Quiero ser santa
Como Mari Carmen quería tanto a Dios, su mayor deseo era tenerle siempre contento. Para ello había que hacer en todo lo que a Dios le gustaba. Decirle siempre “Sí”. En eso consiste el ser santo.
Y Mari Carmen se esforzaba, aunque muchas veces tenía que dejar su gusto, se tenía que vencer.
Decía su madre que “obedecía siempre a la primera”, aunque se quedaran sin acabar sus juegos o cualquier otra cosa.
Como tenía un genio fuerte, a veces se enfadaba con su prima, pero en seguida iba a hacer las paces y sabía ceder y perdonar.
Un día, cuando Mari Carmen tenía unos cinco años, la abuela, preguntó a Julio, hermano de Mari Carmen, un año mayor que ella:
-Oye, Julito, ¿te gustaría a ti ser santo?
-A mí, sí- respondió tranquilamente el niño. Entonces intervino Mari Carmen:
-Pero, Julio, ¿tú sabes lo que es ser santo? Para ser santo hay que “chincharse”. Sí, sí -repitió muy convencida, “hay que chincharse”.
Y es que Mari Carmen sabía lo que decía. Ella lo estaba intentando y veía lo que costaba… Pero era sólo el primer momento. Luego sentía una gran alegría y era muy feliz obrando así.