Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 259, marzo de 2001

Signos que motivan el optimismo

97.Colegio.jpgLa carta apostólica que firmó el Papa en la clausura del gran Jubileo del 2000, Novo millennio ineunte, dedicado al milenio que comenzamos, es una llamada a la esperanza de la Iglesia. Quiere el Papa que miremos hacia el futuro y alimentemos en nuestro corazón el optimismo sobrenatural de un mundo que ha de ser de Cristo, La Iglesia se ha puesto en las manos de Dios a lo largo de todo el Jubileo. Es hora de avanzar y obtener el mayor fruto de las gracias que han llovido sobre fa Iglesia. De una manera sintética se recorre en el documento el paso de toda clase de hombres por Roma para cruzar la Puerta Santa. El corazón de la Iglesia se ensancha por la renovación espiritual de tantos hijos suyos. El mismo Juan Pablo II recuerda su peregrinación a [a tierra de Jesús como un augurio de aquel día dichoso en el que convergerán a Jerusalén todos los pueblos, lenguas y naciones en la verdadera paz que traerá la conversión del mundo.

Quiero para la familia de MERIDIANO CATÓLICO resumir unas signos que me parecen los más significativos que fundamentan el optimismo sobrenatural de que en este milenio, tal vez en este siglo, y aun quizás en los próximos años seamos testigos del triunfo de Cristo en las almas.

El primero ha sido la consagración del milenio al Corazón Inmaculado de María en la misma plaza de San Pedro, ante la sagrada imagen de nuestra Señora de Fátima llevada a Roma expresamente para el solemne acto. Allí pronunció el. Papa la consagración unido a mil seiscientos obispos, prácticamente la gran mayoría del episcopado universal. El reinado O& Corazón de Jesús vendrá por el del Corazón Inmaculado de María. La puerta está abierta.

El segundo es la promulgación del llamado tercer secreto de Fátima que durante tantos años esperó la Iglesia que se hiciera público. El tercer secreto nos descubre el rostro sufriente de la Iglesia, perseguida, hostigada en todo el mundo por el marxismo, el liberalismo laicista, los odios anticatólicos. Son millones de mártires en el siglo recién terminado.

Persecuciones crudelísimas que alcanzan al mismo Sumo Pontífice abrumado además parlas traiciones a [a fe y a las enseñanzas de la Iglesia. Sí, la Iglesia sube al Calvario donde el Papa se abraza a la cruz. En ese abrazo a la cruz está precisamente la restauración de la Iglesia que aparecerá a las nuevas generaciones de fieles con el joven rostro de una iglesia que ha reunido en su regazo a todos los pueblos de la tierra.

El tercero ha sido la subida a los altares de los dos pastorcillos de Fátima que vieron a la Santísima Virgen y nos transmitieron sus mensajes. Y, juntamente con ellos, las multitudinarias beatificaciones y canonizaciones de tantísimos mártires, gloria de la Iglesia del siglo XX. Esas beatificaciones van a tener un broche esplendoroso con las de los doscientos treinta y tres mártires españoles este mismo mes de marzo. La sangre de mártires es semilla de cristianos. El martirio incruento de los beatos hermanos Jacinta y Francisco unido al cruento de los innumerables mártires españoles y de todo el mundo, traerán a la Iglesia el nuevo Pentecostés del que nos hablaba el beato Juan XXIII.

Finalmente el anuncio de la unión de los hermanos ortodoxos, con la conversión de Rusia. El signo esperanzador nos vino de mano del Papa santo Juan Pablo. I, El 5 de septiembre de 1978, Juan Pablo I, muy cercana ya su muerte, recibió en audiencia particular al patriarca ortodoxo del entonces Leningrado, hoy gracias a Dios San Petersburgo, Mns. Nikodim. Pese a haber sido gente dala KGB soviética, le habló al Papa de su amor a la Iglesia, de la urgencia de la unión. Instantes después, sufrió un ataque al corazón y cayó en brazos del mismo Papa que piadosamente le dio la absolución sacramental. En sus mismos brazos murió el patriarca ortodoxo que ya amaba a la Iglesia. ¿No es este conmovedor acontecimiento un signo inequívoco de que la Virgen Santísima está preparando la conversión de la santa Rusia y la unión de las iglesias ortodoxas separadas?

La Virgen nos enseña una vez más desde el tercer secreto de Fátima que hagamos penitencia, que vivamos penitentemente. Esa ha de ser nuestra purificación que, unida a la purificación de toda la Iglesia y la de este mundo corrompido y corruptor que [legará en el momento que menos pensemos y cuando el mundo en su soberbia considere conquistas definitivas todas sus iniquidades, nos traerá el reinado del Corazón Inmaculado de María y, con él, el del Corazón Sagrado de Jesús.