Monseñor José Guerra Campos
Separata del “Boletín oficial del Obispado de Cuenca”
Núm. 5, mayo 1986

II Martirio y Cruzada

guerra_camposLa posición de la Iglesia en la guerra de 1936-39 fue lo que fue, es decir, lo que entonces movía la intención y los sentimientos de los protagonistas. Interpretaciones y juicios de tiempos posteriores, incluso en gentes de Iglesia, son historia de los tiempos posteriores, no de 1936-39. Algunos de los que en los años 70-80 evocan con reticencias o distanciamiento los años 30-40 habían expresado en aquel momento lo que entonces sentían, y esta es la historia inmutable de aquel momento (1).

Para definir lo que entonces y durante decenios vivió la Iglesia española siguen siendo términos exactos los de Martirio y Cruzada (2). Las fuentes históricas de aquella posición son caudalosas 3 Se resume bien en fa carta informativa que, tras un · año de guerra, dirigieron a los Obispos del mundo todos los prelados residentes en España, «como exposición de los hechos que caracterizaban la guerra y le daban su fisonomía histórica» (4). Tenemos, además, los informes secretos que el Cardenal Primado envió a la Santa Sede a lo largo de la guerra, que por su alejamiento de cualquier publicidad constituyen fuente de valor definitivo respecto al sentir de la Iglesia (5). Entendida ésta como comunión de seglares, religiosos, sacerdotes y Jerarquía.

Según los Obispos, al advenir la República, el Episcopado acató los poderes constituidos y se esforzó en colaborar con ellos para el bien común. A pesar de los agravios, mantuvo el propósito de concordia y exhortó a los católicos a la sumisión legítima y a la paciencia pacífica. Digamos que algún sector de políticos católicos desconfió del régimen desde el principio, mas acaso la mayor parte de los políticos católicos buscaron la conciliación, aunque al final reconocieron su impotencia frente a la trayectoria de agresión y anarquía. La Iglesia jerárquica «no provocó la guerra ni conspiró para ella, e hizo cuanto pudo para evitarla» y lamentó su estallido. Pero miles de ciudadanos católicos, «obedeciendo a los dictados de su conciencia y de su patriotismo, y bajo su responsabilidad personal, se alzaron en armas para salvar los principios de religión y justicia cristianas» (6).

Notas

  1. Cf., por ejemplo, los escritos de entonces y de ahora del Padre José Mª Llanos, J. Ruiz Jiménez, Cardenal Enrique y Tarancón, Rafael Calvo Serer…

2 Que lo hayan sido lo determinan los que así lo vivieron, no lo que opinen otros acerca de la bondad o de la pureza de esas actitudes. Cf. adelante notas 7 y 10.

3 Los testimonios inmediatos son todas las publicaciones católicas de la época. La bibliografía es inmensa.

4 Carta colectiva del Episcopado Español a los Obispos de todo el mundo sobre la guerra ·en España, 1 de julio de 1937.

«Redactada según el voto unánime de los Obispos residentes en España, expresado en febrero último» (Acta de la Conferencia de Metropolitanos, del 10-13 de noviembre de 1937: cf. reseña de Mª Luisa Rodríguez Aisa, en «Hispania Sacra» 34).

Los firmantes -todos los Obispos y ordinarios diocesanos presentes en España- hablan «haciendo memoria de los hermanos difuntos y ausentes de la patria». Los difuntos eran entonces 12. Los ausentes, dos: Vidal y Barraquer, y Múgica. Escriben no para « demostración · de una tesis», sino como

«Simple exposición, a grandes líneas, de los hechos que caracterizan nuestra guerra y le dan su fisonomía histórica».

  1. Informes publicados en R. Aisa, Gomá. Ver referencia a esta obra en «Bol. Cuenca», agosto de 1981, págs. 118-120.

Casañas-Sobrino, Gomá, volumen II, presentan, a veces . en extracto, los documentos del Cardenal sobre la República y la guerra, que son los siguientes:

Sobre la situación en la República: Pastoral Horas graves, 15 de julio de 1933 (págs. 263-295). Guerra a la Iglesia; causas externas e internas de la situación.

