Padre Manuel Martínez Cano mCR.

jesus-cristo-eucaristia-ultima-cenaSabemos perfectamente que la Iglesia Católica permanecerá hasta el fin del mundo. Lo ha dicho Cristo y así será. Desde que Cristo la fundó sobre los doce Apóstoles, ha sido atacada por sus enemigos de dentro y de fuera. Las herejías y los cismas son intentos satánicos para destruir la Iglesia.

En nuestros tiempos, ocurre lo mismo. Herejes y cismáticos, están preparando una gran división dentro de la Iglesia y quieren arrastrar con ellos a millones de católicos despistados. ¡Siempre fieles a Cristo! ¡Siempre fieles a la Iglesia Católica! ¡Siempre bajo el manto de la Virgen Santísima!

Hay católicos que, arrastrados por los diálogos con herejes, cismáticos, agnósticos y ateos… se han convertido en los peores enemigos de la Iglesia y luchan para corromper la doctrina de Cristo. No hay pecado, ni bien, ni mal. El diablo los ha engañado, como engañó a Eva. Están convencidos que van a conseguir la síntesis Bien-Mal. Estos renegados creen en el absurdo, en lo contradictorio; de la fusión Bien-Mal, van a crear un híbrido, un “nada”, su dios, el mismo diablo.

El pecado siempre será pecado; la virtud siempre será virtud. El adúltero vive en estado de pecado mortal. No puede comulgar. Si se arrepiente, confiesa y vive en gracia de Dios se salvará eternamente. Si quiere vivir en pecado mortal y, en ese estado, le llega la hora de la muerte, se condenará eternamente en el infierno.

La castidad es una virtud angelical, que da paz y gozo en esta vida y eterna felicidad en el Cielo. Es una virtud de hombres y mujeres fuertes: “la preciosa joya de la castidad no se da a todos, más a los que con muchos sudores de importunas oraciones y de santos trabajos la alcanzan de nuestro Señor” (San Juan de Ávila). Santa Jacinta de Fátima, dijo que los pecados que más almas llevan al infierno son los pecados de la carne, de la lujuria.

Los maniqueos creen en dos Principios, el Principio del Mal y el Principio del Bien. Con el lío de los diálogos teológicos-ecuménicos y las astucias del demonio, ha surgido un nuevo Principio: “La nada”, el no ser. El mal y el bien se han fusionado, han conseguido la unidad, el último dogma demoniaco: La nada. El jesuita italiano Antonio Spadaro, editor de la revista “La Civilta Cattolica”, ha dicho que: “Ya no es posible juzgar a las personas sobre la base de una norma que está por encima de todo”. Yo entiendo, que ya no hay Mal, ni Bien; ni norma, ni Ley divina. Dios, ni premia a los buenos, ni castiga a los malos.

Monseñor Nunzio Galantino, Secretario General del Episcopado italiano, en un Congreso promovido por la Pontificia Universidad Lateranense, ha afirmado que: “la reforma iniciada por Martín Lutero hace 500 años fue un acontecimiento del Espíritu Santo”. Esto es profanar el nombre de Dios. Atribuir al Espíritu Santo el mal inmenso que hizo Lutero, es diabólico.

Con “el humo de Satanás” penetraron en la Iglesia innumerables enemigos de Cristo.

¡A combatir los nobles combates de la fe!