El feto en las entrañas de su madreEl más grave pecado que pueden cometer los cónyuges, entre sí, es el onanismo; consiste en realizar el acto conyugal derramando fuera el semen, o usando los llamados preservativos, píldoras anticonceptivas y abortivas, dispositivos intrauterinos, etc.

Ninguno de esos métodos antinaturales es totalmente seguro para impedir la concepción del niño y su uso es ilícito.

Los métodos antinaturales producen: hipertensión arterial, aumento de colesterol, mayor riesgo de hemorragias cerebrales, tromboflebitis, piedras de vesícula biliar, infartos; aparte de la evidencia, que hay anticonceptivos cancerígenos.

La gran mayoría de las llamadas píldoras anticonceptivas son en realidad abortivas, porque actúan después de la concepción, impidiendo la implantación del óvulo fecundado produciendo un aborto.

El uso del acto conyugal en el matrimonio en los días agenésicos, en los que la mujer es naturalmente infecunda, practicado en la forma debida y con justa causa, puede representar una solución para limitar el número de los hijos sin faltar a la Ley de Dios.

Los métodos naturales más conocidos son el Ogino, mucus cervical y temperatura basal. Sin lugar a dudas son tan efectivos como los antinaturales, si se utilizan adecuadamente, y, además, no tienen efectos secundarios como los antinaturales.

Es lícito y honesto el uso de los medios naturales en el matrimonio siempre que se tenga una causa importante que lo justifique, porque en la regulación natural de la fertilidad no hay intervención técnica antinatural que manipule los procesos naturales de la procreación.

Los métodos artificiales si manipulan y tergiversan la generación humana, y por esa razón son ilícitos.

El aborto es asesinar un niño o una niña en las entrañas de su madre.

El Profesor Alfred Kastler, Premio Nobel de Medicina, escribe:

“Desde el punto de vista biológico, cualquier práctica abortiva, por temprana que sea, debe ser considerada como un homicidio”.

Y el Profesor Albert Schweizer, premio Nobel de la Paz, dice:

“Si el hombre pierde el respeto a la vida en cualquiera de sus fases, perderá el respeto a todo concepto de vida”.

Y el Dr. Ernst, médico y jurista alemán:

“La liquidación en masa de niños no nacidos como la tenemos ahora en la mayoría de los países europeos después de la despenalización, no se diferencia en absoluto de la liquidación en masa de enfermos mentales o personas contrarias al régimen que se producía en el pasado”.

Y el Profesor Botella Llusiá, afirma:

“Una vez que se mata a un ser humano, por primario y rudimentario que este sea, se abre ya un camino que, sin solución de continuidad, nos puede llevar a exterminios por razones médicas o sociales… Es decir que estamos en Occidente, y sin darnos cuenta, a un paso de la ideología nazi”.

Y el Profesor Julián Marías, de la Real Academia Española:

“Cuando se dice que el feto es “parte” del cuerpo de la madre, se dice una insigne falsedad. Cuando se provoca el aborto o se ahorca, no se interrumpe el embarazo o la respiración: en ambos casos se mata a alguien. La aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en este siglo que se va acercando a su final”.

Y el Profesor Michel Tharanne catedrático de Embriología de la Facultad de Medicina de Tours:

“Todo criterio que se elija para hacer, de una etapa definida de manera arbitraria, una frontera entre un ser humano y una especie de animal, no deja de ser un punto de vista sin fundamento científico. El desarrollo del ser humano es una evolución continua y sin fallo desde la concepción hasta mucho después del nacimiento”.

Ahora bien: si el embrión o el feto son ya un ser humano su supresión no es otra cosa que un crimen. O si lo preferimos con palabras de la Real Academia Nacional de Medicina:

“Prescindiendo de toda razón moral y teológica, y sólo desde el punto de vista de la biología, el huevo fecundado es una vida independiente y dotada de individualidad propia. Desde el punto de vista biológico, pues, cualquier práctica abortiva, por temprana que sea, debe ser considerada como un homicidio” (Anales de la Real Academia Nacional de Medicina, tomo XC, cuaderno segundo. Madrid, 1973).

Juan Pablo II, ante dos millones de españoles reunidos en la plaza de Lima de Madrid, el 2 de Noviembre de 1982:

“Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el fundamento mismo de toda sociedad. ¿Que sentido tendría hablar de la dignidad del hombre, de sus derechos fundamentales, si no se protege a un inocente o se llega incluso a facilitar los medios o servicios, privados o públicos, para destruir vidas humanas indefensas?”.

“La vida se ha de salvaguardar con extremo cuidado desde el momento de la concepción; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables” (VATICANO II: Gaudium et spes, nº 51).