Sobre la guerra, 11 documentos. Señalamos:

Instrucción El Caso de España, enero de 1937 (págs. 299 y sigs.). No es mera guerra civil; es cruzada pro religión católica. Contra el marxismo, no contra los obreros (páginas 301-302). Persecución (pág. 303).

Carta a J. Antonio Aguirre {págs. 309-316).

Pastoral La Cuaresma de España (págs. 316-331).

Pastoral Lecciones de la guerra y deberes de la paz, 1 de septiembre de 1939 (págs. 360-400). Sentido religioso de la guerra. Causas: debilitación religiosa; cultura desviada; quiebra del Estado; desunión de los católicos; economía; desestima de la patria… El núcleo de la guerra es religioso. Valentía. Martirio (pág. 370). Actitud de la Iglesia. Deberes de la paz… Perdón de los enemigos (pág. 378).

En el año 1939, Carta pastoral Catolicismo y Patria (páginas 233 y sigs.). Motivos de esperanza de una reacción religiosa; dificultades (págs. 258-259).

En una nota del «Boletín Oficial Eclesiástico de Toledo», 30 de mayo de 1939, reafirma contra algún comentario el espíritu de la Cruzada.

Testamento espiritual, 8 de abril de 1940 (págs. 407-409). No incluye ninguna rectificación.

Reediciones. Isidro Gomá y Tomás: Por Dios y por EspañaPastorales – Instrucciones pastorales y artículosDiscursosMensajes. Ed. Casulleras, Barcelona, 1940. Idem.: Pastorales de la guerra de España, Ed. Rialp, Madrid, 1955.

  1. Textos de la Carta Colectiva 1937. De los «principios de religión y justicia cristianas», se dice, «que secularmente habían informado la vida de la nación».

Los Obispos acataron el Régimen Republicano, por separado y de modo colectivo. Cf. la declaración colectiva de los ‘Metropolitanos, en representación de sus Provincias Eclesiásticas, el 9 de mayo de 1931 (Doc. col., págs. 130-133): respetar y obedecer a las autoridades constituidas; cooperar al bien común, mantener el orden social; ante las elecciones para las Cortes Constituyentes, unión de los católicos, por encima de los partidos, en lo tocante a la defensa de los derechos de la Iglesia y del orden social; denuncia de las gravísimas agresiones ya cometidas. Declaración colectiva de los Obispos sobre la nueva Constitución, diciembre de 1931 (Doc. col., páginas 160-181): a un mismo tiempo, protestan contra su carácter persecutorio, y mantienen la obediencia y el concurso leal. Lo mismo en las denuncias de persecución citadas en la nota 2 del capítulo l.

Acerca del alzamiento en armas de los ciudadanos, los teólogos recordaron la doctrina tradicional: «hay ocasiones en que la sociedad puede lícitamente alzarse contra un Gobierno que lleva a la anarquía». Bibliografía con justificación teológica del alzamiento, en Montero, Persecución, pág. 54, nota.

Enrique Pla y Deniel, Obispo de Salamanca, publica el 30 de septiembre de 1936 una documentada Carta Pastoral, Las dos ciudades («Bol. Salamanca», octubre de 1936; Montero, Persecución, págs. 688-708). En ella expone detenidamente la doctrina de los grandes teólogos clásicos sobre la legitimidad de alzamientos por la necesidad de defender el bien común contra la tiranía habitual y excesiva. El Obispo da su propio dictamen teológico-jurídico.

Ponderadas orientaciones del Papa Pío, XI sobre el derecho de los ciudadanos a la defensa contra el abuso ·del poder: Encíclica Firmissimam constantiam dirigida al Episcopado Mejicano (AAS 29, 1937, 208-209). Cf. Populorum progressio, n. 31 (AAS 59, 1967, 272) y la Instrucción sobre libertad cristiana y liberación (Congr. Doctrina Fe, 22-3-1986), nota 119.

Es muy importante para la historia recordar un hecho notorio: Franco, el que había de ser Generalísimo de los Ejércitos en lucha con las fuerzas revolucionarias, había sido, menos de dos años antes (octubre de 1934), el máximo colaborador del Gobierno de la República en defensa del orden legal contra la rebelión de las mismas fuerzas.