Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Presentación del Niño Jesús a SimeónEl Niño Jesús nació en Belén y, cuando se cumplieron los ocho días, lo circuncidaron; le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción. A los cuarenta días de su nacimiento, María y José presentaron al Niño en el Templo de acuerdo con lo escrito en la Ley del Señor: “todo varón primogénito será consagrado al Señor”.

Vivía en Jerusalén un nombre justo, a quien el Espíritu Santo le había revelado que no moriría sin haber visto al Mesías del Señor. Cuando José y María entraban en el Templo con Jesús, Simeón tomo al Niño en sus brazos y bendijo a Dios diciendo: “Ahora Señor, según tu promesa puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quién has presentado ante todos los pueblos. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel” (Lc 2, 29-32). “será como un signo de contradicción (Lc 2, 35).

El Verbo de Dios se hizo hombre en las purísimas entrañas de la Niña Hermosa de Nazaret. Para salvar a todos los hombres, para santificarnos, para darnos su vida divina. Pero, no lo hará, si nosotros no aceptamos libremente su amor y su gracia, si no correspondemos con nuestra vida, con nuestra voluntad: “Como Él no ha de forzar nuestra voluntad, toma lo que le damos, más no se da a sí del todo hasta que no nos damos del todo” (Santa Teresa de Jesús). Jesús no quiere corazones partidos, quiere corazones enteros, que se le amén con todo el corazón, con toda el alma con todas las fuerzas.

No perdamos ni un minuto, pues, el tiempo perdido, perdido está. Este nuevo año que Dios nos concede es para crecer en el amor de Jesús. Que no me arrepienta de lo poco que le he amado el año pasado. ¡Dios mío, cuánto tiempo perdido! Virgen Santísima, alcánzanos la gracia de recuperar el tiempo perdido, que nuestros corazones ardan de amor divino, de noche y de día. Porque acabado el fluir del tiempo, ya no es posible ningún progreso “por consiguiente, mientras hay tiempo, hagamos el bien” (Gal 6, 10).

Sor Carmela del Espíritu Santo, carmelita descalza, decía que se trata de “dar a cada instante el máximo amor, de hacer eterno el instante que huye, dando el valor de la eternidad”. Sí, somos miserables y quizás pecadores, pero Dios es amor y es todopoderoso. Santa Teresa de Jesús, clamaba: “Bien sabéis vos, mi Dios, que entre todas mis miserias nunca deje de conocer vuestro gran poder y misericordia. Válgame, Señor, esto en que no os he ofendido. Recuperad, Dios mío, el tiempo perdido, con darme gracia en el presente y porvenir, para que parezca delante de vos con vestiduras de bodas, pues, si queréis podéis”.

Vivamos para Dios