Pablo

Reconquista espiritual, cultural y política

Jesucristo Rey de UniversoNecesitamos recuperar nuestro mundo de las manos de los revolucionarios. Necesitamos una Reconquista, primero en lo espiritual, luego en lo cultural y lo político. La normalidad terrenal de la civilización cristiana con todos sus beneficios es sólo un producto secundario de la evangelización; pertenece a esas “cosas que nos serán añadidas” si “buscamos primero el Reino de Dios y su justicia”. (María Virginia Olivera de Gristelli – CÁRITAS in VERITATE – INFOCATÓLICA)

Pudor y castidad  (63)

La espiritualidad cristiana siempre ha conocido esta fuerza universal que la castidad sobrenatural tiene para castificar (latín: castificare, hacer casto) todo el ser del hombre: pensamiento, memoria, voluntad, imaginación, cuerpo, subconsciente. Casiano, en este sentido, refiere una interesante enseñanza del abad Queremón. Según éste, yerran quienes estiman que la castidad es posible en la vigilia, mientras que no es posible guardar su integridad en el sueño. Mientras se permanece atraído por la voluptuosidad no se es casto, sino sólo continente. Por eso “la perfecta castidad se da en el monje que de día no se deja apresar por el placer malvado, y en el sueño no se ve turbado por ilusiones importunas”. Esta doctrina tiene una lógica psicológica perfecta (Colaciones (12, 8-16). (José María Iraburu)

Rechazar la gloria de la Cruz

¿Quiénes son los hombres y mujeres de verdadera santidad en la Iglesia hoy? ¿Nos dicen que la Escritura puede ponerse contra la Escritura? ¿Nos recuerdan que nadie grabó las palabras de Jesús sobre el adulterio con una grabadora? ¿Nos invitan a modificar la Tradición de un modo más conveniente a las costumbres de nuestro tiempo? ¿Cambian el principio de doble efecto en el principio de proporcionalismo, diciéndonos que podemos hacer el mal si pensamos que hacer el bien hará más daño que bien? ¿Por ello, hacen un guiño al contracepción, cierran el ojo al aborto y la eutanasia, o pintan cuadros homoeróticos en las paredes de sus iglesias? ¿De qué modo de vida son signos estas cosas? Oigo la voz, no solo de San Ireneo, también la de San Basileo, lamentando en su carta 90: “Nuestros apuros son notorios, aunque no los digamos, por ahora su sonido ha ido a todo el mundo. Se ha despreciado la doctrina de los padres, las tradiciones apostólicas se ponen a cero; la estrategia de los innovadores están en boga en las iglesias; ahora los hombres son más ideólogos de sistemas ingeniosos que teólogos; la sabiduría de este mundo gana el gran premio y ha rechazado la gloria de la cruz; los pastores están prohibidos, y en su lugar se introducen fuertes lobos que hostigan el rebaño de Cristo…” (Douglas Farrow)

Transposición de valores

La transposición de esos valores los contravalores correspondientes, se lleva a cabo mediante el engaño, ese arma diabólica con la que se transmite cualquier mentira, sin duda para sustituir los sistemas políticos, económicos y sociales de las democracias liberales, por un nuevo imperio basado en la manipulación publicitaria de las masas y su amasado, valga la redundancia, para convertirlas en esclavos de los nuevos señores del mundo. (Carlos González Flórez – EL PAN DE LOS POBRES)

Patología psicológica

Quien mencione la verdad, la moral o la religión en sus argumentos -e incluso, a veces, el mismo hecho de argumentar por ser actividad teorética- es tachado “apriorísticamente” como un signo claro de atraso, en cuanto no ayuden al progreso necesario, o de una patología psicológica escondida en una sublimación de la mente que debe ser tratada desde el psicoanálisis o la educación pública. (María de los Ángeles Viveros – Pedro del Río – CRISTIANDAD)

Generación adúltera y pecadora

En el evangelio de San Lucas, encontramos las malaventuranzas: “¡Ay de vosotros los ricos, porque Ya habéis recibido vuestro consuelo!, ¡ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!, ¡ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!, ¡ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas” (6, 24-26). Y sobre los apóstatas, Jesús es también muy claro: “Quien se avergüence de Mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles (Mc 8, 38; Lc 9, 26). (Pedro Trevijano Etcheverria)