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Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 257, enero de 2001

padre10Esta carta os la escribo pensando en vosotros desde Roma. Para asuntos de la Sociedad Misionera de Cristo Rey, viajé a Roma donde fui recibido por el señor cardenal don Darío Castrillón Hoyos, presidente de la Congregación pontificia para el clero. Estuve presente en los actos del Congreso “Camino a Roma” que organiza cada año la institución “Miles Iesu”. Congreso admirable, con muchos convertidos al catolicismo, El penúltimo día asistí a la audiencia del Papa, de los miércoles, y recorrí las basílicas romanas para el Jubileo 2000. Estuve solo y pude con devoción rogar en todas ellas, orando por la revista, por sus suscriptores y colaboradores.

El tiempo más dichoso entre todos fue la hora de adoración ante el pesebre donde nació nuestro Salvador que se conserva bajo el altar central de la basílica de Santa María la Mayor. Allí celebró su primera misa san Ignacio de Loyola, el día de Navidad do 1538. La presencia de san Ignacio me acompañó en aquella hora matutina y durante todo el día. Un grupo numeroso de indonesios, de Sumatra, quisieron que me fotografiara con ellos. Luego fueron cuatro jóvenes chinos de Pekín los que me pidieron lo mismo. Los indonesios me suplicaron oraciones, pues sufren persecución de los mahometanos que dominan de forma avasalladora.

Todo este conjunto de cosas y la contemplación del Sumo Pontífice ya anciano, aunque lleno de ansias misioneras, me han confirmado en la fe mariana de MERIDIANO CATÓLICO, y me iluminan para que a mi vez, os confirme a todos vosotros, mis hermanos. Querer ser más cristianos. Querer vivir más y más en cristiano. Querer obrar e imitar a Cristo, en las cuatro cosas que hizo Jesucristo:

– Proclamar la verdad. En doctrina, en moral, en ideal de perfección. No temer a que nadie la escuche o que nos tilden de anticuados.

– Conformarse a ser perseguidos. En este mundo tendremos persecución por la santidad. Por la persecución y el martirio psicológico o físico, se salvarán las almas que el Señor nos confíe.

– Vivir en la ciudad nueva, la que anhela el Reino de Cristo. La del reinado social de Jesucristo, la de la cristiandad que pedimos cada día en el Padrenuestro.

– Finalmente, anunciar la ruina y el fracaso de la ciudad terrena, la del mundo presente de apostasía, corrupción de ideas y costumbres. La ruptura con la cristiandad por el moderno culto al hombre, nos ha llevado a la Babilonia actual.

Y todo esto en la escuela de María, que es donde se aprende a ser de Jesucristo.

Pido a Dios que estas sencillas convicciones que se robustecen en la Roma eterna, donde beben vida divina todos los hombres de buena voluntad que reciben a Cristo, sean las de toda la familia de MERIDIANO CATÓLICO en este principio de año, de siglo y de milenio, para la gloria de Dios.