Todos son mis hermanos

Mari Carmen - 5.pngMari Carmen sabía que todos los hombres somos hermanos, porque todos somos hijos de Dios, nuestro Padre. Por eso quería mucho a todo el mundo. Era muy cariñosa y servicial en casa. Ayudaba a su madre y cuidaba de sus hermanos pequeños. Y quería ayudar también a los niños pobres que pasan hambre, frío…

Cuando llamaba algún pobre a la puerta de su casa, corría para abrir ella la primera, le daba de lo que tenía en su hucha y luego decía: “Ahora llama otra vez para que te dé mi madre”.

En cuanto tenía una cosa bonita: “Mamá, para las niñas del ama”.

Un año dijo a su madre: “Mira, mamá, este año quiero que todos mis regalos de Reyes sean para los pobres”. Y consiguió que mandaran a su colegio una caja grande de cosas para ellos. Luego repetía muy alegre: “¡Qué contentos se van a poner!”.

Otra vez escribía a su abuela: “Abuela, por favor, mándame lana para hacer chaquetas a los pobres”.

Mari Carmen entendía lo que había dicho Jesús: “Es mayor felicidad dar que recibir”.

Y no sólo daba sus cosas, daba también su cariño.

Se dio cuenta de que la señorita de compañía estaba triste. Era porque no recibía cartas de una amiga a la que ella quería mucho. Y Mari Carmen empezó a escribirle cartas que le mandaba por correo, como si fueran las de su amiga.