Isabel Lamarca Abelló
Meridiano Católico Nº 269, febrero de 2002

PADRE ALBAPocos días antes de morir, el P. Alba pasó en varios momentos unas “noches oscuras” del espíritu, de lo más terrible, que hacían pensar en la Oración del Huerto de Getsemaní del Señor.

Como estábamos siempre alguien con él, turnándonos día y noche, desde que le hicieren la biopsia del tumor, pues perdía el equilibrio y no veía bien, pudimos ser testigos de aquellos ratos impresionantes. Como musitaba palabras, pudimos tomar nota de algunas que se podían entender.

Cuando le empezaba la angustia se tapaba la cara con la sábana.

Una vez que estaba yo a su lado me preguntó: “¿Estás ahí?” Le contesté que sí. Se tape la cara y empezó su monólogo de exclamaciones y preguntas con sollozos intercalados. Yo le quise consolar y le decía que estábamos con él, etc…, pero él seguía como si no oyera nada. Le duró unos 15-20 minutos. Después escribí lo que recordaba:

– “¿Qué es esto, Señor mío?” ¡Que angustia, que soledad! Nunca me ha pasado esto. ¿Por qué me pasa a mí?…

-Rompe ya ese velo (recite poesías de San Juan de la Cruz)…

-¿Cuándo te veré?… ¡Muéstrame Señor Tu Rostro!… “Estoy buscando Tu Rostro y no lo encuentro”

En otro momento quiso ir a la capilla y estuvo delante del Santísimo un rato apoyado en el altar. Él iba en silla de ruedas pues no se podía tener en pie, “tanta era su debilidad”, decía. Al volver dijo: “Busco Tu Rostro y no lo encuentro… No lo he visto…” (con voz de lamento).

En otro momento, mientras le ayudaba a ponerse en pie, me dijo en tono natural: “Ya os he dicho…que he visto su Rostro varias veces”.

El día 3/01/02, estábamos Ana María y yo. Ana María tomó papel y lápiz y apuntó: “¡Qué solo me siento, qué oscuridad tan grande (llora), Jesús méteme en el Corazón de tu Padre (varias veces), méteme en el Corazón de tu Madre”.

“Es por tu Amor, por la conversión de los pecadores” (esta frase la repitió muchas veces durante sus sufrimientos).

“Por tu Pasión, por tu Corazón abierto” (llora)… “Llévame contigo, para que vivir ya”.

“Ahora está mi alma sosegada. Ya veo tu Rostro” (con voz normal). Se duerme.

Otro día posterior, estábamos en la habitación del P. Alba. Se había acostado después de comer y dijo: “Salid todos.. Ya me arreglo solo”, y se tapó la cara con la sábana.

Eran las 3 de la tarde y duró unos 20 minutos. Solo pude tornar nota de: “¡Oh que noche! ¡Que oscuridad!… Noche luminosa… qué luz…, que locura… ¿Estás ahí?…Noche… ¡Oh, Jesús! La luz…, de noche… Estoy muy triste…” (entra el P. Turú y le da la bendición) (Todo lo dijo entre sollozos de vez en cuando)

“Oh, Señor. Por la juventud…, por las carmelitas…”

“Satis est”

“Si, ya sé cómo subir me coges en brazos para subir hacia Ti”

“¡Oh, que soledad! ¡Oh, que soledad!… ¡Oh!… (cambia de tono ) “¡Oh, Señor! dejemos esto, Tú lo quieres”.

Se destapa la cara y pide que le ayudemos a levantarse, como siempre, y nos dice al acudir: “¿Qué debo hacer ahora? (se había hecho un horario) Le levantarnos. Su aspecto era totalmente normal y continuó con lo que estaba previsto.