Padre Manuel Martínez Cano mCR.

padre canoEstamos cultivando el campo que el Padre Alba S.J. sembró y labró. Está dando sus frutos: Vocaciones misioneras, contemplativas, sacerdotes diocesanos, religiosas, matrimonios como Dios manda, jóvenes que quieren ser santos y siguen a Jesús a trancas y barrancas; a contracorriente.

Y niños; niños de todas las edades que, juegan, estudian, confiesan y comulgan frecuentemente; varios son adoradores nocturnos e intentan obedecer a la primera…

Y los bebés, que te sonríen y miran con la inocencia y ternura de gloria eterna, que llenan el corazón de gozo. A veces, no me explico, como unos ojos tan pequeños irradian tanta luz y tanta alegría.

Quizá ya lo he contado. Celebré la Santa Misa en un colegio católico. Al salir de la capilla, adelanté a una joven madre, con su bebé en el carrito y sus dos hermanos cogidos al trono de su hermanito. Aquella madre, irradiaba alegría celestial. Le dije, mirando al bebé: esto es lo más grande del mundo. No padre -me contestó- esto es un milagro. Sí, somos milagros de Dios, obras salidas de su corazón, hijos de María Santísima. ¡La tierra está llena de hermosura divina!

Una antigua alumna me ha dicho que, lo primero que hizo cuando dio a luz su primer hijo, fue contarle los dedos de sus manitas ¡Padre una maravilla! ¡Qué perfección! ¡Qué preciosidad! ¡Qué finura! Dios es grande en sus criaturas.

Damos un gran salto. Una señora de ochenta y tres años, quiere explicarme un poco de su vida. Quedó viuda a los treinta y dos años, con tres hijos pequeños. Trabajaba en el campo de sol a sol y después las faenas de la casa. Padre -me dice- yo siempre he estado alegre. Soy muy religiosa, mi misa y rosario no lo he dejado nunca. Y hace muchos años que, desde que me levanto hasta que me acuesto, no paro de decirle a Jesús ¡Gracias Señor! Sí, todo es gracia. Dios nos cuida siempre.

Un cartujo me dijo: somos la vanguardia de la Iglesia. Siempre estamos en las trincheras de Cristo. Rezando y trabajando, para que el demonio no engañe a nuestros hermanos que viven en el mundo. A media noche vamos a la Iglesia para seguir en la brecha. El mundo es de Dios, pero tiene muchos enemigos.