Obra Cultural

Es un dogma de fe que Dios ha creado a los ángeles. El que lo niega deja de ser católico. Es muy importante conocer lo que la Iglesia siempre ha enseñado y enseña sobre los ángeles. En cuanto más nos acercamos a Dios más verdades hallamos que nos superan y que para nosotros son misterios. Es de fe, definida por la Iglesia, que hay ángeles creados por Dios, nos dicen el Concilio IV de Letrán y el I del Vaticano.

Es cierto que estos ángeles son substancias incorpóreas y puramente espirituales (espíritus puros, sin cuerpo). Esto se prueba por la Sagrada Escritura: desde los primeros capítulos del Génesis hasta el último capítulo del Apocalipsis inclusive, se habla de los ángeles. Se habla de ellos en cada uno de los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento. También la Tradición, en el transcurso de los siglos, nos habla continuamente de los ángeles: concilios, Padres de la Iglesia, escritores eclesiásticos, liturgia, vidas de los santos, etc.

Propiedades y naturaleza de estos espíritus celestes

Son espíritus puros, dotados de una inteligencia mucho más elevada que la nuestra, y de una fuerza sobrehumana extraordinaria. Han sido creados libres y responsables, en estado de gracia, con el destino de poder gozar de Dios por la visión beatífica, que establece para siempre al ser una felicidad divina definitiva, sin temor a perderla. Su inteligencia no procede como la nuestra por razonamientos sucesivos, sino que lo ve todo de una vez por intuición, lo que hace decir a Santo Tomás que su tiempo de prueba debió ser corto. Algunos de ellos se rebelaron contra Dios, se apartaron definitivamente de Dios, Bien infinito. Apartarse de Dios, único Bien infinito, es el infierno. Dios los había creado  a todos buenos y estaban destinados a gozar de Él eternamente. Algunos de ellos se volvieron malos voluntariamente, por sí mismos: son los demonios.

¿Se hallan los ángeles en un lugar determinado?

Como los ángeles no son infinitos, no pueden estar en todas partes, como Dios. Se hallan, pues, en un lugar determinado, limitado. Pero no están allí como lo está un cuerpo (una parte aquí y la otra allá…). Están allí de una manera substancial (como el alma está en el cuerpo). Sin embargo, pueden moverse, comunicarse entre sí y obrar a distancia, porque son mucho más fuertes y poderosos que nosotros.

¿De qué manera los ángeles han podido convertirse en demonios?

Algunos se imaginan que Dios creó ángeles y demonios, o sea espíritus celestes buenos y espíritus celestes malos. Esto es una herejía y una blasfemia abominable. Dios sólo hizo ángeles buenos. Y amaba a cada uno infinitamente. Todos estaban destinados, después de una prueba, a gozar de la felicidad infinita que es Dios. Ellos mismos se han hecho demonios, por orgullo, rebelándose contra Dios. Es lo que afirma el IV Concilio de Letrán (Cap. 1): « EI diablo y los otros demonios fueron creados naturalmente buenos por Dios. Son ellos mismos que se han hecho malos».

¿A qué prueba fueron sometidos?

Evidentemente, fue un pecado de orgullo. Según Santo Tomás (I, q63 a. 3). Lucifer se perdió al desear alcanzar su último fin por sus propias fuerzas. Según Suárez, basándose en el texto de la carta de San Judas, Lucifer no quiso inclinarse ante el Verbo que se había de encarnar y tomar una naturaleza inferior a la naturaleza angélica. Ante esta revelación que Dios le hizo, Lucifer, uno de los más fuertes, «Hermoso como la luz» se atrevió a rebelarse y a responder a Dios: «¡Yo no obedeceré!»· Arrastró en pos de sí a un gran número de ángeles, a una tercera parte, según parece por Apocalipsis 12,4. Lo que debe ser millones de ángeles.

Los Ángeles de la Guarda

De este ejército innumerable de jerarquías y funciones diferentes, Dios ha querido darnos a cada uno de nosotros un guardián, un ángel poderosísimo, cuyo cargo consiste en ocuparse particularmente de nosotros. Es teológicamente cierto. La prueba está: 1.º La fiesta de los Angeles de la Guarda, establecida por la Iglesia. 2.º El consentimiento de toda la Iglesia y de los Santos Padres. 3.º El número de veces que la Escritura nos habla de ellos (Moisés, Judit, Tobías, los tres jóvenes del horno, los Profetas, el 2.º libro de los Macabeos, el Salmo 91: «Te enviará a sus ángeles para que te guarden en tus caminos». En Mt. 18; 10: «No despreciéis a uno de esos pequeños, porque en verdad os digo que sus ángeles ven de continuo, en el cielo, la faz de mi Padre que está en los cielos»).

