Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Virgen Maria niña - CastidadHay quienes afirman que vivir en castidad es imposible. Millones de personas solteras y casadas, lo desmienten categóricamente. Dios no pide nada imposible. El Doctor Marañón decía que “la castidad, no solo no es perjudicial para la salud, sino ahorro de vitalidad futura”.

La castidad es la virtud que inclina a las personas a respetar el orden establecido por Dios en el uso del placer sexual. En el plano natural, la castidad es la afirmación del hombre y la mujer que saben que su alma debe dominar las pasiones desordenadas, porque saben que su naturaleza es muy superior a la de los animales y que sus instintos deben someterse al recto orden de la ley natural, impresa por Dios en las personas humanas.

Se dice, con razón, que la castidad es una virtud angélica que hace semejantes a los hombres y mujeres a los ángeles. En el orden sobrenatural, la castidad es la afirmación del hombre y la mujer que saben que han sido llamados a participar del mismo amor de Dios, porque un corazón no se satisface nada más que con la posesión del bien infinito.

La castidad es una virtud eminentemente positiva, no es un cúmulo de arbitrarias negaciones (“no veas, no pienses, no hagas”). La castidad es una verdadera afirmación del amor. El sentido cristiano de la sexualidad trasciende las órdenes biológicos y psicológicos de la persona. Pues afecta al núcleo íntimo de la persona humana que se entrega, en donación amorosa, cumpliendo así con la ley de Dios.

Las formas de castidad son cuatro: castidad virginal, castidad juvenil, castidad conyugal y castidad viudal. La castidad conyugal regula, según el dictamen de la razón y la fe, el placer sexual lícito en el matrimonio.

El uso legítimo del matrimonio está mandado por Dios, tanto en el Antiguo Testamento: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó. Dios los bendijo; y les dijo Dios: “Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra”. (Génesis 1, 27-28)”, como en el Nuevo Testamento: “Que el marido dé a la mujer el débito y de igual modo la mujer al marido. La mujer no dispone de su cuerpo, sino el marido; de igual modo, tampoco el marido dispone de su propio cuerpo, sino la mujer. No os privéis uno del otro, si no es de común acuerdo y por cierto tiempo, para dedicaros a la oración; después volved a estar juntos, no sea que Satanás os tiente por vuestra incontinencia. Esto os lo digo como una concesión, no como una orden. (1ª Corintios 7, 3-6)”.

El hombre está compuesto de alma y cuerpo. Tiene vida espiritual y vida animal. El alma debe dirigir, controlar nuestros instintos animales. San Agustín decía: “Nadie guarda la castidad del cuerpo si no es por la castidad que primero está en su alma”. Santo Tomás de Aquino, el doctor Angélico, enseña que: “la castidad es la virtud por la que se somete el instinto sexual a la razón”.