea de la Iglesia que para comunicar la Buena Nueva está cada vez más presente en las redes sociales.