«¡Cuán grande es la dignidad de nuestra alma, dice San Jerónimo, para que cada uno tenga, desde el día de su nacimiento, un ángel para guardarla!». La oración de la fiesta de los santos Ángeles de la Guarda: «Oh Dios, cuya inefable Providencia se ha dignado designar a santos Ángeles para nuestra guarda». La oración de la fiesta de los santos Arcángeles nos hace decir: «Oh Dios, que con admirable sabiduría distribuyes los ministerios de los ángeles y de los hombres; te pedimos que nuestra vida esté siempre protegida en la tierra por aquellos que te asisten continuamente en el cielo». Una especie de parentesco eterno debe existir entre cada uno de nosotros y nuestro Ángel de la Guarda.

Devoción que hemos de tener a nuestro Ángel de la Guarda

San Bernardo, en su sermón sobre el Salmo 91, insiste en la devoción que todos hemos de tener a nuestro Ángel de la Guarda. Recordemos a los niños que nunca están solos en su habitación, porque está siempre en presencia de su Ángel de la Guarda. Que esta presencia engendre en nosotros una gran reverencia hacia él. «Que la gran solicitud de tu Ángel por tu salvación, sea un fuerte estímulo para corresponder a sus esfuerzos… Y que este pensamiento sea también un poderoso estímulo para trabajar por la salvación de los demás».

¿Qué hemos de temer? Nuestros ángeles son fieles, prudentes y poderosos. Dice San Bernardo: «Sobre todo tengamos cuidado de no escandalizar y de no contrarrestar con nuestros malos ejemplos los esfuerzos que, para santificar a los que nos rodean, hacen sus Ángeles de la Guarda».

Cómo invocar a nuestro Ángel de la Guarda

Muy agradable a nuestro Ángel Custodio y provechosa para nuestras almas será la siguiente oración compuesta por San Juan Berchmans: «Ángel santo, amado de Dios, que después de haberme tomado, por disposición divina, bajo tu bienaventurada guarda, jamás cesas de defenderme, de iluminarme y de dirigirme: yo te venero como a protector, te amo como a custodio, me someto a tu dirección y me entrego todo a ti, para ser de ti gobernado. Te ruego, por lo tanto, y por amor de Jesucristo te suplico que cuando sea ingrato para ti y obstinadamente sordo a tus inspiraciones, no quieras, a pesar de esto, abandonarme; antes al contrario, ponme pronto en el recto camino, si me he desviado de él; enséñame, si soy ignorante; levántame, si he caído; sosténme, si estoy en peligro, y condúceme al cielo para poseer en él una felicidad eterna. Amén».

O la siguiente oración compuesta por Santa Luisa de Marillac: «Ángel mío amado, te suplico que vayas donde descansa mi Jesús. Di al divino Salvador que lo adoro, que lo amo con todo mi corazón. Invita al adorable Prisionero de Amor a que venga a mi corazón y establezca en él su morada. Este corazón es demasiado pequeño para alojar a tan gran Rey. Pero quiero agrandarlo por el Amor y por la Fe».

Al arcángel San Miguel, gran vencedor del demonio y celador de la gloria de Dios, podemos suplicar su poderosa ayuda con la siguiente oración: «¡Arcángel San Miguel! Defiéndenos en la lucha; ampáranos contra la perversidad y asechanzas del demonio. ¡Reprímale Dios!, pedimos suplicantes. Y tú, Príncipe de la celestial milicia, lanza al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los otros malignos espíritus que, para perdición de las almas, discurren por el mundo. Amen».

«EN LOS PELIGROS, EN LAS ANGUSTIAS, EN LAS DUDAS, PIENSA EN MARÍA, INVOCA A MARÍA», dice San Bernardo. Esta invocación a María se hace permanente cuando cada mañana y cada noche la saludamos con corazón sincero, con el rezo de las TRES AVEMARÍAS. No las olvidemos jamás.