Papa Francisco
Sí-sí, no-no: palabras decisivas, como nos enseñó el Señor, pues todo lo demás proviene del maligno. Es precisamente esa actitud de seguridad y de testimonio lo que el Señor ha confiado a la Iglesia y a todos los bautizados. Seguridad en la plenitud de las promesas en Cristo: en Cristo se cumplió todo. Dar testimonio a los demás; don recibido de Dios en Cristo, que nos dio la unción del Espíritu para el testimonio. Y eso es ser cristiano: iluminar, ayudar a que el mensaje y las personas no se corrompan, como hace la sal; pero si se esconde la luz, la sal se vuelve sosa, sin fuerza, se apaga, y el testimonio será débil. Y eso pasa cuando no acepto la unción, ni acepto el sello, ni acepto esa prenda del Espíritu que está en mí. Y también cuando no acepto el sí en Jesucristo.
Cardenal Carlo Caffarra
Piensa cómo hacer el bien al prójimo y deja tu egoísmo.
«Que la ocupación de las cosas exteriores no disminuya el cuidado de las interiores, y el cuidado de las interiores no impida el proveer a las exteriores».
No pongamos límites en la confianza en Jesús.
El decaimiento de la devoción, en el momento en que sería más necesaria, es otra muestra -pero inversa- de la alianza entre la misma y la tradición católica antiliberal. Lo ha escrito un agudo amigo: “La descristianización que ha sufrido España después del Vaticano II, la apostasía de la Constitución de 1978, y la instauración de la democracia, coinciden palpablemente con un abandono igualmente visible de la devoción al Sagrado Corazón. La Compañía de Jesús, que había recibido el encargo, «munus suavissimum», de fomentar la devoción al Sagrado Corazón, se ha desnaturalizado, ha visto clareadas sus filas, y apenas cultiva ya alguna rutina residual de dicha devoción. ¿Mera coincidencia?”. (Miguel Ayuso – Verbo)